
- El actual escenario internacional, marcado por tensiones geopolíticas y un mayor uso de la política comercial como herramienta estratégica, plantea nuevos desafíos para el Perú como economía pequeña y abierta. Frente a este contexto, Mercedes Aráoz, investigadora del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico (CIUP), plantea la necesidad de actualizar la estrategia de apertura comercial del país y reforzar su competitividad de largo plazo.
- Las propuestas forman parte del estudio Acciones para contrarrestar la crisis de la globalización y las guerras comerciales en el Perú, elaborado en el marco de la iniciativa Agenda 2026: políticas públicas para retomar el desarrollo. El análisis señala que el entorno internacional actual difiere sustancialmente del que permitió consolidar la apertura comercial peruana desde la década de 1990.
- De acuerdo con la investigación, las principales economías están priorizando objetivos no económicos —como la seguridad nacional, la resiliencia de las cadenas de suministro, la sostenibilidad ambiental y la protección de derechos laborales— que, si bien son legítimos, generan distorsiones deliberadas en el comercio internacional y aumentan la incertidumbre para países como el Perú.
“Si bien el modelo de apertura comercial permitió elevar la productividad, atraer inversión extranjera y reducir la pobreza, el entorno global actual exige ajustes para sostener la inserción internacional del país”, señala Aráoz.
- El estudio identifica riesgos asociados al nuevo proteccionismo global, como la imposición de estándares ambientales y laborales más exigentes —algunas veces innecesarias y excluyentes— los efectos indirectos de disputas comerciales entre grandes potencias y el posible desplazamiento del Perú en cadenas de suministro estratégicas. Estos factores impactan en el comercio, el sistema financiero, la estabilidad monetaria y el acceso al financiamiento externo, afectando decisiones de inversión y crecimiento.
“Para una economía pequeña y abierta como la peruana, preservar la estabilidad macroeconómica y fortalecer la competitividad no es una opción, sino una condición para enfrentar shocks externos y mantener el crecimiento en un entorno global cada vez más incierto”, añade la investigadora del CIUP.
- Frente a este panorama, Aráoz propone una agenda de política pública basada en cinco ejes: preservar la estabilidad macroeconómica y la confianza de los inversionistas; mejorar la competitividad sistémica mediante infraestructura, conectividad digital y reformas en los mercados de factores; fortalecer la estrategia comercial y las capacidades de defensa frente a shocks externos; promover el desarrollo sectorial con una visión de largo plazo; y consolidar una gobernanza público-privada orientada a consensos en torno a una agenda nacional de desarrollo exportador.
- La investigadora subraya que estas medidas son clave para asegurar un crecimiento sostenible e inclusivo en los próximos años. Si bien algunas implican costos fiscales en el corto plazo, el análisis concluye que sus beneficios en términos de empleo, diversificación productiva y resiliencia económica superan dichos costos en el mediano y largo plazo.