
- Los precios del petróleo registraron una fuerte corrección, revirtiendo las ganancias acumuladas en sesiones previas, lo que refleja un cambio claro en el enfoque del mercado. El Brent retrocedió hacia la zona de los $67.20 dólares por barril, mientras que el WTI cayó cerca de los $62.50 dólares, ambos con descensos cercanos al 3%. El ajuste se produjo en un contexto marcado por expectativas de un menor crecimiento de la demanda y por una oferta global que continúa aumentando.
- Uno de los principales factores detrás de esta caída fue el deterioro de las perspectivas de consumo de crudo para 2026. Las previsiones apuntan ahora a un crecimiento de la demanda más moderado, afectado por precios aún elevados y por una mayor incertidumbre económica global. China, aunque sigue siendo el mayor contribuyente al crecimiento de la demanda, registra un ritmo inferior a su promedio histórico, lo que limita el impulso estructural del mercado petrolero.
- Al mismo tiempo, la oferta global continúa expandiéndose. Desde que los principales productores comenzaron a flexibilizar los recortes implementados en años anteriores, la producción ha aumentado de forma sostenida. A esto se suma el crecimiento de la oferta proveniente de países fuera del grupo de productores tradicionales, lo que refuerza la expectativa de un superávit de crudo a nivel global en 2026.
- Otro elemento clave ha sido el comportamiento de los inventarios en Estados Unidos. Un aumento significativo de las existencias de crudo alivió las preocupaciones por posibles interrupciones de suministro derivadas de condiciones climáticas extremas. Este incremento reforzó la percepción de que el mercado está bien abastecido, lo que redujo la prima de riesgo asociada a una posible escasez a corto plazo.
En el plano geopolítico, las tensiones en Medio Oriente continúan siendo un foco de atención, aunque su impacto en los precios ha sido limitado en esta ocasión.
A pesar de las fricciones entre Estados Unidos e Irán y de señales mixtas tras recientes contactos diplomáticos, el mercado ha mostrado una mayor sensibilidad a los factores fundamentales de oferta y demanda que a los riesgos geopolíticos inmediatos.
De cara a las próximas semanas, la atención de los operadores se centra en la evolución de la demanda estacional en Asia, en particular en China, durante el periodo del Año Nuevo Lunar. Este factor podría ofrecer un soporte temporal a los precios, aunque difícilmente revertirá la tendencia si el crecimiento del consumo no sorprende al alza.
En términos más amplios, el mercado petrolero parece entrar en una fase de mayor equilibrio, forzado por el exceso de oferta y por un crecimiento económico global menos dinámico. Sin nuevos recortes significativos de producción ni interrupciones inesperadas del suministro, los precios podrían mantenerse bajo presión, con movimientos acotados y alta sensibilidad a los datos macroeconómicos.
En conclusión, la reciente caída del precio del petróleo refleja un mercado que vuelve a centrarse en los fundamentos tras un periodo dominado por la volatilidad y los riesgos geopolíticos. La combinación de una demanda global más débil de lo esperado, una oferta en expansión y un entorno financiero menos favorable plantea un escenario desafiante para los precios en 2026. Aunque episodios de tensión geopolítica pueden generar repuntes puntuales, el equilibrio entre oferta y demanda seguirá siendo el principal determinante del comportamiento del crudo en los próximos meses.