
Artículo publicado en la edición 244 de la revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M244.pdf
- Las transferencias inmediatas crecieron 119% en número de operaciones durante 2025, mientras las comisiones que cobran los proveedores de pago subieron en casi todos los segmentos. Las nuevas reglas del BCR y la SBS buscan ordenar un sistema que crece más rápido que su regulación.
- El sistema de pagos peruano cerró el 2025 con cifras que confirman una tendencia que ya venía consolidándose: los peruanos están pagando cada vez más en digital. Pero detrás de esos números hay una realidad que preocupa a los comercios: el costo de aceptar estos pagos también creció.
- Rosa tiene una bodega en Surquillo. Hace dos años solo aceptaba efectivo. Hoy tiene un código QR pegado en la ventana y un POS sobre el mostrador. “Mis clientes ya no cargan monedas”, dice. Lo que Rosa todavía no termina de entender bien es que por cada S/100 que le pagan con tarjeta, ella no recibe S/100: recibe algo menos, porque una parte se la lleva el banco y otra el proveedor del POS.
- Ese descuento que Rosa paga sin verlo es exactamente lo que el Banco Central de Reserva lleva años midiendo. Y en 2025, según su último informe, ese costo subió.
- Según el reporte del Sistema Nacional de Pagos y del Sector Fintech en Perú, elaborado por el BCR, las transferencias inmediatas procesadas por la Cámara de Compensación Electrónica (CCE) —el sistema que permite mover dinero entre cuentas de distintos bancos de forma casi instantánea— aumentaron 40,7% en valor y 119,3% en número de operaciones durante 2025, respecto al año anterior. En términos concretos, el valor promedio de cada transferencia cayó de S/723 en 2024 a S/464 en 2025, lo que indica que son cada vez más los ciudadanos de a pie —y no solo las empresas— quienes usan este canal para pagos cotidianos de montos pequeños.
- Volviendo a Rosa: cuando su vecina le transfiere S/45 por el pedido de la semana vía Yape o una transferencia interbancaria, esa operación forma parte de ese universo de pagos de bajo monto que hoy mueven el sistema. Hace dos años, esa misma transacción habría sido en efectivo.

Las tarjetas crecen, aunque con matices
- El uso de tarjetas también avanzó. Las tarjetas de débito —las más comunes, ligadas directamente a la cuenta de ahorros— mostraron la mayor participación tanto en valor como en número de transacciones, concentrando el 58% del total en valor y el 76% en número de operaciones. Las de crédito, por su parte, representaron el 40% del valor total y el 22% de las operaciones.
- El patrón es claro: con crédito se pagan cosas más caras; con débito, las compras del día a día. Las tarjetas prepago, aunque minoritarias, mantienen una participación marginal cercana al 2% tanto en valor como en operaciones.
- Dicho de otra forma: si en la bodega de Rosa se hacen 100 pagos con tarjeta al día, 76 de ellos son con débito y apenas 22 con crédito. Pero esos 22 pagos con crédito representan casi el doble en soles de lo que mueven los 76 con débito. La tarjeta de crédito aparece cuando alguien compra algo más caro; la de débito, cuando alguien compra el pan.
- En cuanto a los canales de venta, el comercio presencial —tiendas físicas, mercados, farmacias— registró una caída en su participación, mientras que el canal no presencial, es decir las compras por internet o aplicaciones, ganó terreno. Este crecimiento del comercio digital se refleja también en las tasas de intercambio —la porción de la comisión que recibe el banco que emitió la tarjeta del comprador—: en el canal no presencial estas tasas se ubicaron en niveles más altos que en el canal físico, lo que encarece proporcionalmente cada venta realizada por internet.
- Mirando por tipo de tarjeta, las tasas de intercambio para débito pasaron de 1,29% en diciembre de 2024 a 1,30% en diciembre de 2025; las de crédito, de 1,84% a 1,86%; y las de prepago, de 1,64% a 1,86%. El promedio general de pagos con tarjetas se mantuvo en torno al 1,52%.
El costo de cobrar con tarjeta: quién paga la cuenta
- Aquí es donde la historia de Rosa se complica. Cada vez que un cliente le paga con tarjeta, ella asume lo que se llama la tasa de descuento: el porcentaje del total de la venta que le cobran entre el banco y el proveedor del POS por haber facilitado ese pago. Ese porcentaje no lo ve el cliente, pero sí lo siente Rosa al final del mes cuando cuadra su caja.
- En promedio general, esa tasa pasó de 2,81% en diciembre de 2024 a 2,84% en diciembre de 2025. Puede parecer un cambio pequeño, pero en la práctica significa esto: si Rosa vendió S/10,000 en el mes con tarjeta, en 2024 pagaba S/281 en comisiones; en 2025 paga S/284. No es una diferencia dramática para una transacción, pero multiplicada por miles de operaciones al año, empieza a pesar.
- El alza fue más pronunciada en ciertos rubros. Las gasolineras experimentaron uno de los incrementos más notorios, pasando de 1,59% a 1,94%: por cada tanque de S/ 200 pagado con tarjeta, el grifo ahora cede casi S/4 en comisiones en lugar de poco más de S/3. Los microcomercíos—el segmento más sensible por su menor poder de negociación, y donde Rosa entraría— pagaron entre las tasas más altas del mercado: 3,00% en 2025, apenas por debajo del 3,06% del año anterior. Eso significa que por cada S/100 que Rosa cobra con tarjeta, se queda con S/97.
- Los restaurantes mejoraron su situación, bajando de 2,88% a 2,35%, y los supermercados de 2,54% a 2,43%. Las farmacias pasaron de 2,65% a 2,61%.
- Dentro de los segmentos minoristas, el canal no presencial —vender por internet o por aplicaciones— registró las tasas más altas, llegando a 3,13% en 2025. Esto quiere decir que un negocio que vende por delivery o por una tienda virtual paga más comisiones que uno que atiende en persona. Para un emprendedor que migró al comercio digital pensando en reducir costos, este dato puede resultar sorprendente.
- Rosa seguirá aceptando tarjetas. No tiene otra opción: sus clientes ya no cargan efectivo y perder una venta por no tener POS es peor que pagar la comisión. Esa es, en esencia, la lógica que está detrás del crecimiento del sistema de pagos digital en el Perú.
Nuevas reglas para el sistema de pagos
- Mientras Rosa acomoda su POS y cuenta las comisiones del mes, el Estado peruano ha estado, en paralelo, reescribiendo las reglas del juego. El mismo informe del BCR que registra el crecimiento de los pagos digitales también da cuenta de una serie de cambios regulatorios que buscan ordenar, supervisar y ampliar el ecosistema. Algunas de estas normas la afectan directamente a ella, aunque todavía no lo sepa.
- Uno de los cambios más relevantes del periodo es la entrada en vigencia, el 1 de abril de 2026, del nuevo Reglamento General del Sistema Nacional de Pagos, que al mismo tiempo deroga el anterior Reglamento de los Acuerdos de Pago con Dinero Electrónico. El cambio no es solo de nombre: se trata de una reordenación profunda de cómo se clasifica y regula a los distintos actores que participan en el sistema.
- Bajo el nuevo marco, los actores se dividen en tres grandes grupos: los Sistemas de Pagos —las grandes plataformas que articulan el funcionamiento del sistema—, las Infraestructuras de Pago —los rieles técnicos por donde circula el dinero— y los Proveedores de Servicios de Pago, que son, en términos simples, las empresas que ofrecen servicios de pago directamente a personas y negocios como el de Rosa.
- Para cada uno de estos actores, el nuevo reglamento establece condiciones distintas según su tamaño e importancia. Los más grandes —llamados “prominentes”— estarán sujetos a una autorización formal del Banco Central y a la supervisión de la SBS. Los más pequeños o nuevos deberán, al menos, notificar su existencia al administrador del sistema. Y quienes quieran ingresar al mercado sin ser aún prominentes podrán hacerlo siguiendo una circular específica, en una suerte de vía rápida para la innovación. El objetivo declarado es fomentar la competencia y la eficiencia sin descuidar la seguridad.
- Dicho de otro modo: antes, el sistema reconocía principalmente a quienes ya operaban. Ahora, crea una puerta de entrada ordenada para los nuevos, sin dejar de vigilar a los que ya están adentro.
Las billeteras digitales, bajo la lupa de la SBS
- Otro cambio que toca directamente la vida cotidiana de millones de peruanos es el que trae el Decreto Supremo N° 011-2026-EF, que aprobó el Reglamento de la Ley N° 32413. Esta norma habilita el uso de billeteras digitales —aplicaciones móviles como las que usa la clientela de Rosa para pagarle— para el pago de haberes y otras obligaciones laborales.
- En términos prácticos: una empresa podrá depositar el sueldo de sus trabajadores directamente en una billetera digital, siempre que esa billetera esté supervisada por la SBS. Esto no es un detalle menor: significa que las billeteras digitales que quieran captar ese mercado deberán cumplir con estándares de seguridad y regulación más exigentes que los actuales. Para el trabajador, la garantía es que su sueldo no estará en manos de cualquier aplicación, sino de una entidad que rinde cuentas ante el regulador.
- Asimismo, la norma asigna a la SBS la tarea de definir los límites operativos de estas billeteras: cuánto pueden recibir, cuánto pueden transferir, con qué frecuencia. Una forma de decir que el crecimiento del dinero digital tendrá reglas de tránsito.
¿Qué significa esto para Rosa —y para todos?
- Rosa no va a leer el Decreto Supremo N° 011-2026-EF. Probablemente tampoco el Reglamento General del Sistema Nacional de Pagos. Pero ambas normas van a moldear el entorno en el que ella cobra, paga y opera su negocio en los próximos años.
- Si las nuevas reglas logran su objetivo —más competencia entre proveedores de pago, más actores supervisados, más billeteras formales—, es posible que en el mediano plazo las comisiones que hoy le quitan S/3 de cada S/100 empiecen a bajar. Esa es, al menos, la apuesta del regulador: que un sistema más ordenado y competitivo termine siendo también más barato para quienes, como Rosa, están en el extremo que paga.
- Por ahora, los números muestran que el sistema crece, las reglas se modernizan y las comisiones suben. El siguiente capítulo de esta historia dependerá de si la regulación logra, efectivamente, cambiar esa ecuación.
Lo que viene: innovación e inclusión
- Si las dos primeras partes de esta historia hablaban de lo que ya ocurrió —más pagos, más comisiones, nuevas reglas—, esta tercera parte mira hacia adelante. El informe del BCR dedica un capítulo entero a las tendencias que están transformando el sistema de pagos peruano: billeteras digitales que llegan a donde los bancos no llegan, una nueva forma de pagar entre países y el debate global sobre las criptomonedas estables. Aquí, la historia de Rosa empieza a quedarse pequeña. Lo que viene no es solo para ella: es para los millones de peruanos que todavía están fuera del sistema.
- Uno de los hallazgos más llamativos del informe del BCR es que el crecimiento más explosivo de los pagos digitales no está ocurriendo en Lima, sino en las regiones con menor bancarización —es decir, donde menos personas tienen cuenta en un banco.
- El número de transacciones diarias promedio a través de billeteras digitales pasó de 9,2 mil en diciembre de 2024 a 15 mil en diciembre de 2025, un crecimiento del 63%. Y el dato más revelador es que ese crecimiento fue de 60% a nivel nacional, pero llegó al 63% en las ocho regiones con menor bancarización del país. En otras palabras: la billetera digital está llegando antes que el banco.
- Esto tiene una lógica simple. Para abrir una cuenta bancaria hace falta ir a una agencia, cumplir requisitos, a veces viajar horas. Para descargarse una billetera digital, basta con un teléfono y señal. En un país donde la geografía ha sido históricamente una barrera para la inclusión financiera, el celular está haciendo lo que el banco no pudo.
- Otra novedad relevante es el avance del proyecto BiPay, una billetera digital que en enero de 2026 obtuvo la autorización formal de la SBS para operar como Empresa Emisora de Dinero Electrónico. Lo que la hace distinta es su propósito: BiPay está diseñada para funcionar como un instrumento de pago transfronterizo, es decir, para hacer transferencias entre países de forma rápida y barata.
- Hoy, enviar dinero al exterior desde el Perú —o recibirlo— implica comisiones elevadas y procesos lentos. BiPay apunta a cambiar eso, al menos dentro del ecosistema de países con los que se integre. El BCR señala que el proyecto contempla una vigencia máxima de dos años en fase piloto, al cabo de los cuales se evaluará si los servicios que ofrece se consolidan de forma permanente.
- Para entender la dimensión del problema que busca resolver: según el informe, el valor de los pagos minoristas en el Perú equivale al 6,7% del PBI en 2024, y el número de pagos por persona adulta ha crecido de 136 en 2018 a 521 en 2024. Pese a ese avance, el país sigue por debajo de Brasil, Chile y Uruguay en pagos por adulto bancarizado, con más de 500 pagos per cápita frente a los poco más de 400 del Perú. Hay espacio para crecer, y los pagos transfronterizos son parte de esa agenda pendiente.
El dinero digital y la brecha que aún persiste
- El informe también radiografía algo que muchos intuyen, pero pocos cuantifican: no todos los peruanos usan el dinero digital de la misma manera ni con la misma intensidad.
- Según los datos del BCR, el 86% de las personas utiliza el efectivo para al menos una transacción cotidiana. Solo el 6% emplea al menos un instrumento de pago digital en sus compras del día a día. Y apenas el 14% usa tres o más instrumentos distintos —tarjeta de débito, crédito, billetera digital, transferencias— de forma combinada.
- La brecha se profundiza cuando se mira por nivel socioeconómico: en los sectores A/B, el 55% de las personas usa tres o más instrumentos de pago. En los sectores D/E —los de menores ingresos—, esa cifra cae al 17,4%. Y en cuanto al nivel educativo, las personas con menor instrucción son las que más dependen del efectivo y menos adoptan instrumentos digitales.
- Aquí la historia de Rosa vuelve a ser útil, pero con un giro. Rosa ya adoptó el POS y el código QR. Pero su clienta de la quinta, que vive de una pensión pequeña y no tiene smartphone, sigue pagando con billetes. El sistema avanza, pero no avanza parejo.
Las criptomonedas estables: una oportunidad con advertencia
- El informe cierra con un tema que está generando debate en todo el mundo: las stablecoins, o monedas estables. A diferencia del bitcoin —cuyo precio sube y baja de forma impredecible—, las stablecoins son criptomonedas diseñadas para mantener un valor fijo, generalmente anclado al dólar. En los últimos años han crecido como instrumento de transferencia de valor y depósito de ahorro, especialmen te en países con economías inestables.
El BCR reconoce que estas monedas ofrecen ventajas tecnológicas reales —rapidez, bajo costo, acceso sin intermediarios bancarios— y que su uso ha crecido significativamente a nivel global.

- Pero también advierte sobre sus riesgos: están desintermediando al sistema financiero tradicional, lo que puede debilitar la capacidad de los bancos centrales de supervisar el flujo de dinero; generan riesgos de liquidez para quienes las emiten; y plantean desafíos regulatorios que los marcos legales actuales no están del todo preparados para enfrentar.
- La postura del BCR no es de rechazo, pero tampoco de entusiasmo acrítico. Es, más bien, la de un regulador que observa con atención y advierte que el crecimiento acelerado de estos instrumentos exige respuestas regulatorias a nivel internacional, no solo local.
- Tomando los tres capítulos de este informe en conjunto, el retrato que emerge es el de un sistema en plena transformación: más transacciones, más actores, más reglas y más tecnología. Pero también más desigualdad en el acceso, más costo para los pequeños comercios y más preguntas abiertas sobre cómo regular lo que viene.