
Artículo publicado en la edición 248 de la Revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M248.pdf
Las lluvias ya inundaron cultivos en Tumbes, Piura y Arequipa, y el evento climático apunta a intensificarse hasta el verano de 2027. Mientras el Estado promete un seguro que cubre dos millones de hectáreas, cajas, financieras y cooperativas afinan sus modelos de riesgo para un sector que, para muchas de ellas, sigue prácticamente desprotegido.
- Piura, agosto de 2026. En la cuenca del río Chili, en Arequipa, entre 2,000 y 3,000 hectáreas de cebolla, papa, ajo, arveja y zanahoria ya sembradas están en la mira del Fenómeno El Niño (FEN). Más al norte, la crecida del río Tumbes ya inundó 600 hectáreas de cultivo a inicios de año, y en Piura el cauce del río permanece colmatado de sedimentos a pocos meses del pico de lluvias previsto para fin de 2026. Según la Asociación de Gremios Productores Agrarios del Perú (AGAP), el fenómeno afecta ya a más de 6,000 hectáreas a nivel nacional, con pérdidas estimadas en 290 millones de soles diarios si el evento se agrava.
- La Organización Meteorológica Mundial, la NOAA y el Senamhi coinciden: hay alta probabilidad de un Niño costero fuerte entre fines de 2026 y el verano de 2027, con un escenario que en Piura podría dejar entre 20,000 y 30,000 hectáreas directamente afectadas, según su director regional de Agricultura. El Instituto Peruano de Economía (IPE) va más allá: calcula que el fenómeno restará 0.8 puntos porcentuales al crecimiento del PBI en 2026 y 2027, dejando de generar cerca de 300,000 empleos adicionales por año, con una caída proyectada de 30% en la pesca y de hasta 25% en cultivos de agroexportación como mango, aceituna y arándano.
Para el sistema microfinanciero peruano —cajas municipales, cajas rurales, financieras, COFIDE y cooperativas de ahorro y crédito— la pregunta ya no es si El Niño va a golpear la cartera agropecuaria, sino cuánto, dónde y con qué colchón de protección.
- Microfinanzas conversó con actores del sistema y revisó los informes disponibles del IPE, la Sociedad Nacional de Pesquería (SNP), el Colegio de Economistas de Lima y el Banco Central de Reserva (BCRP) para mapear la exposición real del crédito agrario ante el nuevo FEN.
Un fenómeno que ya tocó tierra
El IPE advierte que el FEN pone en riesgo la recuperación de Piura, región que creció 4.3% en 2025, por encima del promedio nacional.
- Los sectores más vulnerables son la pesca, la manufactura y la agricultura: el sector pesquero ya perdió impulso por la suspensión de la primera temporada de anchoveta debido al calentamiento del mar, y la agricultura —que emplea a un tercio de la fuerza laboral regional— enfrenta riesgos similares a los del período 2023-2024, cuando las lluvias y plagas afectaron el 14.5% de las hectáreas cosechadas.
- A esos riesgos climáticos se suman brechas estructurales que amplifican el impacto. Piura es la segunda región con menor cobertura de desagüe del país, y solo el 9.4% de su población accede a agua con niveles adecuados de cloro. Frente a este escenario, el IPE plantea Obras por Impuestos y Asociaciones Público-Privadas como mecanismos para acelerar la infraestructura de prevención, aunque el ritmo de ejecución sigue siendo un obstáculo.
Durante su participación en el programa La Hora del Economista, Armando Mendoza, investigador en políticas públicas, recuerda que la ejecución presupuestal histórica ronda apenas el 60%, con 2,000 obras paralizadas en el país por disputas legales o falta de recursos.
- La SNP, por su parte, proyecta que solo en 2026 podrían perderse más de 78,000 empleos en la actividad pesquera industrial, un sector cuyo efecto multiplicador es significativo: por cada S/100 que genera, produce S/80 adicionales en transporte, comercio y servicios conexos. El gremio respalda las facultades legislativas solicitadas por el Ejecutivo para acelerar la reactivación del sector.
- La lectura no es enteramente pesimista. José Manuel Mesía, Decano del Colegio de Economistas de Lima, sostiene que la economía peruana mantiene una base estable —con crecimiento superior a 3%— pese a factores externos como el conflicto en Irán y un petróleo cercano a los US$100 por barril. Su apuesta es doble: consolidar Chancay como hub portuario regional y potenciar la industria del cobre, lo que —dice— podría llevar el crecimiento del país a un rango de 6% a 8% en el mediano plazo, siempre que la economía logre blindarse frente a los choques climáticos de corto plazo.
En 1983, el PBI cayó 10% por falta de preparación. La prevención frente a El Niño debe ser la prioridad inmediata del nuevo gobierno, el ‘punto cero’ de cualquier agenda económica. Jorge Guillén, profesor de los Programas de Finanzas de ESAN Graduate School of Business
El crédito agropecuario, entre la prudencia y el compromiso

Para las entidades microfinancieras, el desafío no es solo cuánto crédito agropecuario tienen en cartera, sino dónde está concentrado. Jesús Arenas, presidente de Caja Tacna, explica que la cartera agropecuaria de la institución representa menos del 4% del total, pero que el 31% de ese segmento se concentra en Madre de Dios, zona que —por el tipo de cultivo financiado— podría enfrentar una afectación más alta ante el FEN.
- La entidad ha realizado escenarios de estrés bajo dos supuestos, de menor y mayor adversidad climática. El resultado, según Arenas, es que el portafolio muestra hoy un mejor perfil de riesgo que hace un año, y que las variables macroeconómicas —PBI e inflación— junto con el factor climático representan una probabilidad de transmisión directa hacia la cartera menor de lo esperado.
- El riesgo más sensible para los deudores de Caja Tacna, subraya, no es solo climático: son los conflictos sociales, cuyo efecto sobre la calidad de cartera crece cuanto más se prolongan. Aun así, la proyección institucional es que el FEN podría afectar la capacidad de pago de la cartera agrícola en menos del 20%, dependiendo de la duración del fenómeno.
- Frente a ese escenario, Caja Tacna ya ajustó sus políticas: redujo los plazos de financiamiento, incorporó escenarios de estrés dentro de la evaluación crediticia, endureció el análisis sobre la calidad de los cultivos financiados y aplica un criterio más exigente para la captación de clientes nuevos según la zona geográfica y las garantías disponibles. Como red de contención, la entidad recurre a las directivas de reprogramación de créditos habilitadas por la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS), bajo lo que denomina “soluciones crediticias especializadas para la normalización de créditos”.
- Un punto crítico —y que Arenas admite sin rodeos— es la ausencia de cobertura de seguros. Caja Tacna no cuenta actualmente con seguros agropecuarios para sus clientes, aunque la entidad afirma estar en etapa de investigación de mercado para incorporar alternativas que mitiguen el impacto del FEN. Mientras tanto, su defensa es la prudencia interna: políticas crediticias que buscan mantener niveles de morosidad bajos incluso sin el respaldo de una póliza.
La mirada del consultor: pasar de restringir a gestionar

Para Cesar Hidalgo Montoya, consultor experto en microfinanzas, el verdadero riesgo del crédito agropecuario no radica en su peso porcentual dentro de las carteras, sino en su concentración geográfica y climática. Las entidades con presencia en la costa norte, parte de la sierra y ciertas zonas de la Amazonía —dice— concentran la mayor exposición a eventos hidrometeorológicos, y desde la alta dirección la prioridad debería ser administrar ese riesgo de concentración mediante mapas de exposición climática, monitoreo geoespacial y límites prudenciales por zona.
- Hidalgo Montoya identifica la baja penetración de los seguros agrarios como una de las principales vulnerabilidades estructurales del financiamiento rural en el país, una debilidad que traslada buena parte del riesgo climático hacia las propias entidades financieras. Su receta pasa por desarrollar mecanismos de aseguramiento masivo —incluyendo seguros paramétricos— con respaldo del Estado y del mercado asegurador.
- El consultor insiste en que el reto no es solo restringir el crédito ante el riesgo climático, sino gestionarlo con mejores herramientas: información satelital, evaluación diferenciada por cadenas productivas y mecanismos de aseguramiento que permitan sostener el acceso al financiamiento sin comprometer la solvencia de las entidades.En su diagnóstico, el principal riesgo sistémico no es únicamente el deterioro de la cartera, sino la eventual interrupción del flujo de crédito hacia miles de pequeños productores, lo que amplificaría los efectos económicos y sociales del fenómeno.
El Fenómeno El Niño debe dejar de analizarse como un evento coyuntural y convertirse en una variable permanente dentro de la estrategia de negocio, la gestión de riesgos y el gobierno corporativo. Cesar Hidalgo Montoya, consultor experto en microfinanzas
El 100% de nuestra cartera agropecuaria en zonas de riesgo está asegurada. José Sarmiento, gerente general de COFIDE

¿Qué porcentaje de su cartera corresponde al sector agropecuario y cuánta exposición tiene al FEN? Al cierre de junio, el 9.1% del total de colocaciones de COFIDE se concentra en el sector agropecuario, y el 100% de esa cartera está ubicada en regiones con mayor exposición al Fenómeno El Niño.
¿Qué parte de esa cartera cuenta con seguro agrario o multirriesgo? COFIDE otorga créditos principalmente a empresas mayoristas corporativas, que concentran el 99.5% del saldo agropecuario. El 100% de esas operaciones vigentes cuenta con seguros por todo riesgo que incluyen eventos climáticos y desastres naturales.
Han corrido escenarios de estrés para morosidad y provisiones? Se realiza un seguimiento permanente a los comunicados del Estudio Nacional del Fenómeno El Niño (ENFEN) y se mantiene una comunicación continua con los clientes a través de las distintas áreas que gestionan la cartera, con el fin de identificar posibles afectaciones. Sobre esta base y tomando como referencia los impactos históricos del Fenómeno El Niño (FEN) en nuestra cartera, se elaboró un informe de evaluación de los potenciales impactos sobre las operaciones y se identificaron los mitigantes correspondientes. Dicho informe fue presentado al Directorio, el cual concluyó que no se preveía que el FEN generara impactos materiales en nuestros clientes.
A lo largo de estos meses, se han venido realizando visitas de seguimiento para verificar las medidas que los clientes están adoptando con el fin de mitigar los efectos de un FEN fuerte. No obstante, dadas las nuevas proyecciones, en caso de materializarse un FEN fuerte o extraordinario, se podrían activar las cláusulas FEN para evitar incumplimientos.
¿Cambiaron sus políticas de crédito agropecuario ante el mayor riesgo climático? En el sector agropecuario, COFIDE otorga créditos principalmente a empresas corporativas (99.5 %) para aumentos en capacidad productiva. En ese sentido, la evaluación se realiza caso por caso. Por otro lado, la institución cuenta con un manual de políticas generales por tipo de financiamiento (empresarial, especializado y estructurado), sobre cuya base y considerando las características propias de cada operación, se establecen requerimientos diferenciados para la admisión y el posterior seguimiento de los clientes.
De esta manera, COFIDE goza de la flexibilidad necesaria para incorporar exigencias adicionales dependiendo de la coyuntura, a fin de fortalecer su posición en dichos financiamientos. No obstante, la entidad busca mantener relaciones de largo plazo con sus clientes, por lo que no aplicará una política crediticia restrictiva para el sector por la coyuntura actual.
¿Qué medidas aplicarían ante un FEN de la intensidad prevista? La mayoría de los contratos de crédito agrícola de COFIDE incluye cláusulas FEN que habilitan la reprogramación de operaciones. A ello se suman los seguros multirriesgo ya contratados y la posibilidad de otorgar facilidades adicionales sobre la base de la evaluación individual de cada cliente.
La brecha que separa al segundo piso de la punta de la cadena
- El contraste entre COFIDE y Caja Tacna resume, en dos cifras, la principal fractura del sistema: mientras el 100% de la cartera agropecuaria corporativa de COFIDE está asegurada contra eventos climáticos, Caja Tacna —una entidad que atiende directamente a productores más pequeños— no cuenta hoy con ningún cliente agropecuario cubierto por un seguro agrario. No es un caso aislado: la penetración de seguros agrarios entre los clientes de la micro y pequeña empresa rural sigue siendo baja en todo el sistema, según coinciden tanto Hidalgo Montoya como los propios gestores de riesgo consultados.
La diferencia se explica, en parte, por el tipo de cliente: COFIDE financia sobre todo a empresas agroexportadoras corporativas con acceso a mercados de seguros privados, mientras que las cajas, financieras y cooperativas atienden a productores familiares y medianos para quienes contratar una póliza privada suele ser costoso o simplemente no está disponible en su zona. Ahí es donde entra —o debería entrar— el seguro público.
El seguro que no siempre llega
- El Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri) sostiene que el Seguro Agrícola Catastrófico (SAC) cubre, para la campaña 2025-2026, a dos millones de hectáreas en los 24 departamentos del país, con un presupuesto superior a S/73 millones financiado al 100% por el Estado a través del Fondo de Garantía para el Campo y del Seguro Agrario (FOGASA). El SAC indemniza hasta S/1,000 por hectárea afectada por 18 eventos catastróficos —heladas, vientos fuertes, sequías, inundaciones, huaicos y lluvias intensas, entre otros— y su objetivo declarado es proteger, sobre todo, a la agricultura familiar.
- Sobre el papel, la cifra es generosa: dos millones de hectáreas equivalen a una porción significativa de la superficie agrícola nacional bajo riesgo climático. Pero el propio diseño del SAC revela sus límites frente al crédito microfinanciero. El seguro se activa por reporte del productor a la Agencia Agraria de su jurisdicción, que a su vez comunica el siniestro a la aseguradora designada; el pago llega recién después de que un ajustador evalúa los daños en campo, dentro de plazos que en campañas anteriores se han extendido varias semanas. Es una cobertura reactiva y post-siniestro, gratuita, pero no diseñada como una garantía crediticia que las entidades financieras puedan incorporar directamente en su evaluación de riesgo previa al desembolso.
- Esa desconexión entre el seguro estatal y el circuito del crédito microfinanciero es precisamente lo que Caja Tacna admite no haber resuelto todavía —no cuenta con seguros agropecuarios propios ni articulación reportada con el SAC— y lo que Hidalgo Montoya identifica como la vulnerabilidad estructural central del sistema: sin mecanismos de aseguramiento masivo integrados al producto financiero, gran parte del riesgo climático termina absorbido, silenciosamente, por el balance de las propias entidades.
- COFIDE es la excepción que confirma la regla: al operar con clientes corporativos de mayor escala, accede a seguros multirriesgo privados que cubren el 100% de su cartera agropecuaria vigente. Para el resto del sistema —las cajas municipales, las financieras y las cooperativas que sí llegan al productor de a pie— la pregunta de fondo sigue abierta: ¿cómo se articula un seguro público pensado para el productor individual con el apetito de riesgo de una entidad financiera que necesita previsibilidad antes, y no solo después, de que ocurra el desastre?
El SAC cubre 2 millones de hectáreas a nivel nacional, financiado al 100% por el Estado. Pero es un seguro que indemniza al productor después del siniestro — no una garantía que hoy esté integrada al proceso de evaluación crediticia de las microfinancieras. Jesús Arenas, presidente de Caja Tacna
El crédito se encarece
- El entorno climático adverso ya está alterando el comportamiento de las entidades financieras. Según una encuesta del BCRP, los bancos endurecerán los requisitos de financiamiento para empresas de todos los tamaños de cara a los próximos meses. La oferta de crédito aparece totalmente restringida para la pesca y sustancialmente más exigente para el agro, el transporte y el comercio, en momentos en que las campañas de fin de año concentran buena parte del riesgo de la cartera. Las entidades financieras, señala el BCRP, redoblarán la prudencia al evaluar la capacidad de pago en zonas y rubros vulnerables al FEN.
El Banco Central, en paralelo, ya ajustó a la baja su proyección para el sector agropecuario de 2026, de 2.5% a apenas 0.3% de crecimiento, tras confirmar que la agricultura se contrajo 0.30% entre enero y abril.
- La persistencia de altas temperaturas amenaza además el inicio de la campaña agrícola 2026-2027, que suele arrancar entre agosto y septiembre, alterando el comportamiento agronómico de cultivos frutales como el mango—que ya reporta problemas de floración en campos sin manejo técnico— y presionando también al olivo y al arándano, aunque en este último caso el impacto esperado sería menor al de 2023 gracias al recambio varietal y a mejoras en el manejo agronómico.
- Para las microfinancieras, este doble movimiento —menos ingresos esperados del productor y mayor cautela en el otorgamiento— tiende a reforzarse a sí mismo: cuanto más se restringe el crédito nuevo, más difícil resulta para el productor afectado acceder al capital de trabajo necesario para recuperar la próxima campaña, lo que a su vez eleva el riesgo de mora sobre la cartera ya colocada.
Cooperativas bajo la lupa
- El sistema cooperativo de ahorro y crédito (COOPAC), supervisado por la SBS y representado gremialmente por la Federación Nacional de Cooperativas de Ahorro y Crédito del Perú (FENACREP), tampoco escapa a esta presión. La propia federación ha advertido públicamente que sus cooperativas afiliadas —muchas de ellas con fuerte presencia en zonas rurales y agrícolas— deben prepararse para el impacto del FEN sobre los ingresos de sus socios, anticipando que las intensas lluvias podrían ocasionar pérdida de terrenos agrícolas, daños en canales de irrigación y caída de la producción.
- Clever Rojas Hernández, presidente del Consejo de Administración de FENACREP y gerente general de la Cooperativa de Ahorro y Crédito Norandino, confirma que el problema ya tiene nombre y geografía. El fenómeno, dice, golpea sobre todo la costa —Chiclayo, Piura— y el sur, por las sequías, y advierte que el sistema cooperativo enfrenta ese riesgo con herramientas todavía limitadas: el aseguramiento agrario, admite, es una tarea pendiente en casi todo el sector.
La respuesta que está probando Norandino —la cooperativa que Rojas Hernández dirige, y una de las más grandes del sistema COOPAC— es un seguro paramétrico desarrollado en alianza con el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego, la reaseguradora británica Blue Marble y La Positiva, que se viene trabajando desde el año pasado y que hoy opera como piloto dentro de la propia cooperativa. A diferencia del SAC de Midagri, un seguro paramétrico no indemniza en función del daño verificado en campo, sino de un índice objetivo —por ejemplo, niveles de precipitación o temperatura registrados por estaciones meteorológicas— lo que permite pagos más rápidos y una integración más directa con la evaluación crediticia. La aspiración de Rojas Hernández es que ese piloto escale: “sería interesante que esto tenga escala nacional para todo el sistema”, señala.
Consultado sobre qué porcentaje de los créditos que hoy desembolsan las cooperativas sale acompañado de un seguro previo, Rojas Hernández es categórico: “Hasta ahora casi ninguno; no hay esa práctica.” En el sector agrario —el más vulnerable al FEN— el sistema cooperativo simplemente no contaba, hasta antes del piloto de Norandino, con cobertura de seguros.
- Y frente a la pregunta de qué haría una cooperativa ante el impago de créditos ya golpeados por el fenómeno, la respuesta desnuda la fragmentación del sistema. “Es complicado porque depende del apetito de riesgo de cada cooperativa (…) No hay un seguro que cubra totalmente para eso hasta el momento”, afirma Rojas.
- El testimonio de FENACREP cierra el cuadro que también describen Caja Tacna y el consultor Hidalgo Montoya: el crédito agropecuario en las microfinanzas peruanas —bancos de desarrollo exceptuados— sigue operando, en su gran mayoría, sin el respaldo de un seguro que acompañe al desembolso. Los pilotos como el de Norandino, o la eventual articulación del SAC con la banca de desarrollo, son hoy la excepción que insinúa hacia dónde debería moverse todo el sistema.
Nos va a afectar y es complicado porque no tenemos muchas herramientas; deberíamos trabajar el tema de seguros, que no tenemos muy desarrollado. Clever Rojas Hernández, presidente de FENACREP y gerente general de COOPAC Norandino
¿Qué viene?
- El cuadro que emerge de estas conversaciones es el de un sistema microfinanciero que ha aprendido, desde El Niño costero de 2017 y el evento de 2023-2024, a levantar defensas internas: escenarios de estrés, límites de concentración geográfica, plazos más cortos, criterios más ácidos para nuevos clientes y cláusulas contractuales de reprogramación. Lo que no ha logrado resolver, todavía, es la pieza que en teoría debería quitarle presión al balance de las propias entidades: un seguro agrario que llegue, de forma articulada y ex ante, hasta el productor que financian las cajas, las financieras y las cooperativas —no solo hasta la gran empresa agroexportadora que ya accede a coberturas privadas por su cuenta.
- Con un FEN que la NOAA, el Senamhi y la Organización Meteorológica Mundial proyectan como fuerte y prolongado hasta el verano de 2027, y con el IPE anticipando un lastre de 0.8 puntos de PBI durante dos años consecutivos, la ventana para cerrar esa brecha entre el papel del seguro estatal y la práctica del crédito rural se está cerrando rápido. El piloto de seguro paramétrico que Norandino desarrolla con el Midagri, Blue Marble y La Positiva es, por ahora, una señal aislada de que el sistema busca una salida distinta a la reprogramación reactiva de siempre.
Si ese tipo de instrumento logra escalar —como pide su propio impulsor— antes de que el fenómeno alcance su punto más severo, la diferencia entre una cartera que resiste y una que se deteriora en cascada podría decidirse, en buena medida, en esa carrera contra el calendario.