LAS MICROFINANZAS DEBEN OFRECER UNA DIVERSIDAD DE SERVICIOS FINANCIEROS

Escrito por Cesar Sanchez Martinez. Publicado en Mayo 2019

LEYENDA: Miles de pobres superaron su condición social mediante las herramientas de la industria microfinanciera.
© Diario CERTEZA

El papel del Estado en las microfinanzas

Cuando el economista y banquero Muhammad Yunus, Premio Nobel de la Paz en 2006, impulsó las microfinanzas en Bangladesh en 1974, pensó que esta herramienta sería el camino perfecto para ayudar a la población pobre del mundo a desarrollarse económicamente. Efectivamente, en pleno siglo XXI, las microfinanzas forman sistemas financieros como el acceso al crédito, la generación de ahorros y la cultura de seguros, elementos básicos para erradicar la pobreza de diversas partes del mundo.

En las microfinanzas el rol del gobierno debe ser de facilitador y no de un proveedor directo de servicios financieros. Cualquiera sea la concepción política de la administración gubernamental, el Estado juega un papel de suma importancia en el establecimiento de políticas públicas que incentiven el desarrollo de servicios microfinancieros. Es más, debería proteger los ahorros de la gente pobre que ve en las microfinanzas una herramienta de desarrollo social.

Los puntos claves que un gobierno puede hacer por las microfinanzas son entre otras cosas, mantener la estabilidad macroeconómica, que, en el caso peruano, según los principales indicares económicos va por buen camino. También debería prevenir topes en las tasas de interés y abstenerse de distorsionar el mercado con subsidios insostenibles y programas que se presten a la corrupción. Aunque la política cambiaria la fija el Banco Central de Reserva como entidad autónoma, los usuarios de la industria microfinanciera, requieren de cierto tratamiento que les ayuden a fortalecer su desarrollo social.

Desde esta perspectiva, la administración de gobierno puede apoyar los servicios financieros mejorando el ambiente para los emprendedores que requieren de tasas bajas para acceder al crédito. El éxito que las entidades microfinancieras han tenido para liderar este segmento se debe precisamente a las bajas tasas de interés que otorgan a sus microcréditos.

Incluso, organizaciones reguladas por la Superintendencia de Banca, Seguros y Administradoras de Fondos de Pensiones (SBS), mediante los denominados “bancos comunales” y “préstamos rotatorios” ofrecen tasas ínfimas para emprendedores de la microempresa.

Asimismo, el gobierno debe ser muy estricto con las prácticas deshonestas y mejorar el acceso a la infraestructura de los mercados. Es recomendable que sólo cuando no existen otros recursos, el gobierno puede garantizar el financiamiento hacia instituciones vinculadas con las microfinanzas.

Sin embargo, la verdad es que las personas de escasos recursos económicos necesitan una variedad de servicios financieros y no sólo préstamos. Al igual que el resto de la población, las personas pobres requieren de una amplia gama de servicios financieros que sean convenientes, flexibles y de costos razonables. Por ejemplo, dependiendo de las circunstancias, la gente pobre requiere ahorros, transferencias en efectivo y seguros.

Una mala señal que están brindando los bancos comerciales al sector de las microfinanzas es que sólo están otorgando créditos. En sociedades emergentes, urge que la población empobrecida aprenda usar el dinero desde diversas perspectivas. Se requiere enseñar a ahorrar, hacer transferencias en efectivo y tener seguros baratos y efectivos.

En economías desarrolladas como los Estados Unidos, España e Italia, los emprendedores, mal llamados en el Perú “micro o pequeños empresarios”, disponen de una variedad de seguros a costo menores. La cultura del ahorro y del seguro debe incentivarse en el país, empezando por los emprendedores.

También, las microfinanzas requieren de la construcción de instituciones financieras locales y permanentes. Es decir, la construcción de sistemas financieros para los pobres requiere de intermediarios financieros domésticos que puedan ofrecer servicios permanentes.

Esas instituciones deben ser capaces de movilizar y reciclar depósitos domésticos, extender créditos y proveer una amplia gama de servicios. Esta realidad ya la están cumpliendo el sistema de cajas municipales, Edpyme, cooperativas de ahorro y crédito y algunas ONG, pero no es suficiente para tanta necesidad.

Volviendo al tema de las tasas de interés, los topes pueden perjudicar el acceso de las personas pobres a los diversos servicios financieros. Cuesta mucho hacer varios préstamos pequeños que hacer pocos préstamos grandes, y por cierto que todos se inclinarán por lo segundo. A menos que los ahorristas puedan cobrar un interés que esté por encima de las tasas de los bancos comerciales, ellos no podrán cubrir sus gastos. De ahí que las instituciones de supervisión como la SBS, deberían fijar o sugerir tasas preferenciales orientados a emprendedores que solicitan pequeños montos de dinero.

Algo que no debe olvidarse nunca es el verdadero sentido de las microfinanzas. El microfinanciamiento es un campo especializado que combina la banca con metas sociales y requiere que la capacitación sea creada en todos los niveles, desde instituciones financieras mediante organismos de regulación y supervisión, así como de sistemas de información transparentes.