LA EDIFICACIÓN DEMANDA TIEMPO, PROCESOS, ETAPAS Y ESFUERZO

Escrito por Cesar Sanchez Martinez. Publicado en Mayo 2019

LEYENDA: El autor es periodista especializado en Economía y consultor en temas de Liderazgo y Educación Emprendedora del Instituto FINANPOS. Tiene más de mil artículos publicados sobre diversos temas de su especialidad. 
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El liderazgo construye

Por César Sánchez Martínez / LIMA

El liderazgo construye y se construye. En el primer caso, es positivo. Nunca negativo. En el segundo caso, se va construyendo. Al principio no hay nada. Es un proceso que demanda tiempo, aprendizaje, entrenamiento y en algunos casos, hasta sacrificio.

¿Por qué el liderazgo construye? Simplemente, porque edifica. La palabra “edificación” denota en sí: etapas, procesos, avances, etc. La construcción es una característica del liderazgo, que es más integrador. Hemos visto en anteriores ediciones que el liderazgo proyecta confianza, es tener una visión, es influencia, implica servicio, promueve la ética, lidera con el ejemplo, genera vitalidad, toma la iniciativa, es básicamente integrador y es emprendedor. Ahora veremos que también construye.

Se construye algo que al principio no existe. Es decir, mediante un proceso inductivo se va aprendiendo en el camino. Como todo proceso demanda tiempo. Todas las personas pueden ser líderes si se lo proponen, al margen de los caracteres o habilidades que se tenga.

Para algunos el aprendizaje será más fácil porque posee algunas cualidades que desde niño lo aprendió en el hogar. Otros no y, por lo tanto, demorarán.

También dependerá de la formación educativa y no académica. La educación real se recibe en el hogar. La institución llamada “escuela” y que patrocina la “educación” sólo nos instruye y nos enseña materias, especialidades o habilidades. Por ejemplo. La escuela enseña cursos de matemáticas, comunicación, lenguaje o idiomas. También puede enseñar habilidades de cómo practicar mejor el fútbol o natación. Lo mismo ocurre con la música o el aprendizaje para tocar un instrumento musical, practicar teatro, aprender danzas folclóricas, cuidar mascotas, sembrar un árbol, saber un segundo idioma o valorar mejor los deberes cívicos o ciudadanos como el derecho, civismo, ciudadanía, etc.

La escuela no enseña a los niños a no mentir o a no ser corrupto, porque muchos de sus maestros practican esas cosas. Tampoco enseña a practicar una buena ética, respetar al prójimo, amar a los padres, decir siempre la verdad, hablar con honestidad, ser honrado, tener control personal, ser solidario, practicar el trabajo en equipo, tener visión de futuro, etc. Esto no es religión, sino buenas prácticas y costumbres.

Entonces, quienes están mejor equipados para asumir un liderazgo lo aprenderán más rápido. Los otros demorarán en sus procesos porque tienen que “desaprender” todo lo aprendido en la vida. Por eso podemos notar a “líderes” que son soberbios, egoístas, malintencionados, borrachos, ladrones, deshonestos, etc. Se necesita volver a aprender, mejor escrito, a reaprender.

La historia política del mundo, especialmente de América Latina está llena de, dizque, “líderes” que lo único que han hecho y seguirán haciendo es beneficiarse ellos mismos. Recuerden, el líder construye.

Si una persona desea el liderazgo, entonces buena cosa desea, pero debe hacerlo desde la perspectiva de lo correcto. Obviamente, los correcto siempre será lo bueno. Quien construye avanza, crece y se desarrolla.

Todo en la vida se puede aprender, pero si a ese aprendizaje, le sumamos algunos conocimientos y lo combinamos con una poco de experiencia, la fusión será algo muy bueno.

Cuando hablamos de liderazgo, debemos reflexionar en términos sociológicos, antropológicos, psicológicos y filosóficos. ¿Por qué elijo estas disciplinas? Porque están vinculados con el desarrollo de las personas en particular y la sociedad en general. Por supuesto que las personas no piensan en estas disciplinas, pero en la práctica sí lo hacen, aunque no sepan ni se den cuenta que lo realizan.

Generalmente las personas eligen entre lo bueno y lo malo. Creo firmemente que todos, sin excepción, hemos llegado a este nivel: Elegir entre lo bueno y lo malo, y casi el 100% elige lo bueno. Eso se da por descontado, aunque en la práctica hagamos todo lo contrario, pero de labios decimos que hemos elegido lo bueno.

Pues bien, ahí estamos todos. Con el transcurrir del tiempo, ya estamos en el terreno de lo bueno y se nos presenta una disyuntiva: Elegir entre lo bueno y lo mejor. Dependiendo de varios factores elegiremos el camino a seguir. Se supone que lo mejor, es y será algo superior a lo bueno. Quienes eligen lo mejor tiene la decisión de ser mejores en los diversos ámbitos de la vida. Precisamente porque están en ese nivel es que se deben diferenciar del resto. Algunos ya se van diferenciándose de otros y eso nada tiene que ver con la posición, dinero o estatus social.

Con el tiempo, lo mejor va encaminando a las personas hasta llegar a otra disyuntiva: Ahora elegir entre lo mejor y la excelente. Aquí el reto es mayor. Ya ser mejores supone una gran responsabilidad y disciplina. Elegir la excelente es dar un paso adelante y diferenciarse del resto. Esa “posición” es muy notoria y no permite una doble moral. La persona es igual siempre en su vida personal como pública.

LA META ES LA EXCELENCIA

Quienes alcanzan esa posición de excelencia que no se lo da nadie, sino que se alcanza mediante un proceso de “selección”, entrenamiento, disciplina y amor hacia los demás, están listas para asumir un liderazgo en la vida. Su vida será un ejemplo para seguir y tendrá verdaderos seguidores. Un lobo puede tener muchas ovejas que lo siguen, pero serán siempre ovejas. Muchos políticos o gurúes de la administración moderna tienen muchos borregos que lo siguen, pero son sólo borregos.

Un líder anima y ayuda a sus seguidores. Nunca se aprovecha de ellos, ni busca servicios personales y egoístas. Un líder no es soberbio ni vanaglorioso, es humilde y con sencillez sirve a sus seguidores. Inspira confianza y, por lo tanto, trasciende. Deja huellas para que otros lo sigan y jamás teme que sus seguidores ocupen su lugar. No tiene temor que haya “mucha sombra”, simplemente porque la brillantez de su luz disipa la oscuridad. Hasta en algunos casos, mengua para que otros crezcan.

Entonces, si el liderazgo construye, deben notarse las edificaciones en las vidas de sus seguidores. Las mejores marcas se hacen con sacrificios, esfuerzos y hasta con lágrimas. Una construcción se hace con un propósito y para albergar a alguien o a algo. Cada acción del líder debe marcar un hito en la vida de sus seguidores. Si realmente no hay propósitos en la vida, mejor está que se dediquen a otros menesteres.

También la dureza y vitalidad de la construcción dependerá del material que se utilice. Para trascender hay que cultivar en la vida de los seguidores, caso contrario, se ha perdido el tiempo por ambas partes. Si está dispuesto a convertirse en líder, sería bueno que evalúe su costo. Hay un buen precio por pagar, pero la rentabilidad social, será grande.