
- Artículo publicado en la edición 243 de la revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M243.pdf
- La economista senior del Instituto Peruano de Economía (IPE) alerta que, mientras el sector corporativo se ha vuelto resiliente al ruido político, los jóvenes enfrentan desesperanza laboral y emigran. De cara a las elecciones, pide evitar propuestas populistas que pongan en riesgo la estabilidad fiscal.
- El PBI cerró el 2025 con un avance de 3.44%, por debajo de la meta del 3.5% del MEF y lejos del 4.5% promedio prepandemia. ¿Podemos decir que el Perú ha entrado en una etapa de “crecimiento mediocre” estructural o es una desaceleración meramente coyuntural?
- En este momento, la economía viene siendo impulsada por algunos factores coyunturales positivos. Hemos visto una recuperación en la confianza de las empresas y hay buenas cifras de empleo. Sin embargo, si nos comparamos con el desempeño que el Perú tenía hace una década o 15 años, notamos que no hemos podido recuperar ese mismo impulso, a pesar de que hoy tenemos un entorno internacional favorable, con precios de los metales en niveles récord.
- No hemos alcanzado, por ejemplo, el dinamismo de la inversión privada que se vio en el anterior superciclo de precios, entre 2012 y 2014, cuando la inversión llegaba a crecer a doble dígito y la economía llegó a expandirse hasta 8% en un año.
¿A qué atribuye entonces esta dificultad para retomar el dinamismo perdido?
- Lo que hemos observado en la última década es que el crecimiento potencial de la economía peruana se ha venido reduciendo. Esto se explica principalmente por la falta de reformas o la ausencia de políticas de largo plazo que incrementen la productividad. Necesitamos medidas que cierren las brechas de infraestructura, educación y salud; solo así los trabajadores podrán ser más productivos y, a su vez, ganar mejores salarios, mejorando el ritmo de crecimiento de la economía.
A esto se suma la necesidad de una mayor estabilidad política. No podemos estar cambiando de gobernantes a cada momento porque eso impide definir políticas de largo plazo. En los últimos gobiernos hemos visto más bien medidas cortoplacistas, como liberar los fondos de las AFP para dar liquidez temporal. Pero, ¿qué pasará cuando se agoten esos recursos? Hace falta enfrentar los problemas de fondo, como la empleabilidad de los peruanos. De hecho, el BCR ya estima que la economía crecerá alrededor de su potencial (3%) para este año, 2026 y 2027, un potencial que es más bajo que el de hace una década precisamente por esta falta de reformas estructurales.
El 2025 tuvimos términos de intercambio que no se veían en 70 años. En ese sentido, ¿qué tan sostenible es este crecimiento, considerando que seguimos dependiendo de la venta de minerales?
Ese es un punto crítico. A pesar del potencial geológico que tenemos y de los precios récord de los metales, no estamos aprovechando al máximo ni siquiera el sector minero. No hemos logrado repetir el ciclo de inversiones que tuvimos hace una década. Pero más allá de eso, esta dependencia de los minerales nos hace vulnerables. Lo que se requiere es impulsar otros sectores donde tenemos potencial. Somos un país biodiverso, con enormes posibilidades en otros recursos naturales.
¿Y qué se necesita para diversificar esa matriz productiva y no depender solo del precio de los metales?
- Lo que falta, justamente, es cerrar las brechas de infraestructura. Un ejemplo claro es la agroexportación, que tuvo su boom hace un par de décadas porque se aplicaron políticas específicas para el sector y se mejoró la infraestructura hídrica, aunque ese sigue siendo un reto pendiente en varias regiones. Cerrando esas brechas, podemos permitir que, en una economía de libre mercado, la inversión privada fluya naturalmente hacia esos sectores.
Para que se encadenen esas inversiones, el país necesita condiciones propicias para hacer negocios. No debería ser excesivamente costoso para una persona crear una empresa, ya sea en minería, comercio o servicios. Tampoco debería ser tan caro contratar personal de manera formal. Ese es el foco que debe tener el gobierno: agilizar el entorno para hacer negocios. Así, de manera natural, se desarrollarán los sectores donde encontramos mayor potencial productivo.
Menor inversión privada
El sector Construcción fue la estrella del 2025 con un crecimiento del 6.67%. Sin embargo, vemos un divorcio en la inversión pública: mientras el Gobierno Nacional cayó 10.39%, los Gobiernos Locales volaron al 19.56%. ¿Cuál es su lectura?
- La dinámica de la inversión pública en 2025 respondió a los ajustes para alcanzar la meta de déficit fiscal. Desde inicios de año se dieron señales de que se harían recortes, y eso se materializó principalmente en el Gobierno Nacional. Se redujo significativamente el presupuesto de la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN), que estaba a cargo de obras de prevención y reconstrucción en regiones como el norte del país. Ese fue el “sacrificio” para contrarrestar el gasto corriente, que crecía a doble dígito.
En cambio, los gobiernos locales y regionales mantuvieron un ritmo elevado, sobre todo en la primera mitad del año. Fue en el segundo semestre cuando la inversión del Gobierno Nacional se contrajo con fuerza para cumplir la meta fiscal, mientras que la construcción privada siguió su curso con mayor dinamismo.
El IPE menciona que el consumo y comercio se aceleraron por la liquidez de los retiros de AFP. ¿Este impulso de dinero rápido se mantendrá?
- Es probable que el impulso se mantenga, aunque con menor magnitud, durante el primer trimestre de este año. Sin embargo, si se repitiera una liberación de fondos en 2026, el impacto sería cada vez menor porque ocho de cada diez afiliados ya tienen sus cuentas en cero o casi en cero. Es una medida de liquidez temporal que termina afectando las futuras pensiones.
En esa línea de impulsos temporales a la economía, ustedes proyectan que la inversión privada se frenará en seco en 2026, bajando de un crecimiento de dos dígitos a apenas un 3.2% por el ruido electoral. Precise.
- Así es. Proyectamos que la inversión privada, que en 2025 habría cerrado con un crecimiento de doble dígito (alrededor de 10% u 11%, a la espera de las cifras oficiales), se desacelere a 3.2% en 2026. El consumo se mantendría más firme, sobre todo en la primera mitad del año, pero luego perdería inercia una vez pasado el efecto de los retiros de fondos. El mayor impacto del ruido electoral se dará en la inversión privada. En episodios pasados, siempre ha habido cautela entre los empresarios antes y después de las elecciones, dependiendo de los candidatos y los cambios de mando. Eso genera una pausa en los proyectos de inversión.
¿No hay entonces riesgo de una caída más pronunciada, considerando la inestabilidad política recurrente?
- No esperamos una caída, porque todavía tenemos un entorno favorable de precios de metales y una cierta resiliencia. Hemos pasado ya episodios más críticos, como el gobierno de Castillo, y ahora, con un presidente de transición, los cambios de fondo son menos probables a pocos meses de las elecciones. Pero esa resiliencia no debe confundirnos: el potencial al que deberíamos estar creciendo es mucho más alto. Con los precios actuales de los metales y un entorno internacional que aún no pierde dinamismo, deberíamos estar creciendo al 5% o 6%. Hemos perdido ese potencial por falta de reformas y porque hemos dejado de ser tan atractivos para la inversión en minería y otros sectores.

Desempleo juvenil
Más que resiliencia, ¿no es que el peruano ya ha perdido la esperanza en las autoridades políticas y sigue adelante porque no le queda otra?
- Hay que mirarlo desde dos ángulos. Por el lado de las empresas del sector privado, las expectativas han mejorado porque ya no se vislumbran retrocesos bruscos en la política económica como los que temíamos en el gobierno de Castillo, que fue el episodio más crítico de inestabilidad. Aunque hemos cambiado de presidentes en los últimos meses, las políticas de fondo no han variado significativamente, y eso genera cierta resiliencia en el mundo corporativo.
Pero por el lado de la población, especialmente de los trabajadores, la historia es distinta. Hay mucha desesperanza, sobre todo entre quienes buscan empleo y no lo consiguen. Esto se refleja en un fenómeno preocupante: el aumento de peruanos que salen al exterior a estudiar o trabajar. Estamos viendo una fuga de talentos que afecta la productividad promedio del país, concentrada principalmente en jóvenes menores de 30 años. El empleo en ese grupo se ha reducido drásticamente, y muchos ya ni siquiera buscan trabajo porque perciben que, con este o el próximo gobierno, las cosas no van a mejorar. Eso termina frenando aún más el potencial productivo del país.
Considerando que estiman que la inversión privada caerá de dos dígitos a solo 3.2% y que la inflación está controlada, ¿no debería el BCR dejar de ser tan cauteloso y bajar la tasa de manera más agresiva para dinamizar la economía?
- El Banco Central probablemente seguirá siendo cauteloso. Tiene que observar el comportamiento del dólar y la política monetaria de Estados Unidos para evitar una presión muy fuerte sobre el tipo de cambio. Además, existen riesgos latentes de corto plazo, como los fenómenos climáticos que siempre impactan en los precios de los alimentos y podrían generar presiones inflacionarias.
No vemos riesgos que exijan una política más restrictiva, pero las bajadas de tasas serán graduales. El BCR no se va a adelantar con recortes agresivos; más bien, iremos viendo una trayectoria lenta y prudente.
Hablemos del empleo juvenil, un tema en el que ustedes hacen hincapié. Los ingresos reales subieron 5.3% en 2025, pero el empleo de jóvenes entre 14 y 24 años sigue cayendo por cuarto año consecutivo. ¿Por qué ocurre esta paradoja?
- Es una situación alarmante. No solo está cayendo el número de jóvenes que trabajan, sino también la cantidad de jóvenes que siquiera buscan empleo. Y esto responde a barreras estructurales que se han agravado en los últimos años.
De por sí, para una empresa promedio es más costoso contratar a un joven porque tiene que invertir en capacitarlo y entrenarlo, especialmente si es su primera experiencia laboral. Las empresas más pequeñas, que son la mayoría, no tienen recursos para eso y terminan optando por trabajadores mayores de 30 años que ya tienen experiencia “en la cancha”.
Después de la pandemia, esa preferencia se ha acentuado: las empresas demandan menos menores de 30 años y se enfocan en quienes ya han adquirido habilidades laborales en sus primeros años de trabajo.
¿La pandemia profundizó este problema?
- Definitivamente. La pandemia interrumpió la continuidad educativa de muchos jóvenes, sobre todo de menores recursos. Algunos tuvieron que dejar la secundaria, otros pasaron a la virtualidad con calidad comprometida, y muchos perdieron sus primeras prácticas o experiencias laborales.
Ahora tenemos una generación que estaba en formación durante la pandemia y que sale al mercado laboral sin encontrar oportunidades. Los que tienen recursos se van del país a estudiar o trabajar; los demás simplemente se resignan y dejan de buscar.
Más allá de la pandemia, ¿hay problemas de fondo en la formación de los jóvenes?
- Sí, un problema que ya existía antes es la desconexión entre lo que los jóvenes estudian y lo que el mercado laboral demanda. Tenemos muchos programas enfocados en carreras universitarias cuando hay una gran demanda de trabajos de calidad para carreras técnicas.
Hay una desvalorización de la formación técnica y una falta de información entre los jóvenes sobre las oportunidades reales. A esto se suma el entorno de digitalización e inteligencia artificial, que hace aún más difícil el acceso al mercado laboral para quienes no tienen la capacidad de adquirir esas nuevas habilidades. El mercado se vuelve cada vez más exigente y muchos jóvenes se quedan atrás.
Para culminar, en un año electoral, ¿qué deberían exigir los peruanos a los candidatos presidenciales en materia macroeconómica?
- Lo primero es no repetir los errores de los años ochenta: no tener demasiadas empresas públicas ni intervenir la independencia del Banco Central. Es vital mantener la sostenibilidad fiscal. El año pasado, aunque se cumplió la meta de déficit, no se cumplieron otras metas de gasto total y corriente, y eso es una señal de alerta.
Hay candidatos que proponen gastos inviables o que se oponen a la inversión privada queriendo que el Estado intervenga en el libre mercado. También vemos propuestas populistas de subsidios y exoneraciones tributarias sin sustento técnico, que solo perforan los ingresos del Estado. Los peruanos deben exigir propuestas responsables, que no pongan en riesgo la estabilidad macroeconómica que tanto esfuerzo nos ha costado construir.