José Luis Ramírez, experto en sostenibilidad financiera, revela cómo integrar los marcos globales en un modelo de cuatro pilares que prioriza gobernanza, estrategia dinámica, gestión de riesgo y métricas vinculadas a incentivos.

(*) Artículo publicado en la edición 232 de la revista Microfinanzas https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M232.pdf.
El cambio climático ya no es solo una amenaza ambiental, sino un factor disruptivo que redefine el riesgo empresarial y financiero. Así José Luis Ramírez, especialista en sostenibilidad financiera, resaltó que las empresas pueden convertir los desafíos climáticos en ventajas competitivas mediante una gestión integral de riesgos y oportunidades.
“Estos riesgos no solo afectan directamente a una empresa, sino que pueden impactar toda la cadena de valor”, advirtió Ramírez, durante su exposición en el webinar “Gestión ante el riesgo climático que podría afectar a tu empresa”, organizado por Rextie.
Por ejemplo, si un proveedor sufre interrupciones por eventos climáticos —como sequías o inundaciones—, esto podría elevar costos, retrasar pagos o incluso paralizar operaciones.
“El riesgo climático no se limita a lo físico. Hay efectos en ingresos, gastos, flujo de caja e incluso en el balance general. ¿Qué pasa si una maquinaria clave se pierde por un desastre? ¿O si nos endeudamos para cubrir insumos más caros?”, cuestionó el especialista. Por ello, insistió en que las evaluaciones deben abarcar toda la red de proveedores y clientes, no solo las operaciones internas.
Frente a este escenario, enfatizó que las empresas deben ir más allá de la mitigación de riesgos y buscar oportunidades. “La eficiencia energética es un ejemplo claro: reducir consumo no solo baja costos, sino que alinea a las empresas con demandas regulatorias y de consumidores”, señaló.
Además, resaltó la necesidad de adaptar productos y servicios a contextos climáticos extremos: “En Perú, donde la cultura preventiva es limitada, hay mercado para soluciones ante emergencias, sequías o excesos de lluvia”.
Enfoque estructurado
“El cambio climático exige un enfoque estructurado para transformar riesgos en ventajas”, dijo. Bajo esta premisa, detalló cómo los marcos del Task Force on Climate-related Financial Disclosures (TCFD) y el Committee of Sponsoring Organizations (COSO) ofrecen una hoja de ruta para que las empresas integren el riesgo climático en su ADN estratégico.
Precisó que ambos marcos, aunque diseñados para distintos propósitos, son complementarios. El TCFD —creado para estandarizar la reportaría financiera vinculada al clima— propone cuatro pilares: gobernanza, estrategia, gestión de riesgos, y métricas y objetivos. Por su parte, el COSO, referente global en gestión de riesgos corporativos, establece cinco elementos clave: gobierno y cultura, definición de estrategias y objetivos, evaluación del desempeño, revisión de riesgos, y comunicación transparente.
“La sinergia entre ambos permite crear un modelo de cuatro líneas de acción específico para el riesgo climático, sin reinventar la rueda”, explicó. Este esquema integrador, detalló, se articula así:
Gobernanza. Definir roles claros en la junta directiva y gerencia para supervisar la estrategia climática. “¿Quién aprueba las políticas? ¿Quién monitorea su cumplimiento? ¿Con qué frecuencia se reporta a los stakeholders? Sin una estructura de gobierno definida, las acciones quedan en el aire”, advirtió.
Estrategia. Incorporar riesgos y oportunidades en la planificación a corto, mediano y largo plazo. “El clima no es un riesgo estático. Las empresas deben proyectar escenarios: ¿Cómo afectará una sequía a los proveedores en cinco años? ¿Qué mercados emergerán con la transición energética? La estrategia debe ser dinámica y transversal”, señaló.
Gestión de riesgos. Identificar, evaluar e integrar los factores climáticos con otros riesgos empresariales. Aquí radica la innovación; no tratar el clima como un riesgo aislado, sino vincularlo a amenazas existentes (crédito, liquidez, operativos). “Si ya evaluamos el riesgo de un proveedor incumpliendo un pago, ¿por qué no añadir variables como su exposición a inundaciones?”, cuestionó. El proceso sigue tres pasos: identificación, evaluación y acción, priorizando impactos financieros.
Métricas y objetivos. Establecer indicadores para medir avances y ajustar acciones. “Sin datos, no hay gestión efectiva”, recalcó. Ramírez instó a definir KPIs (indicadores clave) para medir tanto riesgos (ej: costos por interrupciones en la cadena de suministro) como oportunidades (ej: ahorros por eficiencia energética). Además, propuso vincular estos indicadores a incentivos gerenciales para asegurar compromiso.
El experto enfatizó que el modelo no busca sobrecargar a las empresas con nuevos procesos, sino aprovechar sistemas existentes. “El COSO ya pide evaluar riesgos sociales o regulatorios. El clima debe sumarse a esa lista, no competir con ella”, afirmó.
Para ilustrarlo, por ejemplo: una empresa minera que, al analizar su riesgo hídrico, descubrió que optimizar el uso de agua no solo reducía costos operativos, sino que le abría puertas a financiamiento verde. Además, alertó que las empresas rezagadas enfrentarán no solo impactos operativos, sino también reputacionales y regulatorios.
“No es un tema de ‘si’ actuar, sino de ‘cuándo’”, concluyó. Las empresas que adopten estos marcos ganarán resiliencia, acceso a capital sostenible y ventajas en mercados emergentes (ej: tecnologías para sequías). Para los rezagados, el mensaje fue claro: “El clima no espera. Quienes no se adapten quedarán fuera de la ecuación económica del mañana”.
En un contexto donde el 60% de las empresas globales ya reportan bajo el TCFD (según Bloomberg), el webinar de Rextie posiciona estos marcos no como opcionales, sino como el nuevo estándar para competir en una economía descarbonizada.
