
- Los precios del petróleo han retomado un tono alcista en las últimas sesiones, impulsados por factores financieros y geopolíticos que siguen condicionando el sentimiento del mercado.
Tanto el Brent como el WTI avanzaron más de 1%, apoyados por coberturas de posiciones realizadas antes del fin de semana largo y por la cautela de los operadores ante posibles riesgos en la oferta. Este movimiento permitió que el Brent alcanzara la zona de $64.50 dólares por barril y el WTI la de $59.80 dólares por barril, consolidando así su cuarta semana consecutiva de ganancias.
El componente geopolítico continúa siendo uno de los principales catalizadores a corto plazo. Aunque el escenario base del mercado asume que la probabilidad de una acción militar directa de Estados Unidos contra Irán ha disminuido, persiste una prima de riesgo asociada a cualquier eventual escalada en Medio Oriente. La región concentra infraestructuras energéticas críticas y cualquier alteración en su estabilidad puede provocar movimientos abruptos en los precios internacionales del crudo.
En particular, el estrecho de Ormuz sigue siendo un punto neurálgico para la seguridad energética global. Por esta vía transita cerca de una cuarta parte del petróleo transportado por mar, lo que convierte a este corredor en un factor estructural de vulnerabilidad para el mercado. La sola posibilidad de interrupciones logísticas o tensiones militares en la zona suele bastar para activar coberturas y elevar las primas de riesgo en los contratos de futuros.
Sin embargo, el panorama no es exclusivamente alcista. En paralelo a estas tensiones, comienza a ganar peso la expectativa de un aumento de la oferta desde Venezuela, lo que ejerce presión bajista sobre los precios. La reactivación gradual de las exportaciones y la posibilidad de que más barriles ingresen al mercado internacional refuerzan la percepción de que el balance global podría inclinarse hacia una mayor holgura en los próximos meses.
A esta dinámica se suma un contexto más amplio de oferta relativamente abundante a nivel global. La disciplina productiva de algunos productores convive con la resiliencia de la producción estadounidense y con inventarios que, si bien no son excesivos, tampoco reflejan un escenario de escasez. Este equilibrio limita la capacidad del mercado para sostener subidas prolongadas únicamente sobre la base del riesgo geopolítico.
La demanda, por su parte, sigue siendo el principal factor de incertidumbre estructural. La evolución de la economía china continúa siendo determinante para el consumo de materias primas, y mientras no se observe una aceleración clara y sostenida en su actividad, el petróleo difícilmente encontrará un impulso adicional por el lado del consumo. Sin un repunte sólido de la demanda asiática, cualquier rally tiende a enfrentar techos relativamente rápidos.
En este contexto, muchos participantes del mercado coinciden en que el Brent no podría mantenerse dentro de un rango relativamente amplio pero definido, entre 57 y 67 dólares por barril. Este rango refleja el delicado equilibrio entre una prima geopolítica latente y unos fundamentos de oferta que, por ahora, no justifican un escenario de escasez estructural.
En conclusión, el mercado petrolero atraviesa una fase de tensión contenida, donde los factores emocionales y geopolíticos conviven con unos fundamentos que apuntan a una oferta cómoda. Las subidas recientes responden más a coberturas y a gestión de riesgo que a un cambio estructural en el balance global. Mientras no se materialicen interrupciones reales de suministro ni un repunte contundente de la demanda, el petróleo probablemente seguirá moviéndose dentro de rangos definidos, con episodios de volatilidad impulsados por titulares, pero sin una tendencia direccional sostenida de largo plazo.