
- Artículo publicado en la edición 243 de la revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M243.pdf
- Frente a la rivalidad de potencias, Alonso Cárdenas, docente de la carrera de Ciencia Política de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), describe una “doble inserción” peruana: Pekín domina el comercio, Washington la seguridad. Advierte, sin embargo, que el gran riesgo no es el equilibrio geopolítico externo, sino la “implosión institucional” interna que impide gestionarlo.
- En el tablero geopolítico, Perú se ha convertido en un punto neurálgico de la rivalidad entre China y Estados Unidos, con proyectos como el megapuerto de Chancay y la modernización de la Base del Callao como fichas clave. Sin embargo, para Alonso Cárdenas, politólogo de la UARM, el país enfrenta una paradoja fatal: mientras presume de neutralidad y apertura, su Estado en ruinas, “cogoteado por mafias” y sin capacidad técnica, lo condena a ser un tablero pasivo. En esta entrevista, Cárdenas advierte que, sin una reconstrucción institucional profunda, el Perú no negociará su lugar en el mundo, sino que se limitará a aceptar las reglas que le impongan las potencias.
¿Cómo caracteriza hoy la competencia entre Estados Unidos y China en América Latina, y en qué medida Perú se ha convertido en un punto estratégico dentro de esa disputa?
- En América Latina, China se volvió el principal socio comercial de varios países, Perú incluido. Por otra parte, EE. UU sigue siendo el actor político-institucional-militar dominante. Además, posee vínculos afectivos y culturales que China no posee, por ejemplo, las remesas y los millones de latinoamericanos que residen allá. Prácticamente todos tenemos algún familiar que vive en EEUU. En este contexto, nuestro país se volvió una especie de pivote entre el Atlántico y el Pacífico, un punto neurálgico del comercio, subrayando las materias primas.
¿Estamos ante una competencia simétrica en el caso peruano o China y EE.UU. persiguen objetivos estructuralmente distintos? ¿Cuál es la diferencia de fondo entre ambas estrategias?
- Desde mi perspectiva, no es una competencia simétrica, pues no están tratando de alcanzar lo mismo; ambas superpotencias tienen lógicas distintas. China busca una cadena de abastecimiento económico, es decir que el Perú sea un proveedor confiable. Por otra parte, EEUU tiene por objetivo no perder influencia en un punto clave del Pacífico, es decir una visión más geoestratégica que extractivista.
El gobierno peruano sostiene un discurso de “apertura a todos los capitales”. En un contexto de rivalidad explícita entre potencias, ¿esa neutralidad es una fortaleza negociadora o nos convierte en un tablero pasivo?
- Desde una lógica estratégica es un discurso acertado, no obstante, el problema no es de visión, es operativo. Perú, dada su gigantesca debilidad institucional no está actualmente en condiciones de negociar. Simplemente acepta los términos que le imponen, incluso cuando estos van contra los intereses del país.
¿Cómo evalúa la evolución de la inversión china en Perú en la última década, especialmente en sectores estratégicos como minería, energía e infraestructura logística?
- La inversión china en Perú no solo creció, sino evolucionó. Pasó de centrarse en la extracción de recursos naturales (minería), a dar un salto cualitativo completo. Ahora dominan prácticamente todos los nodos importantes de la economía del país.
En el caso del megapuerto de Chancay, ¿qué impacto económico real puede tener en competitividad, comercio y diversificación productiva? ¿Es una plataforma de desarrollo o un enclave logístico?
- Depende del valor agregado en términos de competitividad. Si Chancay solamente reduce costos de exportación será un enclave más. Si en cambio, se centra en generar condiciones para industrializar, promueve la creación de servicios logísticos y fomenta la aparición de clúster empresariales de alta complejidad, entonces si habrá un impacto real. Si no hay política industrial, será otra oportunidad perdida más.
¿Existe riesgo de dependencia estratégica o pérdida de soberanía en infraestructura crítica como Chancay? ¿Dónde traza usted la línea entre facilitar inversión y ceder control?
Hay riesgos serios. La dependencia estratégica se da porque China tiene una especie de veto para la gestión del puerto, dado que controla casi en monopolio exportaciones clave, rutas logísticas, financiamiento y es el operador dominante. En relación con la soberanía, también hay un alto riesgo, dado que el Estado actualmente no ejerce ningún control sobre el puerto, por el fallo judicial impide que el Estado supervise el mega puerto construido con capital chino.
Algunos sostienen que la expansión china responde tanto a objetivos geopolíticos como a la necesidad de colocar su excedente industrial ante una desaceleración interna. ¿Comparte esa lectura?
- El modelo chino tuvo durante décadas tres motores claros: construcción + industria pesada + exportaciones. Hoy, esos motores están sobresaturados, es verdad.
- Al sacar esos tres motores de las fronteras chinas, no solo coloca su excedente productivo, también crea redes comerciales estables que nutren su economía. En el caso del Perú y algunos países de AL, sus particularidades se complementan casi de manera perfecta, debido a grandes déficits de infraestructura, vastos recursos naturales y una política de mercados abiertos.
La designación de Perú como “Aliado Importante fuera de la OTAN” y la modernización del SIMA y la Base Naval del Callao, ¿representan un giro estratégico en la política exterior peruana? ¿Qué implicancias económicas y de seguridad tiene esto?
- Yo diría que es una doble inserción que busca equilibrar riesgos. Es decir, en la dimensión comercio, la orientación dominante será China. En la dimensión inversiones la orientación dominante es multipolar, China, Europa, EEUU y también las mayores economías de América Latina, como México. En el rubro seguridad, la orientación dominante será EEUU. Esto en un contexto donde la capacidad del Estado peruano se va a pique. El gran riesgo no es externo, sino interno.
Estados Unidos ha expresado preocupaciones sobre seguridad y ciberinfraestructura en proyectos chinos. ¿Se trata de riesgos reales o de narrativa geopolítica?
- Yo lo veo claramente como competencia entre potencias. Para nuestro país la clave está en tener capacidad institucional para auditar y sustituir sistemas. Ese es el gran problema. Hay una dinámica externa muy fuerte, para la cual, el Perú, por su interna debilidad no está preparado.
¿Cuenta el Estado peruano con la institucionalidad técnica y la capacidad negociadora para gestionar esta rivalidad entre potencias? ¿Dónde están los principales déficits?
- Claramente no. Insisto, hay una dinámica muy fuerte afuera para la cual no estamos preparados. El principal déficit es la implosión institucional del Estado. Sin servicio civil profesional, sin carrera pública, con una constante fuga de talentos, con un estado que es visto como botín, cogoteado por mafias y corrupción, es imposible estar a la altura del reto que se nos viene.
En casos como la supervisión del puerto de Chancay y el rol de Ositrán, ¿cree que Perú ha fortalecido o debilitado su autonomía regulatoria?
- La ha debilitado claramente.
¿Cómo se traduce esta nueva ola de inversión estratégica —puertos, energía, infraestructura militar— en mejoras concretas para el ciudadano común? ¿Qué condiciones deben cumplirse para que el impacto sea real y no solo macroeconómico?
- El impacto real, en la gente, depende menos de la inversión y más de cómo el Estado la conecte con productividad y servicios, vía políticas públicas.
- Entonces si no profesionalizamos al Estado, si no tenemos servicio civil de excelencia, si no logramos materializar una profilaxis profunda en el aparato público, esta nueva ola de inversión estratégica será una vez más una oportunidad histórica perdida, como tantas que abundan en nuestra historia.
¿Existe el riesgo de que esta nueva etapa reproduzca un modelo extractivo tradicional —más cobre para China, más gas para EE.UU.— sin cerrar brechas sociales y territoriales? ¿Cómo evitarlo?
- Si, el riesgo es alto.
- La manera de evitarlo es a través de reconstruir las capacidades del Estado.

Si tuviera que recomendar una política de Estado concreta para capitalizar esta rivalidad geopolítica en beneficio del desarrollo peruano, ¿cuál sería?
- Mi recomendación es construir dentro para estar mejor preparados afuera. Si el Estado sigue en ruinas, preso de mafias, no podremos aprovechar las oportunidades que se nos presentan en esta disputa de megapotencias.
Alonso Cárdenas propone declarar el gasoducto como infraestructura crítica y advierte que “sin él, el país se paraliza en días”
- En un movimiento que consolida la presencia estadounidense en infraestructura crítica peruana, el fondo de inversión EIG adquirió a fines de 2025 el 49,87% de Transportadora de Gas del Perú (TGP), operadora del gasoducto de Camisea que abastece cerca del 40% de la generación eléctrica nacional. La Embajada de EE.UU. en Lima celebró la operación destacando su potencial para “fortalecer la seguridad energética”, en un contexto donde la concesión de TGP —que vence en 2033— es negociada con el Estado peruano para extenderla hasta 2043 a cambio de una inversión de US$2,000 millones que lleve gas al sur del país.
- Para Alonso Cárdenas, politólogo de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya (UARM), el caso TGP evidencia la urgencia de repensar el marco regulatorio: sin servicio civil profesional ni capacidad estatal para auditar sistemas críticos, el país enfrenta el riesgo de que estas inversiones estratégicas se conviertan en otra oportunidad perdida.
En el plano energético, la entrada de capital estadounidense en Transportadora de Gas del Perú (TGP), que transporta el gas que genera cerca del 40% de la electricidad nacional, ¿debe leerse como una operación de mercado o como un movimiento estratégico?
- Ambas cosas. Por sus particularidades, TGP es una inversión rentable: la red de gas asegura ingresos estables por décadas, no es poca cosa. Mover casi la mitad de la electricidad del país, implica infraestructura crítica. En otras palabras, quien opera esa red conoce y participa en el corazón energético de la economía. Por eso adquiere relevancia estratégica, aunque sea capital privado
¿Debería el Estado considerar infraestructuras como TGP como activos de seguridad nacional? Si es así, ¿qué implica eso en términos regulatorios y de supervisión?
Sí. Redes como la Transportadora de Gas del Perú debería tratarse como infraestructura de seguridad nacional, no porque haya una amenaza concreta, sino porque sin ellas el país se paraliza en días.
- Pero ojo, esto no significa estatizar ni expulsar inversión privada. Significa cambiar la lógica regulatoria: de “servicio público eficiente” a “servicio esencial resiliente”. En la práctica esto implica cuatro puntos: i) Reglas de propiedad y control; ii) Supervisión técnica permanente; iii) Ciberseguridad obligatoria; iv) Planes de contingencia soberanos.