
Por: César Augusto Novoa Chávez
Economista – MAB (ESAN)
- Desde 2020, el sistema microfinanciero mundial dejó de ser sinónimo de “microcrédito” y entró en una nueva etapa la era de las microeconomías.
- El emprendedor de hoy ya no enfrenta solo la necesidad de financiar capital de trabajo, sino de sobrevivir en un entorno de volatilidad permanente ventas irregulares, informalidad persistente, shocks climáticos, inseguridad, costos logísticos crecientes y transformación digital acelerada.
- La inclusión financiera ya no puede medirse únicamente por acceso al crédito; hoy se mide por productividad real, resiliencia y confianza, la principal transformación global es contundente.
Las microfinanzas evolucionan hacia un sistema operativo del emprendedor, donde el crédito es solo una pieza dentro de un ecosistema integral de pagos digitales, ahorro funcional, microseguros, educación financiera aplicada, herramientas de gestión del negocio y analítica avanzada para originación y cobranza predictiva.
En este nuevo tablero, tienen ventaja los actores que controlan los datos y la relación transaccional del cliente billeteras digitales, plataformas de pago y prestamistas “data-native” que diseñan crédito sobre cashflow real y señales vivas, no solo sobre historial tradicional.
Esta digitalización viene con un riesgo crítico, la inclusión digital crece más rápido que la protección del consumidor. Fraude, suplantación, ingeniería social y “default invisible” se convierten en amenazas estructurales. La rentabilidad futura ya no dependerá solo del crecimiento comercial, sino de gobernanza, antifraude, protección de datos y gestión reputacional. En microfinanzas, la confianza será el activo financiero más importante.
¿Dónde está el Perú? El sistema peruano mantiene fortalezas históricas capilaridad, experiencia de campo, cultura de originación y conocimiento del cliente MYPE. Pero enfrenta tensiones crecientes costos operativos altos, digitalización desigual, multiendeudamiento competitivo, vulnerabilidad del ingreso informal y mayor presión social y regulatoria. La reputación regional ya no garantiza liderazgo: el mundo cambió las reglas.
- La prospectiva hacia 2036 muestra tendencias inevitables: consolidación del sector, crédito embebido en ecosistemas, cobranza predictiva, aumento del riesgo climático y territorial, mayor exigencia regulatoria de transparencia y un estándar superior de medición de impacto.
- El futuro será de las instituciones que logren el equilibrio rentabilidad + productividad + riesgo dinámico + impacto verificable. La conclusión es directa el microcrédito sin productividad fragiliza; la digitalización sin protección amplifica riesgos; y el crecimiento sin calidad posterga crisis. Perú aún puede liderar, pero solo si transforma su modelo con disciplina técnica y visión de largo plazo.