BUENAS PRÁCTICAS Y PRINCIPIOS PARA LA EFICIENTE GESTIÓN DE LOS RIESGOS

Escrito por Cesar Sanchez Martinez. Publicado en Mayo 2019

BUENAS PRÁCTICAS Y PRINCIPIOS PARA LA EFICIENTE GESTIÓN DE LOS RIESGOS

POR: JORGE ENRIQUE OLCESE 
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Esencialmente, la eficiente gestión de los riesgos en las entidades financieras debe ser un componente crítico en las estrategias de desarrollo y de crecimiento para que estos sean sostenibles en el tiempo.

No olvidar que la Gestión eficiente debe ser preventiva, debe anticiparse a la ocurrencia de los eventos de riesgos, debe ser sustentada en alertas y señales precisas y prácticas, debe establecer niveles mínimos o límites de aceptación de riesgos, y debe permitir tomar decisiones que los reduzcan o los aprovechen.

Un componente esencial es el manejo de la tecnología de la información. Requiere transformar la data en elementos para la toma de decisiones. Exige segmentar la data de la más amplia manera que ayude a conocer con exactitud y en el tiempo el comportamiento y las necesidades o requerimientos temporales y específicos de los clientes actuales y potenciales. Por ejemplo, además de los indicadores tradicionales, la concentración por niveles de mora o de las probabilidades de incumplimiento es un análisis poco común.

No está demás señalar que el uso de herramientas analíticas para gestionar el riego de incumplimiento puede ser útil también para establecer tasas de préstamos diferenciadas, en función del perfil de riesgo del cliente, lo que contribuye a generar una eficiente competencia dentro del sistema entidades financieras.

El análisis temporal de los comportamientos de pago es esencial para esta eficiente gestión. El reporte o el dato más actual es solo indicativo de un momento, pero las características de cada cliente así como sus flujos de caja o presupuestos son dinámicos, varían en el tiempo, y pueden ser buenas alertas para prevenir situaciones que lleven al incumplimiento o que ayuden a una decisión de apoyo en momentos críticos que pueden contribuir a resultados rentables, así como a reducir la probable mora, o en otras palabras, a reforzar a un buen sujeto de crédito.

Vamos a los hechos. En muchas ocasiones el score crediticio a una determinada fecha es tomado como una decisión para otorgar una facilidad de crédito, pero al analizar su historia se verifica que este dato se mantiene bajo o se deteriora en el tiempo, lo cual es señal de alerta que el cliente se va a convertir en incumplido. Y es que, con base en la experiencia, se ha encontrado que “alrededor del 21% de los nuevos inquilinos tienen un score de crédito negativo al año de haber tomado el alquiler, y, por tanto, están en riesgo de atrasarse en el pago de sus arriendos”.

Por supuesto que, además de los riesgos crediticos, las herramientas para la gestión de los riesgos de liquidez son necesarias para la eficiente administración de los activos líquidos, de manera que las tesorerías logren incrementar la rentabilidad de los excedentes donde se invierten, diversificando los instrumentos, cumpliendo con las normas, y que los valores de los activos calcen con los flujos de las necesidades de los ahorristas. Una herramienta esencial es calcular la duración de activos y pasivos. Otro indicador es el ratio de cobertura de liquidez. Esta gestión también se exige definir y cumplir con indicadores y sus límites, que se anticipan y controlan el riesgo, manteniendo ratios de liquidez mínima, liquidez operativa y de contingencia. Por supuesto el seguimiento y comportamiento histórico con una amplia base de datos debe ser permanente.

Más en la línea del principio de prevención de los riesgos de crédito, la gestión de los riesgos operacionales sigue un tratamiento y se nutre de casi similares herramientas. La identificación de los eventos que han producido pérdida resultante de una falta de adecuación o de procesos internos defectuosos o imperfectos, de errores del personal o de fallas en los sistemas internos, o bien de acontecimientos externos, exigen una metodología para su análisis y cuantificación del impacto, no solo en los riesgos, para prevenirlos, sino en los resultados, a fin de calcular el real requerimiento de capital para mantener la solvencia de la entidad. La gestión del riesgo operacional exige establecer un mapa de eventos y de indicadores en detalle de los procesos más críticos, sus causas de error y sus impactos. Se tratará de elaborar un perfil de riesgos de la operación, un modelo de calificaciones y de ponderaciones de impactos.

Si todas estas políticas o procedimientos se enmarcan en un sistema de buen gobierno corporativo de mejora continua, que privilegie, sobre todo, el enfoque de sensibilización a los riesgos y la profesionalización de los directivos y gerencias, los resultados serán los mejores en términos de solidez, calidad de las colocaciones, liquidez y rentabilidad, con el menor riesgo.