
Artículo publicado en la edición 249 de la Revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M249.pdf
Infraestructura vulnerable, presión sobre costos y exposición de las exportaciones obligan a pasar de la reacción a la prevención. Un escenario severo entre noviembre de 2026 y mayo de 2027 podría deteriorar de manera significativa el crecimiento y la estabilidad de precios.
- En el Perú, el Fenómeno El Niño ya no puede ser considerado solo como una emergencia climática. De igual forma, se asume también como un riesgo macroeconómico, fiscal, logístico y empresarial. Las intensas lluvias, los huaicos, el calentamiento del mar y los daños en carreteras, puentes, sistemas de agua, energía y comunicaciones pueden cortar cadenas de producción enteras, disminuir la oferta de alimentos, aumentar los costos del transporte y afectar las exportaciones tanto tradicionales como no tradicionales. Esta visión articula dos dimensiones que normalmente se consideran por separado: la de los efectos de El Niño en la economía y la de la necesidad de poner en marcha este proceso de fortalecer la resiliencia empresarial.
- Esta alerta tiene relevancia, ya que se produce ante un riesgo climático en un escenario de economía que aún presenta signos favorables, pero también de vulnerabilidad. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) en el Marco Macroeconómico Multianual 2027-2030, incrementó a 3,4% las proyecciones de crecimiento del PBI en 2026 y de 3,4% para 2027 sustentadas en la inversión privada y la demanda interna.
- No obstante, el propio MEF señala que los sectores primarios probablemente presenten una caída de -1,4% en 2026 a raíz de los efectos de El Niño Costero sobre pesca, manufactura primaria y agropecuario. Así, el riesgo climático ya está integrado en los escenarios macroeconómico oficial.
- El Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) manifiesta igualmente un cambio en las expectativas. La expectativa de inflación para los próximos 12 meses ha sido de 2.03% en enero de 2026, y de 3.05% en el mes de agosto, con ello, alcanzando casi el límite superior para el rango de la meta.
- Por el contrario, las expectativas empresariales de corto plazo se ubican en un terreno optimista, aunque debidamente volátiles a lo largo del año.
- En otras palabras, aún queda capacidad de crecimiento para el país, pero ahora es más complicada por la combinación de choques de oferta, presión por costos y riesgos de continuidad.
“El mayor riesgo del fenómeno El Niño no es exclusivamante la lluvia: es la parálisis simultánea de la actividad de la producción; infraestructura, logística, empleo, exportaciones y caja empresaria”
El primer canal: producción, alimentos y exportaciones
- El primer canal de transmisión es la producción. El excedente de lluvia y las temperaturas anómalas pueden afectar los rendimientos agrícolas, los sistemas de riego, los cultivos y el calendario de cosechas. En la pesca, el calentamiento del mar puede cambiar la localización y la disponibilidad de las especies.
- El daño no se detiene en el productor: va pasando por las plantas procesadoras, las transportistas, los mercados mayoristas, los exportadores y los comercios.
- La exposición exportadora es material. Del BCRP, en 2025 las exportaciones tradicionales fueron de US$ 69 428 millones y las no tradicionales US$ 23 405 millones. Dentro de las tradicionales son relevantes minería, pesca, petróleo y productos agrícolas tradicionales; dentro de las no tradicionales, la agroexportación y los productos pesqueros tienen un peso de importancia. Una situación de Niño severo podría alterar volúmenes, calidad, tiempos de entrega y costos logísticos.
- De allí que el efecto podría darse no solamente en el PBI sino en la balanza comercial, en la generación de divisas y en el empleo regional.
El segundo canal: activos estratégicos e infraestructura
- Una carretera cortada no significa exclusivamente una obra por restaurar. Una carretera interrumpida implica vehículos de carga parados, productos perecederos que no pueden llegar a su punto de destino esperado, mayores precios de combustible, caminos alternos, pérdida incluso de productividad. Una carretera interrumpida nos trae imaginerías muy similares a los problemas presentados por puentes, puertos, aeropuertos, sistemas de agua, energía, telecomunicaciones, activos logísticos que soportan la actividad económica.
- El AFIN ya dio cuenta de la vulnerabilidad de la infraestructura nacional. En el informe del 2016 recordó que el Niño Costero del 2017 causó el daño de 881 puentes (489 destruidos) y de 4 931 kilómetros de carreteras. También estima que la brecha de infraestructura puede ser mayor a US$ 117 mil millones. Eso significa que un episodio severo nuevo puede encontrar al país en déficits estructurales que pueden agravar el daño económico. Proteger corredores viales, puentes críticos, puertos, terminales, instalaciones energéticas, sistemas de agua y redes de comunicaciones ha de ser parte de la política económica y no de la gestión de la emergencia solamente.
El tercer canal: inflación y costo de vida
- Ante la disminución transitoria de la oferta alimentaria, y el aumento de costos logísticos, se produce una presión que llega hasta los precios finales. El efecto es especialmente alto para los hogares de menores ingresos que destinarán un mayor porcentaje de su presupuesto a alimentación y transporte. La situación es digna de observarse porque la inflación esperada a doce meses por el BCRP alcanzó el 3,05% en agosto de 2026, después de ubicarse en el 2,03% en enero.
- El riesgo de inflación no únicamente está relacionado con los alimentos. Al respecto, el MEF ha señalado que el incremento del precio del petróleo puede incrementar los costos de transporte y de producción, lo que a su vez generaría presiones inflacionarias. En caso de que estas presiones se presenten de forma concomitante a bloqueos de carreteras, pérdidas agrícolas, problemas pesqueros, mayores costos de reposición, el choque inflacionario se verá transmitido a un amplio conjunto de bienes y servicios.
El cuarto canal: caja, crédito y resiliencia empresarial
- Para las empresas, el dilema es la continuidad. Una empresa puede poder tener buenas ventas y ponerse vulnerable si sólo tiene una manera de llegar al cliente (una ruta), un único proveedor para una parte importante de sus costes, carece de inventarios o tiene una posición de caja muy ajustada. La resiliencia empresarial implica conocer cuánto tiempo dura ante una caída de ingresos, cuáles son sus costes excluyentes, qué activos tiene que puede usar para monetizar y cuáles son las operaciones que no le conviene parar.
- Lo más inmediato son las medidas concretas: proveedores alternativos, inventarios críticos (del tipo ABC), seguros adecuados, respaldo de información, rutas de contingencia, proteger los almacenes, protocolos de emergencia, diversificación de clientes o un mínimo de liquidez.
- También es relevante revisar aquellos activos improductivos o infrautilizados (edificios, inventarios excesivos o cuentas por cobrar) que puedan ser convertidos de forma ordenada en liquidez que permita financiar continuidad, inversión o amortización de deuda.
“La resiliencia empresarial implica conocer cuánto tiempo dura ante una caída de ingresos, cuáles son sus costes excluyentes, qué activos tiene que puede usar para monetizar y cuáles son las operaciones que no le conviene parar”
Un escenario de estrés para noviembre de 2026–mayo de 2027
- El escenario oficial del MEF no augura recesión: plantea un crecimiento de 3,4% tanto para 2026 como para 2027 y considera que el fenómeno de El Niño Costero se disiparía de manera gradual desde el segundo trimestre de 2027. No obstante, para fines de gestión de riesgos es posible construir un escenario más adverso que el oficial; si se considera que entre noviembre de 2026 y mayo de 2027 chocan lluvias intensas, paros exacerbados de infraestructura, daños agrícolas, enfermedades pesqueras, aumentos de precios de energía y transporte y retrasos en la inversión y el comercio, el avance observado durante ese período puede desacelerarse a un rango aproximado de 1,3% a 1,8%.
- En el mismo escenario de estrés, la inflación podría situarse temporalmente entre 3,6% y 4,2%, por encima del rango meta del BCRP, debido a choques de oferta en alimentos, transporte y servicios. Estos rangos no deben considerarse proyecciones oficiales del BCRP o del MEF, sino una hipótesis de riesgo construida para examinar la sensibilidad de la economía ante la realización simultánea de ciertos canales de impacto sobre ella.
Conclusión: prevenir es una política de crecimiento
- El mayor riesgo del fenómeno El Niño no es exclusivamante la lluvia: es la parálisis simultánea de la actividad de la producción; infraestructura, logística, empleo, exportaciones y caja empresaria. El Perú tiene todavía una base macroeconómica que permite absorber perturbaciones, aunque los límites de esa pertinente capacidad para prevenir son finitos. La elevación de las expectativas de inflación, los estrangulamientos en los sectores primarios, los déficits de infraestructura muestran una aceleración en la prevención.
- Entre noviembre de 2026 y mayo de 2027, las predicciones climáticas severas mantendrían el rango inflacionario en un contexto de 3,6% a 4,2% y el crecimiento a niveles de 1,3% a 1,8%, impactando sobre activos críticos y disfrutando de bienes de exportación tradicionales y no tradicionales. La principal lección aprendida es que invertir antes en drenajes, puentes, carreteras, defensas ribereñas, redes de agua y energía, continuidad logística y resiliencia empresaria resulta relativamente más sencillo que la de la reconstrucción posterior. Asimismo, prevenir El Niño es igual a proteger el crecimiento, la estabilidad de precios, la creación de empleo, la competitividad del país.