
Por Wilder Mayo M. / wilder.mayo@microfinanzas.pe
Artículo publicado en la edición 246 de la revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M246.pdf
- Martín Valencia, jefe de Estudios Económicos del Instituto Peruano de Economía (IPE), analiza las claves detrás de la reducción de la pobreza en 2025, explica por qué el Perú sigue rezagado frente al resto de América Latina, advierte sobre los 6,6 millones de pobres urbanos —la mitad en Lima y Callao— y propone un camino de salida basado en inversión privada, rediseño de programas sociales y acceso al crédito para emprendedores.
- El INEI confirmó que en 2025 el 25,7% de la población peruana —8,8 millones de personas— vive en pobreza monetaria, es decir, con un gasto per cápita mensual por debajo de S/ 462 (canasta básica total). La pobreza extrema, que mide a quienes no pueden cubrir siquiera la canasta alimentaria, valorizada en S/ 260 per cápita mensual, afecta al 4,7% de la población (1,6 millones de personas). Ambas cifras se mantienen significativamente por encima de los niveles prepandemia de 2019.
Los últimos datos del INEI muestran que la pobreza se redujo en 2025, pero el Perú sigue muy por encima de los niveles prepandemia. ¿Cómo evalúa ese resultado?
- Hay que leerlo en dos niveles. Por un lado, la pobreza sigue alta respecto a lo que era antes de la pandemia: en 2019 estábamos en 20,2% y hoy estamos en 25,7%, es decir, 5,5 puntos porcentuales más. Mientras que la mayoría de países de América Latina y el Caribe ya han logrado regresar a sus niveles prepandemia —o incluso superarlos—, el Perú no ha podido. Desde esa óptica, la lectura es negativa.
- Por otro lado, es importante reconocer que sí se logró una reducción importante en el último año. La pobreza cayó casi dos puntos porcentuales en 2025, sacando a unas 567.000 personas de esa condición. Y eso fue posible gracias a tres factores concretos: la inversión privada creció alrededor de 10%, uno de los crecimientos más altos desde 2012 si excluimos el rebote estadístico de 2021; el empleo formal privado creció más del 6%, también una tasa bastante alta; y los ingresos reales en Lima crecieron a su mayor ritmo en más de diez años.
- Todo eso, combinado con una inflación moderada de apenas 1,5%, contribuyó a que más familias puedan superar la línea de pobreza, que el INEI fija en S/ 462 per cápita mensual para la canasta básica total.
- Dicho de otra manera: si miramos el mediano plazo, todavía falta muchísimo por recorrer. Pero la dirección del último año fue positiva, y eso importa.
- La inversión privada creció alrededor de 10%, el empleo formal privado creció más del 6% y los ingresos reales en Lima crecieron a su mayor ritmo en más de diez años
¿Por qué el Perú no ha logrado volver a los niveles de pobreza prepandemia como sí lo hicieron sus vecinos?
- Hay tres razones estructurales que se entrelazan y que explican este rezago.
1-La primera es que la pobreza se ha concentrado en los residentes urbanos, y eso la hace más difícil de reducir. La línea de pobreza urbana —hoy en S/ 490 per cápita mensual, frente a S/ 342 en el área rural— ha crecido mucho más rápido que los ingresos de las familias en las ciudades. El costo de vida en Lima y en otras ciudades intermedias se encareció significativamente en los últimos años, mientras que los salarios no subieron al mismo ritmo. El resultado es que muchas familias que antes eran consideradas no pobres cayeron debajo de esa línea.
2-La segunda razón es que los programas sociales no se han adaptado al nuevo perfil de la pobreza.Los sistemas de focalización —los mecanismos que el Estado usa para identificar a quiénes están en pobreza y entregarles beneficios— fueron diseñados para encontrar pobreza rural. Son buenos para detectar a una familia en una comunidad andina sin agua potable, pero son lentos e ineficientes para identificar a una familia que vive en un asentamiento humano en el cono de Lima y que cayó en pobreza hace dos o tres años.
3-La tercera razón es la deficiente provisión de servicios básicos, especialmente en zonas urbanas periféricas. La pobreza muchas veces está asociada a viviendas informales donde no llega agua de calidad o electricidad adecuadamente. En los últimos cinco años no ha habido suficiente avance en la eficacia de la inversión pública en ese frente.

LÍNEAS DE POBREZA 2025 (INEI)
Pobreza total (nacional): S/ 462 per cápita mensual | Área urbana: S/ 490 | Área rural: S/ 342
Pobreza extrema (canasta alimentaria): S/ 260 per cápita mensual
Lima Metropolitana y Callao: S/ 568 per cápita mensual (la más alta del país)
Mencionó la pobreza urbana. ¿Cuál es la magnitud real del problema en Lima Metropolitana?
- Es enorme y creo que no está suficientemente reconocida en el debate público. En la zona urbana del país hay aproximadamente 6,6 millones de pobres hoy. Y de esos, cerca de 3,2 millones están en Lima Metropolitana y el Callao. Es decir, prácticamente la mitad de todos los pobres urbanos del Perú se concentra en la capital.
- Eso es un cambio dramático respecto a 2019. Antes de la pandemia, Lima Metropolitana tenía una tasa de pobreza de alrededor del 14%. Hoy esa tasa se acerca al 27,3%, prácticamente el doble.
- Es un fenómeno sin precedentes recientes en la historia social del país: la ciudad más rica del Perú acumula hoy más pobres que antes de la pandemia, incluso en términos de pobreza extrema, que en Lima subió a 3,6% mientras en el resto del país la tendencia fue a la baja.
- Y el problema no es solo el número. Es que esta pobreza urbana es más costosa de atender, más difícil de identificar, más heterogénea en sus causas y está más expuesta a eventos adversos cotidianos: el aumento de las tarifas de transporte, la violencia en ciertos distritos, la pérdida del empleo informal, una enfermedad sin seguro.
- Los pobres urbanos tienen menos activos y menos redes de contención que los rurales.
De los 6,6 millones de pobres urbanos, cerca de 3,2 millones están en Lima Metropolitana y Callao. La mitad de todos los pobres urbanos del Perú en la capital
El informe del INEI muestra que el 32,8% de la población está en situación de vulnerabilidad monetaria, es decir, no son pobres hoy, pero están en riesgo. ¿Quiénes son estas personas?
- Son personas que viven en hogares cuyos gastos sí superan la línea de pobreza —los S/ 462 per cápita mensuales que el INEI fija como umbral mínimo—, pero que no han alcanzado una seguridad económica consolidada como para considerarse clase media. Técnicamente, el INEI las define como “no pobres vulnerables”: su gasto per cápita está por encima de la línea de pobreza, pero por debajo de la línea de vulnerabilidad, que corresponde a 1,5 veces ese valor.
- Son familias que suelen tener empleos informales o precarios, con ingresos que no son constantes en el tiempo. Su capacidad de ahorro es mínima o nula y su acceso al crédito formal es limitado. Ante cualquier evento adverso —un Fenómeno del Niño, un terremoto, una pandemia, quedarse sin empleo, o simplemente un alza rápida en los precios del transporte y los combustibles como la que estamos viendo ahora—, pueden perder ingresos y volver a ser pobres monetarios.
- Esta población representa el 32,8% del total del país según los últimos datos del INEI, lo que equivale a aproximadamente 11,3 millones de peruanos. Y la paradoja es que, aunque no son contados como pobres, en términos de fragilidad vital se parecen mucho a los que sí lo son. Un hogar vulnerable que tiene cuatro miembros —el tamaño promedio de un hogar vulnerable es de 3,5 personas— no está lejos de una familia pobre que promedia 4,1 miembros.
INCLUSIÓN FINANCIERA POR CONDICIÓN DE POBREZA — 2025 (INEI)
- Población pobre con cuenta en el sistema financiero: 44,6% (vs. 23,3% en 2019)
- Población pobre extrema con cuenta en el sistema financiero: 38,7%
- Población pobre que usa billetera digital: 21,4% | Pobres extremos que usan billetera digital: 9,4%
- Población no pobre con cuenta en el sistema financiero: 62,3% | Que usa billetera digital: 40,2%
El INEI muestra que el 44,6% de los pobres tiene una cuenta en el sistema financiero y solo el 9,4% de los pobres extremos usa billetera digital. ¿Cómo lee esos datos?
- Con matices. El avance en inclusión financiera es real: en 2019, solo el 23,3% de los pobres tenía alguna cuenta en el sistema financiero. Pasar al 44,6% en 2025 es un salto importante, en buena medida gracias a la digitalización acelerada por la pandemia y a la expansión de las billeteras digitales. Pero los números también revelan cuánto falta.
- Que el 9,4% de los pobres extremos use billetera digital significa que la gran mayoría sigue operando exclusivamente en efectivo, sin historial crediticio, sin acceso a crédito formal, sin mecanismos de ahorro que rindan algún retorno. Eso los condena a los segmentos menos productivos de la economía y los hace muy vulnerables ante los prestamistas informales, cuyas tasas de interés son abusivas.
- El dato de la población vulnerable también es revelador: el 51,9% tiene cuenta en el sistema financiero, pero aún el 84,1% trabaja de manera informal. Es decir, muchos tienen cuenta bancaria, pero sus ingresos vienen de empleos sin contrato, sin protección social. La cuenta bancaria no basta para consolidar una clase media si el empleo que la respalda es precario.
El informe del INEI también muestra que el 89,1% de los pobres trabaja en el sector informal. ¿Por qué la informalidad es tan difícil de romper?
- Porque tiene raíces profundas en varios niveles simultáneos. Primero, hay una trampa educativa: el 94,7% de los trabajadores pobres con educación primaria o menos está en el sector informal.
- El mercado laboral formal tiene una demanda muy sesgada hacia trabajadores con mayor cualificación. Mientras no mejore la calidad educativa y el acceso a la formación técnica y superior, la formalización masiva es inviable.
- Segundo, hay rigideces regulatorias que desincentivan la formalización. Crear una empresa formal en el Perú sigue siendo burocráticamente costoso. Contratar a un trabajador formal implica obligaciones que muchas microempresas no pueden asumir. Las empresas de 1 a 10 trabajadores —que concentran al 72,4% de la fuerza laboral ocupada en el país según los datos de la EPEN— operan en un entorno donde la formalidad es económicamente racional solo si el negocio tiene cierta escala.
- Tercero, el Estado tampoco ha conseguido que la formalización sea atractiva: los servicios que recibe a cambio de formalizarse —salud, pensión— muchas veces son percibidos como de mala calidad o de difícil acceso. Si pago mis aportes al SIS pero no puedo conseguir atención médica oportuna, el incentivo para formalizarme es débil.
FORMALIDAD LABORAL POR CONDICIÓN DE POBREZA — 2025 (INEI)
- Pobres totales: 89,1% trabaja en el sector informal (10,9% formal)
- Pobres extremos: 96,1% trabaja en el sector informal (3,9% formal)
- Vulnerables: 84,1% informal | No pobres: 71,1% informal | No vulnerables: 61,9% informal
Los datos de la EPEN muestran que la tasa de desempleo juvenil (14-24 años) fue 9,6% en el primer trimestre de 2026, casi el doble de la media nacional. El subempleo juvenil alcanza el 56,1%. ¿Cómo se explica ese fenómeno?
- Hay algo importante que aclarar aquí: el problema no es tanto que los jóvenes no consigan ningún empleo.
- El verdadero problema es que los jóvenes con educación superior no consiguen un empleo de calidad que les permita avanzar.
- Lo que ocurre es que los empleos formales de mayor calidad están muchas veces ocupados por personas de mayor edad, en empresas cuya capacidad de contratación es lenta debido a rigideces en el mercado laboral.
- Si una empresa no puede contratar y despedir con la flexibilidad que necesita para adaptarse a los ciclos del negocio, va a pensar dos veces antes de contratar a alguien sin experiencia
- El resultado es que los jóvenes universitarios terminan su primer empleo en una microempresa informal, con baja productividad, y eso determina toda su trayectoria laboral futura.
- En términos concretos, el empleo juvenil en Lima Metropolitana no ha recuperado los niveles previos a la pandemia. Hay aproximadamente 130.000 jóvenes de entre 14 y 29 años menos empleados en Lima que en 2019. En los últimos meses hemos visto señales de recuperación respecto a 2025, pero la distancia con el 2019 sigue siendo grande.
- Y cada año que pasa con un joven subempleado o en informalidad es un año perdido en términos de acumulación de capital humano y experiencia laboral formal.
- Lo que se necesita es un shock regulatorio: simplificación de procesos para crear empresas, facilidades para contratar trabajadores jóvenes, reducción de los costos laborales no salariales para el primer empleo. Sin eso, el círculo no se rompe.
- Los jóvenes universitarios terminan su primer empleo en una microempresa informal. Eso determina toda su trayectoria laboral futura
Una característica común de los hogares pobres y vulnerables es que dependen del autoempleo o el emprendimiento informal. ¿Qué hacer desde el Estado para apoyarlos financieramente?
- Es un tema crítico y, lamentablemente, en los últimos años hemos dado un paso atrás importante. La ley de topes a las tasas de interés, aprobada en 2021, fue un error que está costando caro a los emprendedores más pequeños.
- Esa ley desplazó a miles de microempresarios del mercado financiero formal —principalmente de las cajas municipales, las cooperativas y las financieras, que son las entidades más cercanas a los emprendedores de base— y los empujó hacia el mercado informal de créditos, donde las tasas son mucho más altas, donde no hay protección legal y donde, en casos extremos, la cobranza puede poner en riesgo la seguridad personal.
- Las microfinancieras son el eslabón más importante para el crédito a los pobres y vulnerables. Si se las daña con regulaciones equivocadas, se priva a los emprendedores de su principal fuente de capital. Revisar o derogar esa ley de topes debería ser una prioridad.
- Más allá de eso, el segundo eje es simplificar brutalmente los procedimientos administrativos para la formalización de pequeños negocios. Si un emprendedor puede registrar su empresa en horas, con tramitación 100% digital y bajo costo, la formalización se vuelve racional.
- Y al formalizarse, accede al sistema financiero formal, al crédito con tasas razonables, a los programas de capacitación, a las licitaciones públicas.
- Es un círculo virtuoso que solo se activa si la puerta de entrada —el proceso de formalización— deja de ser un obstáculo.
Para cerrar: ¿cuál es la hoja de ruta mínima para que el Perú vuelva a reducir la pobreza a buen ritmo?
- Hay tres pilares que no pueden faltar.
El primero es la infraestructura básica: agua, saneamiento, electricidad e internet para los hogares que aún no los tienen. Especialmente en los asentamientos urbanos periféricos de Lima y otras ciudades.
- Ese cierre de brecha contribuye directamente a la calidad de vida y fortalece las capacidades de las familias para salir adelante. No es solo un tema social: es también inversión en capital humano productivo.
El segundo es la inversión privada. Necesitamos que vuelva a crecer a doble dígito de manera sostenida. Recuerden que entre 2005 y 2014, cuando la inversión privada crecía en promedio un 12% anual, la pobreza caía 3,5 puntos porcentuales por año. Ese es el ritmo que necesitamos recuperar.
- Y para lograrlo, el Estado tiene que generar las condiciones: estabilidad política, seguridad jurídica, reducción de la corrupción, tramitología simplificada para los grandes proyectos de infraestructura y minería.
El tercer pilar es el rediseño de los programas sociales. Hay que revisar los sistemas de focalización para que encuentren a los nuevos pobres urbanos —a esos 3,2 millones de personas en Lima y Callao— que los algoritmos actuales no están detectando.
- No se trata de gastar más necesariamente, sino de gastar mejor, de llegar a quien realmente lo necesita. Eso requiere actualización de los padrones, cruce de bases de datos, y quizás criterios de elegibilidad que incluyan variables urbanas como el alquiler de vivienda, el acceso a transporte o los gastos en educación de los hijos.
- Si estos tres pilares se implementan consistentemente, el Perú puede volver a reducir la pobreza a una velocidad de 3 a 4 puntos porcentuales por año.
- Eso permitiría regresar al 20% en pocos años. Pero si seguimos avanzando a dos puntos por año, esa meta está muy lejos.