
Artículo publicado en la edición 249 de la Revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M249.pdf
“Un seguro no evitará que ocurra una inundación o que la cadena de pagos se vea afectada por este evento. Pero puede evitar poner el punto final al negocio”
- Las fuertes lluvias de agosto son una alerta de lo que se prevé como un fenómeno El Niño de gran intensidad en el Perú. El país ya conoce esa historia. El Niño de los años 1997-1998 ocasionó pérdidas equivalentes al 6.2% del PBI de ese periodo, y luego un evento considerado moderado, como el de 2017, impactó en la población y golpeó a diversos sectores económicos. Hoy los huaicos, inundaciones, interrupciones de carreteras, cortes de servicios y daños en infraestructuras pueden afectar las actividades de las grandes empresas, pero lograrán recuperarse. En cambio, en la pequeña o microempresa puede ocasionar algo más grave: perderlo todo y dejar de funcionar.
- Un restaurante cerrado por deterioro o un comercio cuya cadena de abastecimiento se paraliza enfrentan una misma amenaza: que un evento climático afecte su capacidad de generar ingresos. Para las mypes, esa interrupción resulta especialmente crítica por vincularse con la economía familiar: el mismo negocio que paga a los empleados, a los proveedores, y las cuotas de un crédito, es también el que sostiene el hogar. Cuando deja de operar, el impacto trasciende el balance del negocio.
- Los antecedentes de El Niño, sumados a los frecuentes temblores en el país o los recientes terremotos en la región, han despertado una mayor conciencia sobre la necesidad de proteger el negocio frente a los desastres naturales. El desafío es transformar esa conciencia en una prevención real. Hay medidas que pueden reducir la vulnerabilidad de las mypes como revisar las condiciones de sus locales, identificar proveedores alternativos, mantener un fondo de contingencia o evaluar financiamientos que permitan recuperar el capital de trabajo. Pero hay una herramienta que debería formar parte de esa conversación con más frecuencia: el seguro.
- Un seguro no evitará que ocurra una inundación o que la cadena de pagos se vea afectada por este evento. Pero puede evitar poner el punto final al negocio. Dependiendo de la cobertura contratada, los seguros respaldan pérdidas de mercadería, daños en inmuebles y otros riesgos, ayudando a que una empresa tenga mejores condiciones para recuperarse y continuar. En Mibanco, por ejemplo, contamos con alternativas como Negocio Protegido, orientadas a acompañar a los emprendedores frente a contingencias que pueden comprometer la continuidad de sus actividades. Porque mientras una emergencia puede paralizar las operaciones durante días o semanas, los alquileres, el pago a proveedores y los gastos familiares no se detienen.
- En ese sentido, el seguro debe entenderse como un factor de resiliencia. No como un simple gasto o una opción que se evalúa cuando sobra presupuesto. Para muchos emprendedores puede ser una decisión de supervivencia y de continuidad del negocio, en especial cuando detrás está el bienestar de la familia.
- En la misma dimensión que aprender a ahorrar o manejar deudas, el emprendedor está en la ruta de aprender a protegerse para no retroceder. Por eso no es casual que, en Mibanco, sean las regiones del norte y nororiente del país quienes están adoptando más seguros. Mientras tanto el sector financiero y asegurador tiene el reto de desarrollar productos que encajen con las expectativas de estos clientes.
- Finalmente, cabe decir que la resiliencia no se construye cuando llega la emergencia. Se construye antes. Y en un escenario donde el clima puede golpear los ingresos de miles de mypes, anticiparse no es una señal de pesimismo: es una decisión empresarial para proteger la inversión de años de trabajo.
Porque un negocio resiliente no es aquel que nunca enfrenta dificultades. Es aquel que está preparado para levantarse y seguir adelante.