REFLEXIONES ACERCA DEL DIALOGO REGIONAL PÚBLICO-PRIVADO 2017

Escrito por Cesar Sanchez Martinez. Publicado en Noviembre

Hacia mediados de octubre pasado se realizó en Washington (Estados Unidos), el Dialogo Regional del Sector Público – Privado, llamado “Riesgos y retos en el camino hacia un nuevo ecosistema financiero”, el cual fue organizado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la Asociación de Supervisores Bancarios de las Américas (ASBA) y la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban). En dicho evento, se trataron diversos puntos, como las nuevas tecnologías financieras y su efecto sobre la industria y propuestas regulatorias, De-risking, principales desafíos regulatorios para la región, entre otros.

NUEVAS TECNOLOGÍAS FINANCIERAS: FINTECH Y DESARROLLO DIGITAL

El BID recientemente publicó un informe que constituye un esfuerzo dirigido a mapear y analizar de forma consolidada a las fintech en América Latina, y de esa manera dar a conocer más de cerca las distintas innovaciones que están siendo desarrolladas por estos emprendimientos en la región. Así, el documento señala que los desarrollos tecnológicos de la última década en el mundo, junto con los nuevos modelos de negocio que éstos han generado, están promoviendo cambios importantes en el statu quo de la industria de los servicios financieros, así como sucede en otras actividades económicas. Hoy, resulta imposible analizar el desarrollo económico del mundo sin tomar en cuenta el impacto de las nuevas tecnologías en el sector financiero y a los emprendedores o fintech que las implementan. Estos últimos son los nuevos actores en el mercado, que desafían largamente los modelos de negocio establecidos por las instituciones financieras tradicionales. Y aunque todavía se discute si la trasformación del sector tendrá lugar por la vía de la competencia o más bien de la colaboración entre unas y otras, los cambios que conlleva esta revolución tecnológica no tienen marcha atrás.

Este trabajo permitió identificar 703 empresas jóvenes fintech localizadas en 15 de los 18 países de América Latina en los que se implementó la encuesta. Brasil aporta el mayor número de emprendimientos a este censo con 230 (32.7%), seguido por México con 180 (25.6%). Colombia ocupa el tercer lugar con 84 (11.9%), seguida de Argentina con 72 (10.2%) y Chile con 65 (9.2%). En total, estos cinco países concentran casi un 90% de la actividad Fintech en América Latina, mientras que el 10% restante se encuentra repartido entre Perú, Ecuador, Uruguay, Costa Rica, Paraguay, Venezuela, Guatemala, República Dominicana, Honduras y Panamá.

En cuanto a los modelos de distribución utilizados, se muestra que el 45.6% de los emprendimientos fintech tiene un modelo de negocio B2B (negocio a negocio, por sus siglas en inglés), mientras que el 54.4% emplea uno tipo B2C (negocio a consumidor, por sus siglas en inglés). Entre las soluciones B2B, más de la mitad (52.5%) identifica a las pequeñas y medianas empresas como su cliente principal, mientras que el 24.4% ha desarrollado soluciones para entidades financieras y el 23.1% apunta hacia otro tipo de entidades corporativas. La oferta al consumidor mediante los modelos B2C está orientada a los bancarizados en un 53.4%, mientras que el 46.6% de
las Fintech B2C se enfoca en los consumidores de la base de la pirámide sub-bancarizados o no bancarizados.

En ese contexto, según una encuesta elaborada por IESE y Synpulse Management Consulting, el 65% de la banca ya se encuentra inmersa en un proceso de digitalización y el resto de entidades está planeando cómo llevarlo a cabo. Asimismo, los clientes hoy en día van por delante de los bancos, ellos están recibiendo una serie de servicios instantáneos a través de las empresas digitales que también van a demandar a sus proveedores bancarios. En ese sentido, la transformación digital es una oportunidad para cambiar la experiencia con el cliente.

Desde la óptica de la banca, se ve al fenómeno fintech como una opción de alianzas estratégicas (55%) y como competidor una menor proporción (15%). En este punto se debe tener en cuenta que la banca de América Latina está destinando muchos de sus esfuerzos a cumplir normas, regulación, y dejan de lado el negocio en sí, y de eso se aprovechan las Fintech. Considerar que una normativa adecuada es importante, pues una mala o nula regulación puede significar un riesgo sistémico.

FINTECH Y REGULACIÓN: PROPUESTAS EN FAVOR DE LA ESTABILIDAD

El BID viene estudiando el ecosistema de las fintech desde hace cuatro años y desarrolla propuestas regulatorias para esa industria. Se debe entender que los reguladores no están fuera del sistema, sino son parte del mismo.

En ese sentido, el BID ha intervenido en México, Argentina, Chile, Perú y Paraguay a través de recomendaciones, y en ese contexto se han elaborado el Anteproyecto de Ley en México -iniciativa que tiene como objetivo regular actividades con base a principios- y el proyecto de Ley de Crowfunding que se viene trabajando en Perú.

El BID considera que se debe tener una definición clara de las actividades que realiza una fintech y regular de acuerdo a ello. En ese sentido, el ente multilateral se encuentra a favor a que se deben impulsar los sandboxes regulatorios, que son esquemas de regulación diferentes a los tradicionales, pero para ello se necesita invertir en tecnología en los supervisores. Estos son marcos, de duración limitada, que sirven para experimentar, similar a un ensayo clínico, en dónde el supervisor tiene como objetivo entender el modelo de negocio de la fintech. Así, a través de estos esquemas se hacen planteamientos de medidas alternativas, enfoques más flexibles que el tradicional, con gente especializada y recursos tecnológicos. En general es un ambiente de experimentación y que deben reservarse a entidades que justifiquen un costo – beneficio.

De otro lado, se deben aprovechar los nuevos desarrollos tecnológicos para mejorar la provisión de servicios financieros (especialmente digitales) a través de un mejor marco regulatorio, que busque que el sector privado adopte y adapte con éxito las innovaciones en finanzas digitales y alentar su uso por parte de las poblaciones de bajos ingresos. En ese sentido, se señaló que la regulación debe estar en tres áreas, políticas de competencia, nivelar el campo de juego y conozca a su cliente.

a) Políticas de competencias. Importa en gran medida para la estabilidad financiera y la inclusión, especialmente en los países en desarrollo, porque:

- Los mercados abiertos a la competencia tienen más probabilidades de ser más transparentes y eficientes mediante el uso de tecnología digital.

- Ayuda a garantizar que la industria financiera aumente los esfuerzos para identificar las necesidades de los menos atendidos (simplificado con la tecnología digital).

Las metas que se persiguen es permitir y alentar la entrada de nuevos proveedores calificados de servicios financieros, sin disuadir o impedir una cooperación útil entre ellos. Lo nuevos modelos de negocios permiten la competencia y la cooperación. Adicionalmente, maximizar los beneficios de un entorno competitivo mientras se minimiza los riesgos del ingreso de nuevos tipos de proveedores.

b) Nivelando el campo de juego. Este punto es clave para lograr la estabilidad financiera digital y la inclusión porque:

- Los proveedores de servicios financieros digitales a menudo son bastante diferentes unos de otros y siguen diferentes modelos, especialmente los nuevos proveedores emergentes basados en tecnología.

- Es probable que haya múltiples reguladores para la provisión de servicios financieros digitales (incluidos los reguladores de telecomunicaciones).

La meta es evitar que las regulaciones o acciones regulatorias generen distorsiones (aunque sean involuntarias), favoreciendo a algunos proveedores frente a otros (creando incentivos para el arbitraje regulatorio). Con este fin, es importante asegurarse de que los servicios digitales funcionalmente equivalentes estén regulados por igual.

c) El desafío de las reglas de conocer al cliente. Estas pueden tener efectos positivos y negativos sobre la inclusión financiera y la estabilidad:

- Los proveedores que conocen bien a sus clientes son más capaces de evitar el uso ilícito de los recursos.

- Los requisitos excesivos de conocer al cliente pueden obstaculizar la inclusión financiera, ya que los proveedores pueden considerar que es demasiado oneroso atender a las personas de menores ingresos.

La meta es diseñar reglas de conocer al cliente que sean adecuadas para la tarea de mantener la integridad financiera, pero no creen barreras innecesarias a la inclusión financiera, sino más bien trabajen para mejorarla. Se reconoce que el enfoque basado en el riesgo es el camino a seguir, pero el desafío es la falta de claridad sobre cómo implementar el enfoque.

DE-RISKING

El De-risking, entendido como aquella política que busca eliminar el riesgo cortando las relaciones comerciales con los clientes de países o sectores considerados de alto riesgo, también fue tratado en el evento descrito. Así, Felaban indicó que existe consenso en que el De-risking es una realidad en nuestra región y afecta de manera significativa los negocios de corresponsalía, además de tener graves impactos y efectos claramente negativos e
indeseables. Además, impacta la inclusión financiera tan necesaria para el desarrollo de nuestros países, perjudica a los sistemas financieros en sus negocios legítimos, lesiona el financiamiento del comercio exterior, promueve la utilización de agentes o canales no regulados exponiendo a nuestras economías y a nuestros países a un mayor riesgo de lavado de activos y financiación del terrorismo y afecta significativamente algunos sectores de la población, generando informalidad.

Asimismo, existe consenso en que el De-risking no es producto de la aplicación de un enfoque basado en riesgo. Por el contrario, la tendencia percibida es la constante adopción de políticas corporativas, por ejemplo, en los bancos corresponsales norteamericanos que tienden a eliminar los riesgos resignando negocios en lugar de ponderarlos y administrarlos, por lo cual Latinoamérica se enfrenta a un panorama de eliminación del riesgo de lavado de activos y financiación del terrorismo y no de gestión y administración del mismo.

En este punto, la Superintendencia de Bancos de Guatemala indicó que los efectos que se dan en América Latina y el Caribe por el tema del De-risking son el incremento en costos de cumplimiento (mayor escrutinio de clientes, nuevos procesos, procedimientos y herramientas para la debida diligencia y sistemas de monitoreo de transacciones), impacto socieconómico (remesas, ONG, disminución del flujo de turismo y reducción de inversión), financiamiento al comercio (cartas de crédito, crédito documentario, garantías de contratos, entre otros), utilización de servicios alternos no regulados (Fintech y banca en la sombra) y entidades menos preparadas para gestionar el riesgo, y reducción en la inclusión financiera.

En ese sentido, buscando reducir los costos asociados al De-risking, el FMI recomienda mejorar la capacidad de gestión de riesgos de los bancos clientes, fortalecer los marcos regulatorios y supervisores en línea con los estándares de prevención de lavado de dinero y la financiación del terrorismo, mejorar la transparencia e intercambio de información, y consolidación de tráfico transaccional a través de menos corresponsales para generar volumen.

DESAFÍOS REGULATORIOS PARA LA REGIÓN

Respecto al debate sobre la regulación financiera, se plantearon discusiones interesantes. Como lo señalado por la Superintendencia de Bancos e Instituciones Financieras de Chile, que indicó que la supervisión debe ser in-situ e intrusiva. Adicionalmente, sostuvo que los temas de coyuntura acaparan las prioridades y los mejores recursos de las agencias de supervisión y de los bancos (Basilea III, IFRS9, etc.) con el riesgo de descuidar lo realmente
importante como es la gestión adecuada de los riesgos y la calidad de la supervisión, que son la base de la estabilidad financiera. En ese sentido, advirtió que la adhesión a los estándares internacionales está sobrevaloradas.

El ente regulador chileno explicó que los bancos se tornan inestables por el riesgo de crédito que se originan por estrategias comerciales agresivas y mecanismos de medición de riesgo y reconocimiento de provisiones deficientes, y malas prácticas de gestión bancaria para identificar los riesgos como pueden ser el ocultamiento del valor económico de los activos, el reconocimiento de ingresos “ficticios” y créditos en exceso a partes relacionadas. Todo esto se previene con la supervisión in situ e intrusiva, la extra situ no funciona.

De otro lado, la Superintendencia Financiera de Colombia sostuvo que la regulación debe partir de una visión de un mercado deseado, competitivo, confiable, incluyente y sostenible. Ser competitivo, es decir contar con un sistema financiero innovador, eficiente y con una oferta de valor a sus clientes a un costo justo y con un servicio adecuado abarca la adopción de nuevas tecnologías, eficiencia y gestión de costos y gastos, optimización de los procesos, y oferta de productos innovadores. En ese sentido, la regulación tiene un rol frente a los ejes tecnológicos de la innovación como la inteligencia artificial, Big Data, Blockchain y Cloud Computing. Asimismo, tiene un rol fundamental frente a los nuevos actores en los mercados como son los gigantes de la tecnología, gestores de información y socios no regulados, en lo que respecta a las preocupaciones crecientes referentes al tratamiento de la información, integración de la información, riesgos cibernéticos y automatización.

En cuanto a ser confiable, se debe buscar promover la confianza de los consumidores financieros en el uso de los diferentes servicios y en la obtención de un trato justo, lo cual engloba la simplicidad en todo el ciclo del producto, transparencia en costos, educación financiera, y productos y procedimientos sencillos. En ese sentido, la regulación debe ser resistente y flexible frente a factores cambiantes y atípicos. Además, la simplificación y transparencia deben ser ejes de la regulación.

Respecto a ser incluyente, se debe promover la creación de productos financieros ajustados a las necesidades de los consumidores. Lo anterior considera innovación y desarrollo de productos en poblaciones tradicionalmente no atendidas (sector rural), estrategia de inclusión financiera, canales y herramientas de comercialización. En este tema, el rol del regulador con el desarrollo se centra en incentivar dinámicas que impulsen el desarrollo de sectores económicos y sociales que tradicionalmente no han sido atendidos.

En cuanto a ser sostenible, que tiene por objetivo consolidar la aplicación de mejores prácticas en gestión de riesgos, requerimientos prudenciales y supervisión comprensiva y consolidada, y que abarca la calidad y suficiencia del capital, gobierno corporativo, y gestión y administración del riesgo, el rol del regulador en la migración hacia la cultura del riesgo apunta a que Latinoamérica continúe en la senda de implementación de las recomendaciones del Comité de Basilea para lograr comparabilidad y fortaleza de los mercados.

En relación a la complejidad económica de los conglomerados financieros, la normativa que emita debe tener en cuenta la realidad de las dinámicas de los grupos financieros. Así, la forma de concebir el ecosistema financiero desde la óptica de los conglomerados exige el reconocimiento de la interacción de los riesgos de diferente naturaleza, pero con un impacto común y estructuras de gobierno corporativo transparentes con mayores exigencias en
revelación de conflictos de interés.

Por último, el rol del regulador para anticiparse a crisis financieras es a través de una regulación proactiva respecto a temas sensibles, que por lo general son precursores de crisis financieras, como son la concentración del crédito, calidad del crédito, Derisking y lavado de dinero y la financiación del terrorismo, modelos de gestión de riesgos, y ciberataques.

PERSPECTIVAS DE LA ECONOMÍA Y RETOS PARA EL SECTOR BANCARIO

En este aspecto, el BID reafirmó que los mercados se muestran exuberantes en economías avanzadas y emergentes, con una volatilidad en mínimos históricos, la alta incertidumbre observada en el 2016 ahora se ha moderado. Así, la menor incertidumbre y volatilidad, y la euforia de los mercados ha sostenido las entradas de capital en las economías emergentes.

En ese sentido, el ente multilateral señaló que la recuperación se consolida y se globaliza, con crecimientos moderados y baja inflación, abriendo la puerta a la normalización prudencial de las políticas monetarias. Algo que llama la atención es que la economía crece a tasas mayores a las del comercio, lo que sugiere que ha parado el proceso de desglobalización de la economía mundial.

Por su parte, en el caso de América Latina y el Caribe, además de los factores positivos comentados anteriormente, los precios de los productos básicos se han recuperado, lo que se debe básicamente al crecimiento de China y la aceleración de la actividad en el mundo. Todo ello más la baja inflación ha permitido una contracción en los diferenciales de crédito en prácticamente todos los países de la región. Así, los mercados internacionales están dispuestos a proporcionar financiamiento.

No obstante lo anterior, el crecimiento registrado está por debajo del crecimiento potencial observado en las últimas dos décadas en varios países de América Latina y el Caribe. Además, es importante precisar que si bien ya no estamos en crisis, los pilares macroeconómicos de la región se han debilitado. Ahora los espacios fiscales son muy estrechos, con mayores déficits fiscales. Así, el precio que se ha pagado para salir de la crisis fue alto, la deuda como porcentaje del PBI aumentó.

COMENTARIO FINAL

Es importante que reuniones como las descritas en este reporte se materialicen con regularidad, ya que permite que los actores principales para el desarrollo del sistema financiero discutan acerca de factores sustanciales como el desarrollo tecnológico, la regulación y supervisión, entorno macroeconómico, entre otros. Hoy, los servicios y productos financieros digitales son una realidad, y es positivo que las entidades financieras viren sus miradas hacia las vastas posibilidades que ofrece el mundo tecnológico.

En ese aspecto, las fintech vienen jugando un papel importante, gracias a su flexibilidad y ductilidad. Por ello, es positivo que los bancos estén colaborando, estableciendo alianzas y formando sinergias con dichas empresas tecnológicas, aunque sería mucho mejor si en el corto plazo pudiera establecerse un marco normativo y regulatorio para las fintech, de tal manera que se proteja el crecimiento saludable de dicho ecosistema, sin perjudicar a los clientes financieros.

Del mismo modo, monitorear los principales desafíos regulatorios que enfrenta el sistema financiero latinoamericano, como el De-risking, así como debatir propuestas y experiencias de las entidades regulatorias es otro de los transcendentales logros obtenidos en el dialogo regional público-privado. Las lecciones adquiridas resultan muy valiosas para cada uno de los países participantes, por lo que es primordial que nuestro país continúe participando
activamente en dichas reuniones, ya que nos ayudará a través de las experiencias de nuestros vecinos a discutir cambios o modificaciones que nos ayuden a alcanzar nuestros objetivos propios, como una mayor inclusión financiero.

EL APUNTE
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Los desarrollos tecnológicos de la última década en el mundo, junto con los nuevos modelos de negocio que éstos han generado, están promoviendo cambios importantes en el statu quo de la industria de los servicios financieros.
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“El BID se encuentra a favor a que se deben impulsar los sandboxes regulatorios (para las fintechs), que son esquemas de regulación diferentes a los tradicionales.
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Existe consenso en que el De-risking es una realidad en nuestra región y afecta de manera significativa los negocios de corresponsalía, además de tener efectos negativos e indeseables, como en la inclusión financiera.
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FUENTE: ASBANC - GERENCIA DE ESTUDIOS ECONÓMICOS