
Artículo publicado en la edición 245 de la revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M245.pdf
Los pagos digitales crecieron 45.8% en 2025 y cada adulto ya realiza 1.8 operaciones diarias. Detrás de ese dato hay una batalla de fondo: quién controla la relación con el cliente. Billeteras, fintechs, bancos y cajas municipales juegan partidas distintas en un tablero que se reescribe en tiempo real.
- Cada adulto realizó, en promedio, 1.8 pagos digitales por día durante 2025. Ese número —que el Banco Central de Reserva consigna en su último Reporte del Sistema Nacional de Pagos— puede parecer técnico, incluso árido. Pero detrás de él late una pregunta que está redefiniendo el sistema financiero peruano: ¿quién está procesando esos pagos, y qué hace con la información que genera cada uno de ellos?
- Hace cinco años, esa cifra era marginal. En 2018, un adulto peruano realizaba apenas 136 pagos digitales al año. En 2024 ya eran 521. En 2025, con el impulso de las billeteras digitales y la consolidación de la interoperabilidad, el sistema cerró el año con 665 pagos por adulto y un crecimiento del 45.8% frente al año anterior. El cambio de hábito dejó de ser una tendencia para convertirse en una realidad consolidada.
- Lo que está ocurriendo, sin embargo, no es simplemente que los peruanos paguen más en digital. Lo que está ocurriendo es una reconfiguración silenciosa del poder dentro del sistema financiero: una redistribución de roles, datos y relaciones con el cliente que ningún actor puede ignorar. Los bancos lo saben. Las fintechs lo impulsan. Y las cajas municipales y microfinancieras —que atienden a millones de peruanos en segmentos que la banca tradicional nunca cubrió bien— están corriendo contra el tiempo para decidir su posición en este nuevo tablero.
“Estamos frente a una disrupción porque está cambiando quién construye la relación con el cliente, desde qué punto se origina y con qué información se toman las decisiones. Y en ese nuevo orden, los pagos dejan de ser un servicio operativo para convertirse en el activo más estratégico del sistema financiero”

Bloque I: Los números que definen la nueva realidad
- El Reporte del Sistema Nacional de Pagos y del Sector Fintech en Perú, elaborado por el BCR con datos a diciembre de 2025 y publicado en marzo de 2026, ofrece el mapa más completo disponible de esta transformación. Sus cifras son contundentes.
- Las transferencias inmediatas procesadas por la Cámara de Compensación Electrónica crecieron 40.7% en valor y 119.3% en número de operaciones. El ticket promedio cayó de S/723 a S/464, lo que confirma que ya no son solo las empresas las que usan este canal: son vecinos transfiriéndose S/45 por el pedido de la semana, microempresarios cobrando por servicios, familias enviando dinero a regiones.
- El ecosistema fintech creció en paralelo: de 203 empresas registradas en 2023 a 237 al cierre de 2024, un incremento del 17% en un año. El segmento más relevante es el de pagos y transferencias, que agrupa al 25% de las empresas.
- Le siguen los préstamos (23%), la gestión financiera empresarial (12%) y el cambio de divisas (11%). En este último segmento, las fintechs cobran un spread promedio equivalente al 37% de lo que cobra la banca: S/0.031 frente a S/0.083 por operación.
- El factoring digital —mecanismo por el que una MYPE convierte una factura impaga en liquidez inmediata— creció 14.8% interanual en el segundo semestre de 2025. Las AFP ya permiten aportes voluntarios desde billeteras digitales. Y en enero de 2026, la SBS autorizó a BiPay —diseñada como instrumento de pago transfronterizo— para operar como Empresa Emisora de Dinero Electrónico. El sistema no solo crece: se diversifica y se internacionaliza.
+45.8% Crecimiento de pagos digitales en 2025. Cada adulto realiza 1.8 pagos digitales al día, frente a 136 pagos al año registrados en 2018.
263 M Transacciones interoperables mensuales. El ecosistema dejó de ser fragmentado: alias, QR e inmediatas operan entre distintas entidades sin fricción.
+119.3% Aumento en número de operaciones de transferencias inmediatas durante 2025. El valor promedio por transferencia cayó de S/723 a S/464, señal de masificación en pagos cotidianos.
+63% Crecimiento en pagos inmediatos con celular (alias). Ya explican más del 70% de los pagos de bajo valor. La batalla Yape vs. Plin marca el ritmo del sistema.
Bloque II: La disrupción no es tecnológica, es de roles
- El error más frecuente al analizar esta transformación es verla como un fenómeno tecnológico. No lo es. O no principalmente. Lo que está ocurriendo es una reconfiguración de quién tiene la relación con el cliente, desde dónde se construye esa relación y con qué información se alimenta. John Olivera, CEO de Accenti y exgerente de Cajas Municipales, lo plantea con precisión quirúrgica: hoy, las billeteras digitales están capturando la interacción diaria con el cliente a través de los pagos. Casos como Yape muestran cómo la relación ya no se construye desde la cuenta bancaria, sino desde el uso cotidiano.
- Lo que distingue este momento de episodios anteriores de innovación financiera es que las billeteras no solo capturan transacciones: capturan datos. Y esos datos permiten, en el tiempo, construir modelos de riesgo crediticio sin necesidad de los elementos tradicionales de evaluación —visitas de campo, estados financieros, garantías físicas—. Olivera lo señala directamente: la información transaccional empieza a competir con el modelo tradicional basado en visitas y evaluación en campo. En el tiempo, quien controle los datos tendrá ventaja para originar crédito.
- El caso de Mercado Pago es la referencia inevitable en cualquier conversación sobre este tema. La plataforma argentina construyó su relación con los clientes desde cero, a partir de los pagos. Primero generó frecuencia de uso y, sobre esa base, incorporó servicios financieros como crédito. Hoy es uno de los prestamistas digitales más grandes de la región. La secuencia —pagos primero, crédito después— es exactamente la que las billeteras peruanas están recorriendo.
- Yape, con más de 16 millones de usuarios registrados, ya incorporó usuarios no bancarizados que luego fueron formalizados dentro del sistema. Eso confirma, como apunta Olivera, que el pago dejó de ser un canal para convertirse en una puerta de entrada al sistema financiero. Una puerta que, hasta hace poco, era propiedad casi exclusiva de los bancos y las cajas.
- Desde Caja Arequipa, Marco Lucar, Gerente Central de Administración y Operación de dicha microfinanciera, articula el riesgo con precisión operativa: el riesgo para una caja no es desaparecer, sino ser percibida solo como “cuenta de fondeo” mientras otros capturan la relación cotidiana. La imagen es perturbadora si se la toma en serio: una entidad financiera que sigue teniendo los depósitos del cliente, pero que ha perdido la interfaz, la frecuencia y los datos que genera su comportamiento diario.

- El impacto no es homogéneo entre las distintas categorías de entidades. En la banca, el efecto es más directo en el crédito de consumo. En microfinanzas, es más gradual, pero igualmente estratégico. Ahí la amenaza no es inmediata: el modelo de evaluación en campo, el conocimiento profundo del cliente informal, la presencia territorial, siguen siendo activos relevantes. El problema es que todos esos activos se erosionan lentamente en la medida en que la información transaccional —capturada por billeteras y fintechs— empieza a ser suficiente para tomar decisiones de crédito con menor costo y mayor velocidad.
Bloque III: La interoperabilidad, democratización con trampa
- El 1 de abril de 2026 entró en vigencia el nuevo Reglamento General del Sistema Nacional de Pagos. El cambio no es solo de nombre: es una reordenación profunda de cómo se clasifican y regulan los actores del sistema. Bajo el nuevo marco, se distingue entre Sistemas de Pagos, Infraestructuras de Pago y Proveedores de Servicios de Pago. Los más grandes —llamados “prominentes”— estarán sujetos a autorización formal del BCR y supervisión de la SBS. Los más pequeños deberán, al menos, notificar su existencia al administrador del sistema.
- En paralelo, las transacciones interoperables ya superan los 263 millones mensuales, con fuerte impulso de pagos por QR y transferencias inmediatas. El ecosistema dejó de ser fragmentado: un usuario de Yape puede transferirle dinero a alguien que usa Plin o la banca móvil de cualquier banco, sin fricción, sin costos adicionales, sin necesidad de que ambos sean clientes de la misma entidad.
- Para el usuario, esto es una victoria clara. Para las entidades financieras, la historia es más compleja. Jon Olivera lo formula con precisión: la interoperabilidad está haciendo ambas cosas al mismo tiempo.
- Democratiza porque permite que usuarios y comercios operen entre distintas entidades sin fricciones, sin depender de una sola plataforma. Esto facilita la inclusión financiera y mejora la experiencia. Pero también desintermedia, porque al eliminar las barreras entre plataformas, se reduce la “propiedad” del cliente por parte de una sola entidad. El usuario puede moverse libremente entre aplicaciones, lo que obliga a competir constantemente por su preferencia.
- Marco Lucar añade la dimensión competitiva del problema desde la perspectiva de las cajas municipales: la interoperabilidad no garantiza que ganen los más pequeños. La ventaja competitiva se mueve a la experiencia de usuario, al antifraude, a los casos de uso y a la cobertura de comercios. En un entorno donde todos comparten los mismos rieles técnicos, la diferencia la hace quien tiene mejor interfaz, mejor respuesta ante el fraude y mayor presencia en el punto de venta del comercio local.

- “En un entorno interoperable, ya no es suficiente tener productos o clientes registrados. La diferencia está en quién logra ser la aplicación más utilizada en el día a día. No gana quien tiene al cliente registrado, sino quien es utilizado todos los días”
- El Banco Central de Reserva (BCR) viene diseñando, además, una fase orientada a la iniciación de pagos, que apuntaría a incorporar nuevos actores sobre un modelo regulado y con consentimiento del usuario. La SBS, por su parte, oficializó una Hoja de Ruta de Finanzas Abiertas con fases, gobierno y estándares para un despliegue seguro. Lo que esto significa, en términos prácticos, es que el acceso a la infraestructura de pagos se abrirá aún más en los próximos años. Nuevos jugadores podrán iniciar pagos sobre cuentas existentes. La frontera entre quién es una entidad financiera y quién es un proveedor de servicios de pago seguirá difuminándose.
- Para Lucar, Finanzas Abiertas puede ser un habilitador clave para que las cajas no se queden atrás, pero con una condición fundamental: que se traduzca en capacidades operativas y técnicas reales. Aunque el front-end sea de un tercero, los clientes de las cajas podrían seguir pagando desde sus cuentas bajo reglas claras. Pero eso requiere cumplir estándares de seguridad, desarrollar APIs y gestionar consentimientos. Para Olivera, el punto es aún más agudo: la ventaja no estará en quién tiene acceso a los datos, sino en quién sabe convertirlos en valor para el cliente.
Bloque IV: Las cajas en el dilema de competir, integrarse o especializarse
- La pregunta que más incomoda en las gerencias de las microfinancieras peruanas no es si los pagos digitales van a crecer. Eso ya está resuelto. La pregunta que incomoda es qué rol van a tener ellas en ese crecimiento, y si ese rol les permite mantener la relación con el cliente o si las condena a ser —como teme Lucar— meras cuentas de fondeo.
- La evaluación desde Caja Arequipa es honesta respecto a las limitaciones del sector: la preparación del sistema microfinanciero es heterogénea. El mercado ya opera a escala —665 pagos por adulto al año, 1.8 diarios— y el crecimiento del 63% en pagos con alias presiona a acelerar capacidades digitales reales. Pero competir con billeteras no es solo lanzar una aplicación: exige operación antifraude, ciberseguridad, continuidad y escalabilidad para usuarios y comercios.
- La SBS ha identificado conductas de riesgo relevantes en los usuarios digitales peruanos: el 44% guarda contraseñas en sus dispositivos y el 27% usa redes Wi-Fi públicas para realizar operaciones financieras. Eso obliga a elevar estándares y educación digital simultáneamente. Una caja que lance una billetera sin la infraestructura de seguridad adecuada no compite: arriesga.
- John Olivera plantea el dilema en términos estructurales: las microfinancieras no parten desde cero, pero tampoco desde una posición cómoda.
- Tienen una ventaja clara en conocimiento del cliente y gestión del riesgo, especialmente en segmentos no atendidos por la banca tradicional. Pero compiten en un terreno para el que no fueron diseñadas.
- Las billeteras digitales no compiten desde el crédito, sino desde la frecuencia de uso. Operan con lógica de producto digital: simplicidad, rapidez y presencia en el día a día del cliente.
“No se trata solo de digitalizar procesos o tener una aplicación. El cambio es más profundo: las microfinancieras necesitan construir capacidades para estar presentes en el día a día del cliente. En la práctica, esto implica evolucionar hacia modelos tipo billetera digital, donde la interacción no sea ocasional, sino constante”
- El riesgo más silencioso que describe Olivera es, precisamente, el más difícil de detectar a tiempo: aunque el crédito siga estando en la microfinanciera, la interacción diaria puede migrar hacia billeteras. Y cuando eso ocurre, la entidad deja de ser el punto de contacto principal, perdiendo información, frecuencia y cercanía con el cliente.
- La exclusión de la capa transaccional no se detecta cuando caen los clientes, sino cuando cae el uso.
- Para medir ese riesgo antes de que sea visible en los estados financieros, Olivera propone tres métricas críticas. La primera es el ratio de fuga transaccional: qué porcentaje del dinero que ingresa a la institución se transfiere hacia otras plataformas. Si el flujo de salida es alto, la entidad está siendo usada como canal de paso. La segunda es la frecuencia de uso digital mensual: cuántas veces el cliente usa los canales digitales de la institución. No se trata de tener clientes registrados, sino de ser utilizado de forma recurrente. La tercera es el porcentaje de clientes transaccionales activos, segmentado entre ahorristas y clientes de crédito: una baja adopción entre los ahorristas es una señal crítica, porque debería ser el segmento naturalmente más transaccional.
- Desde Caja Arequipa, Lucar añade una cuarta dimensión de medición: el indicador P2M vs P2P, que distingue entre pagos a comercios y transferencias entre personas. Si una caja se queda solo en transferencias a contactos, pierde el día a día del comercio. La presencia en el punto de venta —la tienda, el mercado, el bodeguero— es lo que define la relevancia transaccional real de una entidad financiera.
- Las respuestas estratégicas posibles para las microfinancieras no son excluyentes entre sí, y distintas entidades parecen estar apostando por caminos distintos. Algunas cajas ya tienen en sus planes a corto plazo incursionar en pagos digitales, según confirmó Lucar. Otras evalúan la integración con billeteras existentes como canal de distribución. Unas terceras apuestan por especializarse aún más en el crédito, apostando a que la relación de financiamiento seguirá siendo suficiente para sostener la lealtad del cliente. La pregunta que ninguna ha respondido todavía de forma definitiva es si esa lealtad sobrevive cuando el cliente interactúa con otra aplicación docenas de veces al día.
“Debemos competir sobre rieles comunes con una experiencia de pago y cobro superior, preparando integración y gobierno de datos para aprovechar la interoperabilidad sin perder visibilidad de la relación con el cliente”
Bloque V: Los nuevos jugadores que aceleran el escenario
Si el crecimiento orgánico del ecosistema fintech peruano ya plantea presiones significativas para los actores tradicionales, lo que viene en los próximos meses podría acelerar el escenario de forma considerable. Hay varios factores externos convergiendo simultáneamente.El más citado en los círculos financieros de Lima es la próxima incursión de Revolut en el mercado peruano. La fintech británica —que opera con cerca de 70 millones de usuarios a nivel global y ofrece servicios bancarios, cambiarios, de inversión y de pagos desde una sola aplicación— representa exactamente el tipo de jugador integrado que los bancos tradicionales y las microfinancieras temen: una plataforma que puede capturar la capa transaccional y, desde ahí, expandirse hacia productos financieros de mayor margen.
- Ya está más próxima todavía la entrada de Prex, la billetera uruguaya que se encuentra en proceso de inicio de operaciones en Perú. A diferencia de Revolut, Prex tiene experiencia específica en mercados latinoamericanos de ingreso medio y ha mostrado capacidad de adaptación a contextos de alta informalidad económica. Su llegada añade un competidor más al ya saturado segmento de billeteras digitales.
- La banca tradicional, consciente de esta presión, parece estar evaluando una respuesta que algunos analistas ya anticipan: alianzas estratégicas con fintechs. El razonamiento es simple —aunque su ejecución no lo es—: si no puedes competir en experiencia digital con los nuevos jugadores, aliarte con ellos te permite mantener el core financiero mientras externalizas la capa transaccional a quien la gestiona mejor. Es una apuesta por la especialización de roles que, paradójicamente, podría darle más poder a las fintechs en la relación con el cliente final.
- Hay un dato de fondo que contextualiza toda esta disputa y que con frecuencia se omite en la discusión: todavía hay un 40% de peruanos sin bancarizar. El INEI estima que el 62.9% de los adultos tiene alguna cuenta, con una brecha urbano-rural significativa: 66.6% en zonas urbanas frente a 43.9% en zonas rurales. Ese 40% no bancarizado es, simultáneamente, la mayor oportunidad de crecimiento del sistema financiero peruano y el territorio donde la informalidad económica —y los modelos de evaluación de riesgo basados en datos transaccionales, sin garantías físicas— tienen mayor ventaja relativa sobre la banca y las microfinancieras tradicionales.
- El reporte del BCR documenta un fenómeno que ilumina esta tensión: el crecimiento más explosivo de los pagos digitales no está ocurriendo en Lima, sino en las regiones con menor bancarización. El número de transacciones diarias promedio a través de billeteras pasó de 9,200 en diciembre de 2024 a 15,000 en diciembre de 2025, un crecimiento del 63%. Y ese crecimiento fue de 60% a nivel nacional, pero llegó al 63% en las ocho regiones con menor bancarización del país. El celular está llegando antes que el banco.
- La lógica es directa: para abrir una cuenta bancaria hace falta ir a una agencia, cumplir requisitos, a veces viajar horas. Para descargarse una billetera digital, basta con un teléfono y señal. En un país donde la geografía ha sido históricamente una barrera para la inclusión financiera, el celular está haciendo lo que el banco no pudo. La pregunta es si ese nuevo usuario —que se bancariza por primera vez a través de una billetera, sin pasar nunca por una agencia— terminará siendo cliente de una entidad financiera tradicional o si su relación con el sistema financiero quedará mediada permanentemente por la plataforma digital que lo incorporó. En el frente regulatorio, el sandbox de la SBS —modificado en noviembre de 2025 para ampliar el plazo máximo de pruebas piloto de 12 a 18 meses, permitir ejecución colaborativa entre empresas y habilitar el acceso directo de empresas no supervisadas— baja aún más las barreras de entrada para nuevos actores. La apuesta del regulador es que más competencia produzca mejores servicios y menores costos. La apuesta de los actores tradicionales es que la regulación también exija estándares que los nuevos jugadores no puedan cumplir fácilmente. Ambas apuestas están en juego simultáneamente.
Bloque VI: El costo de los pagos y la pregunta que nadie ha respondido
- Hay una dimensión de este proceso que el debate sobre disrupciones y nuevos jugadores tiende a opacar: el costo real de los pagos digitales para quienes los aceptan. Porque mientras el sistema crece y los hábitos cambian, alguien está pagando la cuenta. Según el reporte del BCR, la tasa de descuento promedio —el porcentaje que un comercio cede al banco y al proveedor del POS por cada pago con tarjeta— pasó de 2.81% en diciembre de 2024 a 2.84% en diciembre de 2025. Puede parecer un cambio marginal, pero en la práctica significa que un negocio que vendió S/10,000 al mes con tarjeta en 2025 pagó S/284 en comisiones, frente a S/281 el año anterior. Multiplicado por miles de operaciones al año, ese diferencial empieza a pesar.
- Los microcomercíos —el segmento más vulnerable por su menor poder de negociación— pagaron tasas de hasta 3.00% en 2025. El canal no presencial, es decir los negocios que venden por internet o aplicaciones, registró las tasas más altas: 3.13%. Eso significa que un emprendedor que migró al comercio digital pensando en reducir costos paga más comisiones que uno que atiende en persona.
- Las gasolineras experimentaron uno de los incrementos más notorios, pasando de 1.59% a 1.94%. Los supermercados y farmacias redujeron ligeramente sus tasas. Los restaurantes mejoraron su situación, bajando de 2.88% a 2.35%. El sistema crece, pero el crecimiento no distribuye sus beneficios de forma pareja. El nuevo Reglamento General del Sistema Nacional de Pagos —vigente desde el 1 de abril de 2026— apuesta a que más competencia entre proveedores de pago, más actores supervisados y más billeteras formales terminen reduciendo estas comisiones en el mediano plazo. Es una apuesta regulatoria razonable, pero cuyos efectos todavía no son visibles en las cifras.
- Hay, además, una brecha de acceso que los números globales de crecimiento tienden a ocultar. El 86% de los peruanos todavía usa efectivo para al menos una transacción cotidiana. Solo el 6% emplea al menos un instrumento de pago digital en sus compras del día a día. Y apenas el 14% usa tres o más instrumentos distintos de forma combinada. La brecha se profundiza por nivel socioeconómico: en los sectores A/B, el 55% usa tres o más instrumentos de pago; en los sectores D/E, esa cifra cae al 17.4%.
Las stablecoins y el siguiente frente de disrupción
- El reporte del BCR cierra con un tema que está generando debate en todo el mundo: las stablecoins, o monedas estables. A diferencia del bitcoin —cuyo precio fluctúa de forma impredecible—, las stablecoins son criptomonedas diseñadas para mantener un valor fijo, generalmente anclado al dólar.
- En los últimos años han crecido como instrumento de transferencia de valor y depósito de ahorro, especialmente en países con economías inestables.
- El BCR reconoce que estas monedas ofrecen ventajas tecnológicas reales —rapidez, bajo costo, acceso sin intermediarios bancarios— y que su uso ha crecido significativamente a nivel global.
- Pero también advierte sobre sus riesgos: están desintermediando al sistema financiero tradicional, debilitando la capacidad de los bancos centrales de supervisar el flujo de dinero; generan riesgos de liquidez para quienes las emiten; y plantean desafíos regulatorios que los marcos legales actuales no están del todo preparados para enfrentar. La postura del BCR no es de rechazo, pero tampoco de entusiasmo acrítico. Es la de un regulador que observa con atención y advierte que el crecimiento acelerado de estos instrumentos exige respuestas a nivel internacional, no solo local.
Conclusión: ¿Evolución o disrupción? Las dos cosas al mismo tiempo
- La pregunta que articula este análisis —¿estamos viendo una evolución del sistema financiero o una disrupción donde los bancos y microfinancieras podrían perder protagonismo frente a los nuevos rieles de pago? — tiene una respuesta incómoda: las dos cosas, simultáneamente, pero a velocidades distintas para distintos actores.
- El sistema financiero peruano no está siendo destruido. Está siendo estratificado. La capa transaccional —la más cotidiana, la más frecuente, la que genera datos y fidelidad— se está desplazando hacia las billeteras digitales y los nuevos operadores. La capa de productos financieros tradicionales —crédito, ahorro, seguros, cambio de divisas— sigue en manos de la banca y las microfinancieras. El problema, como señala Olivera con claridad, es que quien controla la primera pronto tendrá ventaja para disputar la segunda.
- Hay dos lecturas del escenario que los especialistas consultados comparten, aunque con matices distintos. La primera: hay una separación más clara de roles. Los bancos resguardando el core financiero y las billeteras capturando la capa transaccional. Pero esa separación no es estable: es el punto de partida de una disputa, no su resolución. La segunda: el reto no es si las microfinancieras participan o no en pagos, sino cómo se integran estratégicamente a ese nuevo ecosistema —interoperabilidad, alianzas, datos—. Las que no respondan esa pregunta con hechos concretos en los próximos dos o tres años corren el riesgo de descubrir, demasiado tarde, que han perdido algo más valioso que una línea de negocio: han perdido la relevancia cotidiana para sus clientes.
- Marco Lucar y Caja Arequipa articulan la respuesta posible desde el lado de las microfinancieras con honestidad estratégica: competir sobre rieles comunes con experiencia superior, capturar pagos a comercios, recaudos y cobranza digital, y convertir los datos transaccionales en ventaja para la originación de crédito. Es un plan razonable. Pero requiere inversión, capacidades tecnológicas y una velocidad de ejecución que no es natural en entidades diseñadas para la relación presencial y el análisis en campo.
“Quizá el reto no es si participamos o no en pagos, sino cómo nos integramos estratégicamente a ese nuevo ecosistema: interoperabilidad, alianzas, datos. ¿Las microfinancieras deberían competir, integrarse o especializarse?”
- Lo que está claro, a la luz de todos los datos disponibles, es que la pregunta central que planteó Olivera no es retórica: ¿el que controla los pagos termina controlando la relación con el cliente? Si eso ocurre —y hay razones sólidas para pensar que sí—, las entidades financieras que no participen activamente en la capa transaccional quedarán detrás del cliente, perdiendo visibilidad y capacidad de ofrecerle nuevos servicios. Quedarán, en el mejor de los casos, como infraestructura invisible. Y en el sistema financiero, la invisibilidad tiene un costo que no aparece en ningún balance, pero que se acumula en silencio: la pérdida de la relación.
- El sistema de pagos peruano cerró 2025 con cifras que confirman una transformación irreversible. Lo que viene —Revolut, Prex, Finanzas Abiertas, pagos transfronterizos, stablecoins— sugiere que el ritmo de cambio no va a desacelerarse. La reconfiguración silenciosa del sistema financiero peruano lleva ya varios años en marcha.
- Pero el momento en que los actores tradicionales deberán tomar decisiones que definirán su posición para la próxima década es, precisamente, ahora.
- El que controla los pagos controla la relación: tres tesis para entender el nuevo escenario

¿Yape y Plin se están quedando con el cliente o solo con una parte de la relación?
- No se están quedando con todos los clientes, pero sí con la parte más valiosa: la interacción diaria. El cliente puede seguir teniendo su crédito o sus ahorros en una caja, pero cada vez usa más las billeteras para pagar, transferir y operar en su día a día. Esa frecuencia les permite acumular información, generar hábito y posicionarse como la primera opción cuando surge una necesidad financiera. Más que quedarse con el cliente, lo que están haciendo es redefinir desde dónde se construye la relación. Y en ese nuevo escenario, no gana quien tiene al cliente registrado, sino quien es utilizado todos los días.
¿El celular solo cambió el canal o cambió algo más profundo?
- Cambió el estándar de experiencia que el cliente espera, y eso lo cambia todo. Las billeteras han redefinido lo que se considera normal: rapidez, simplicidad, disponibilidad inmediata. Las cajas ya no compiten entre sí ni solo con otros bancos: compiten con la mejor experiencia digital disponible en el mercado. El celular convierte al sistema financiero en algo permanente.
- El cliente ya no interactúa en momentos puntuales, sino todos los días, construyendo una relación continúa basada en el uso. Por eso no es un avance natural: es un cambio estructural en la forma en que el cliente se relaciona con el sistema financiero.
¿Las Finanzas Abiertas nivelan el campo de juego para las microfinancieras?
- Nivelan el acceso, pero no la capacidad de competir. Ese es el matiz que no debe perderse. Las Finanzas Abiertas permiten que distintas entidades accedan a datos e infraestructura, reduciendo barreras de entrada. Pero el acceso a la información no garantiza la capacidad de transformarla en mejores productos o experiencias. El verdadero diferencial no estará en quién tiene los datos, sino en quién puede interpretar el comportamiento del cliente y construir propuestas relevantes en el momento adecuado. Sin capacidades digitales y analíticas, el beneficio de la apertura es limitado. Las Finanzas Abiertas son una oportunidad, pero no sustituyen la necesidad de transformación.
“La exclusión de la capa transaccional no se detecta cuando caen los clientes, sino cuando cae el uso”
¿Qué métricas deben mirar las cajas para saber si están perdiendo la capa transaccional?
- La exclusión de la capa transaccional se detecta primero en frecuencia y participación de transacciones, no en utilidades. Con 1,255 millones de operaciones en billeteras y apps en diciembre de 2025, el benchmark ya no es “tener app”, sino cuánto del hábito transaccional pasa por nuestros canales. Las métricas críticas son el MAU transaccional propio, el share de pagos que los clientes ejecutan desde canales propios frente a terceros, y la cobertura de comercios activos cobrando. Si una caja se queda solo en transferencias entre personas, pierde el día a día del comercio. Hemos definido instalar un tablero semanal con alertas tempranas ante caídas persistentes en estos indicadores.
¿El crédito sigue siendo el ancla de la relación en segmentos de bajo ingreso?
- El crédito sigue siendo ancla, pero el pago se convirtió en un contacto cotidiano y en una fuente potente de señales. Los datos del BCR lo ilustran: el efectivo sigue siendo el instrumento más frecuente — 23 pagos al mes frente a 18 de las billeteras — pero los tickets ya son comparables: S/17 versus S/25. La competencia es directa en bajo monto. En ese contexto, los pagos —cobranza, recaudos, comercios— deben ser la puerta de entrada que mejora datos y servicio, para que el crédito llegue sustentado en una relación más frecuente y no solo en una evaluación puntual.
¿Los pagos móviles son un avance natural o un cambio radical para las cajas?
- Tecnológicamente puede parecer natural, pero en economía del negocio es un cambio radical. Lo radical está en el desplazamiento de inversión: menos dependencia del punto físico y más prioridad a tecnología, seguridad, antifraude y experiencia. Si una caja no es relevante en pagos por celular, pierde datos y frecuencia; si lo es, puede mejorar retención, recaudación y originación de crédito. Los pagos móviles deben tratarse como línea estratégica, con inversión explícita en resiliencia, no como una funcionalidad adicional.
¿Yape y Plin se están quedando con todos los clientes?
- No en sentido completo: el efectivo sigue siendo dominante en frecuencia y hay un segmento del 14% que opera exclusivamente en efectivo. Pero sí están capturando gran parte de la capa transaccional digital. La respuesta de las cajas no puede ser solo “presencia”: hay que competir por ubicación en el hábito —comercios, recaudos, cobranzas— usando la interoperabilidad para estar donde el cliente transacciona cada día.
- La ventaja de las cajas es que ya tienen la confianza construida con ese cliente; el desafío es no perder el contacto diario.
¿Las Finanzas Abiertas ayudan a las cajas a no quedarse atrás?
- Pueden ser un habilitador clave, pero solo si se traducen en capacidades operativas reales.La fase de iniciación de pagos que diseña el BCR puede reducir el riesgo de desintermediación total:aunque el front-end sea de un tercero, nuestros clientes podrían seguir pagando desde nuestras cuentas bajo reglas claras.
- La condición es cumplir estándares de seguridad, desarrollar APIs y gestionar consentimientos. En este entorno no gana quien tiene acceso a los datos, sino quien sabe convertirlos en valor para el cliente.