
- Desde una apuesta temprana por las finanzas verdes hasta su llegada al mercado de capitales, Caja Cusco consolidó un proceso técnico que la llevó a emitir el primer bono subordinado climático y sindicado de una caja municipal en el Perú, con la mirada puesta en 2026.
- La emisión de bonos subordinados climáticos sindicados que Caja Cusco concretó a finales de 2025, proceso técnico y estratégico que se gestó durante varios años y que tuvo como punto de partida una apuesta temprana por las finanzas verdes y la atención a los clientes rurales más vulnerables.
- “Ha sido un camino arduo. Hemos venido planificando esto desde el año pasado, pero en realidad nace hace más de seis años”, explica Yovana Enríquez Tisoc, gerente Central de Finanzas y Control de Gestión de Caja Cusco. Según precisa, el objetivo de estructurar una cartera verde sólida estuvo desde el inicio ligado a la posibilidad de acceder, en el futuro, a instrumentos sostenibles en el mercado de capitales.
Apostando por la cartera verde
Ese origen se remonta a 2019, cuando la entidad decidió pilotear productos financieros verdes en cuatro agencias rurales. En ese entonces, la colocación apenas superaba los S/ 3 millones y atendía a poco más de 600 clientes.
“Este bono no nace en las oficinas de Caja Cusco, nace en el campo, en comunidades sin agua, en agricultores enfrentando cambios climáticos y población vulnerable y diseñamos productos para resolver problemas reales de nuestros clientes en zonas rurales”, señala Enríquez, quien destaca que se trató de un trabajo eminentemente técnico y progresivo.
- El despliegue inicial contó con el apoyo de aliados clave como Cofide, la Federación Peruana de Cajas Municipales y cooperantes internacionales, y con el paso de los años se fue robusteciendo con el acompañamiento de entidades como GIZ, Ministerio del Ambiente, Midagri, Universidad La Molina, Care, BID Invest, IFC, LAGreen, Water.org, Global Forest Watch, Sparkassenstiftung y otros actores clave. A partir de esas alianzas, la caja desarrolló productos innovadores orientados al agro sostenible, la preservación ambiental y el acceso a servicios básicos, sentando las bases de una cartera verde verificable, medible atractiva para inversionistas de impacto.
Los pioneros
Ese recorrido explica por qué, en abril de 2025, Caja Cusco dio un primer paso decisivo en el mercado de capitales al convertirse en la primera caja municipal en emitir bonos subordinados. La colocación, por S/ 20.5 millones a cinco años y con una tasa de 9.40%, tuvo como objetivo fortalecer el patrimonio efectivo de nivel 2 y respaldar el crecimiento del negocio, bajo un programa autorizado por la SBS hasta por S/ 150 millones. La operación permitió demostrar solvencia y abrir un nuevo canal de fondeo para el sistema de cajas municipales.
Con ese antecedente, el siguiente paso fue natural, pero más ambicioso: canalizar esa credibilidad hacia instrumentos con impacto ambiental y social. Así, en diciembre de 2025, Caja Cusco concretó la primera emisión de bonos subordinados sostenibles, climáticos y sindicados del país, dentro de un programa de hasta US$ 50 millones estructurado por la IFC. La primera emisión alcanzó el equivalente a US$ 30 millones, con la participación de la IFC y del fondo LAGreen, que aportó US$ 15 millones en moneda local.
De acuerdo con la entidad, estos recursos están contractualmente destinados a financiar la cartera verde y social: 60% a créditos verdes y azules, 30% a mujeres líderes de negocios y 10% a proyectos en la Amazonía. La operación se sustentó en un Marco de Bonos Sostenibles alineado a estándares internacionales ICMA y una lógica de taxonomía, desarrollado con asistencia técnica de LAGreen.
“Este bono sostenible subordinado marca un hito para Caja Cusco, al ser la primera emisión en el sector de microfinanzas del Perú”, afirma Enríquez. “El respaldo de IFC nos permite ampliar el financiamiento para proyectos que fortalecen las actividades sostenibles de los productores rurales, impulsando prácticas climáticamente inteligentes y generando nuevas oportunidades para miles de familias”,añade.
Para la ejecutiva, el impacto trasciende a la propia institución. “Es un hito no solo para Caja Cusco, sino para todo el sistema microfinanciero del Perú. Es el primer bono climático y además sindicado que se emite”, subraya. Según las proyecciones de la entidad, el programa completo permitirá atender a más de 100,000 clientes y beneficiar a igual número de familias en la próxima década.
Desempeño financiero y perspectivas
• El desempeño financiero acompañó este salto cualitativo. Al cierre de 2025, Caja Cusco sus utilidades respecto de 2023, mejoró sus ratios de solvencia —que alcanzaron 14.9%—, fortaleció su liquidez y logró una mejora en su clasificación de riesgo, resultados que, según la entidad, refuerzan la sostenibilidad del modelo.
- De cara a 2026, las perspectivas están claramente definidas. Caja Cusco apunta a que su cartera verde represente el 6% del total, consolidando este segmento como un pilar del negocio. Su plan estratégico se apoya en cinco ejes: foco en el cliente y su experiencia, transformación digital, sostenibilidad, rentabilidad y cultura organizacional. En ese marco, la entidad planea potenciar herramientas como su aplicativo móvil —que también funciona como billetera digital— y soluciones de evaluación crediticia en campo, además de incorporar proyectos vinculados a inteligencia artificial.
• “Las finanzas verdes no se construyen desde un escritorio, sino desde el campo, conociendo a nuestros clientes”, concluye Enríquez. Para Caja Cusco, ese aprendizaje fue el que, años después, le permitió llevar una cartera nacida en las zonas rurales hasta el mercado de capitales, y convertirla en el primer bono subordinado climático y sindicado emitido por una caja municipal en el Perú.