
(*) Artículo publicado en la edición 241 de la revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M241.pdf
- El Banco Mundial calcula que el 45 % del dinero ejecutado desde 2012 quedó en obras abandonadas; el monto no recuperado ya equivale al 2,3 % del PIB.
- “Los proyectos abandonados ya consumieron 2,3% del PIB en gastos no recuperables: estudios, movilización de maquinaria, compra de terrenos. Si se hubieran completado, el multiplicador de crecimiento de la inversión pública –estimado en 2,0– hubiera añadido 4,6 puntos adicionales de PIB acumulado. En otras palabras, Perú perdió el equivalente a dos años de crecimiento por no terminar lo que empezó”, revela el informe del Banco Mundial.
Perú invierte más que Japón y casi el doble que Chile, pero sus calles, escuelas y hospitales no lo parecen. Con 5% del PBI destinado a obra pública en 2024, el país se ubica 50% por encima del promedio de la OCDE. Sin embargo, cuatro de cada diez soles que se destinan a infraestructura se pierden en proyectos que nunca terminan.
El informe “Revisión de Finanzas Públicas: Movilizando recursos para la prestación de servicios y el crecimiento”, elaborada por el Grupo Banco Mundial, calcula que el 45% de los proyectos iniciados desde 2012 ya están abandonados, lo que representa el 17,3% del PBI acumulado: más de lo que el país gasta en salud y educación juntos en un año
La razón no es la falta de dinero, sino la forma en que se decide gastarlo. La descentralización exprés del sistema –63% de la inversión se maneja desde gobiernos regionales y municipios– se hizo sin controles. El resultado: 28 850 obras paralizadas a junio de 2023, cifra que se duplica cada tres años.
De SNIP a Invierte.pe
Hasta 2016 existía el SNIP, un sistema centralizado que exigía estudios de factibilidad y revisión independiente. Un proyecto de más de 20 millones de soles necesitaba, en promedio, 800 días entre su registro y la luz verde. La solución política fue abolirlo y crear Invierte.pe, una plataforma que prometía “desburocratizar” la inversión.
La velocidad sí llegó: los tiempos de aprobación cayeron a 20 días para obras menores y a 44 días para las grandes. Pero el precio fue la calidad. Se eliminó la revisión externa y se redujeron los estándares de preinversión: el 54% de los proyectos viables en 2023 solo presentó una ficha técnica de dos páginas, sin análisis de costo-beneficio ni alternativas de diseño.
- Los consultores, pagados apenas 0,5% del valor de la obra –un tercio de lo recomendado– entregaron carpetas copiadas de proyectos anteriores
El efecto fue una avalancha: en 2019 se aprobaron 20 711 nuevas obras, 34% más que en 2017, pero el presupuesto creció solo 8%. La tasa de ejecución financiera cayó del 55% en 2012 al 30 % en 2019. El sistema, diseñado para acelerar, terminó atascado.
Los tres eslabones rotos
El Banco Mundial identifica tres “eslabones débiles” que explican la parálisis. Primero, la planificación. Perú carece de un plan nacional de infraestructura con metas cuantificadas y horizonte de diez años. El PNISC 2022-2025 lista 80 proyectos “prioritarios”, pero no incluye costos ni fuentes de financiamiento.
Segundo, la desconexión entre la Programación Multianual de Inversiones (PMI) y el presupuesto. Más del 80% de las obras se meten al gasto durante la ejecución (PIM), sin pasar por el Congreso ni por la PMI.
Tercero, la “puerta trasera” presupuestaria. En 2023, el 83,8% de los proyectos nuevos ingresó por modificaciones de última hora.
- Los gobiernos locales llegaron a alterar su presupuesto 3,7 veces su monto inicial; los regionales, 2,9. La volatilidad del canon y las regalías –que dependen del precio del cobre y del oro– convierte cada año en un juego de ruleta.
La geografía del abandono
No todos los territorios pierden igual. Los distritos más pobres y con menor densidad poblacional concentran la mayor tasa de obras inconclusas. En la sierra sur, seis de cada diez proyectos están abandonados; en la costa central, dos. La razón: menor capacidad técnica, ingenieros que cobran por obra y no por hora, y alcaldes que cambian cada cuatrienio.
El modelo de regresión del Banco Mundial muestra que un proyecto financiado con recursos determinados –canon, sobretasa o donación– tiene 26,6 puntos porcentuales más de probabilidad de quedarse en la mitad que uno del tesoro.
Además, cuando una misma unidad de gasto recibe un proyecto nuevo, la probabilidad de que los anteriores se estanque sube 35%. El ciclo electoral potencia el efecto: en 2014, 2018 y 2022 la proporción de obras sin financiamiento siguiente año trepó al 40%.





El costo oculto
- Los proyectos abandonados ya consumieron 2,3% del PBI en gastos no recuperables: estudios, movilización de maquinaria, compra de terrenos.
Si se hubieran completado, el multiplicador de crecimiento de la inversión pública –estimado en 2,0– hubiera añadido 4,6 puntos adicionales de PBI acumulado. En otras palabras, Perú perdió el equivalente a dos años de crecimiento por no terminar lo que empezó.
El daño no es solo económico. La desconfianza ciudadana se traduce en protestas: en lo que va del quinquenio se han registrado 220 marchas por obras paralizadas, desde el hospital de Contamana hasta la carretera Pucallpa–Aguaytía.
Retos y oportunidades
En febrero de 2025 el gobierno aprobó los Lineamientos de Política Nacional de Inversión Pública (LPNIP). El documento promete volver a la lógica de “primero lo primero”: solo se podrán iniciar nuevos proyectos cuando esté garantizado el financiamiento de los anteriores.
- Propone además una “lista de preselección” publicada en julio de cada año, con el ranking de obras que competirán por el espacio fiscal sobrante.
El reto será la implementación. El MEF debe negociar con 25 ministerios y 196 gobiernos regionales y locales un tope creíble de gasto de capital. Además, necesita recuperar la capacidad de revisión: hoy solo tiene 35 ingenieros para evaluar más de 30 000 expedientes al año. El Banco Mundial sugiere crear umbrales de riesgo: proyectos de más de 50 millones de soles o unidades ejecutoras con historial de abandono superior al 30% deberán pasar por evaluación externa obligatoria.
Lecciones de afuera
Chile centralizó la aprobación en el Ministerio de Hacienda y redujo el abandono al 8%. Colombia introdujo “vigencias futuras” que blindan el presupuesto de las grandes obras por tres años.
Irlanda publica un “pipeline” de proyectos con fecha de inicio y fin, actualizado cada semestre.
El Reino Unido diferencia umbrales según el riesgo de la entidad: un municipio con buena calificación puede aprobar obras hasta 20 millones de libras sin pasar por Whitehall; uno con deuda morosa, hasta 5.
Perú optó por el camino opuesto: más velocidad, menos controles. Ahora debe corregir sin volver a los 800 días de trámite. La clave, según el informe, es combinar planificación estratégica, presupuesto descendente y revisión proporcional al riesgo.
La apuesta de 2026-2029
El próximo Plan Nacional de Infraestructura será el primer examen. Para evitar convertirse en una lista de deseos, deberá basarse en una auditoría física de lo que existe y en proyecciones de demanda a 2040.El Banco Mundial recomienda incluir costos de mitigación climática: Perú necesitará 9 000 millones de dólares en obras de adaptación antes de 2035.
- Si el MEF logra publicar en julio de 2026 una “lista corta” de 200 proyectos viables, con montos, fuentes de financiamiento y cronograma, habrá dado el primer paso. De lo contrario, los 5% del PBI seguirán siendo una cifra que engorda los discursos de campaña, pero no los huesos del país.