
Las economías y sociedades se enfrentan a un panorama global cada vez más complejo, marcado por la fragmentación geopolítica, las restricciones fiscales, el aumento del costo de vida y las interrupciones en las cadenas de suministro. Al mismo tiempo, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad y la degradación de la tierra afectan negativamente al suministro de alimentos, la disponibilidad de agua, la infraestructura, los costos sanitarios y la productividad laboral, de manera simultánea y acumulativa. Esto, a su vez, debilita el crecimiento económico, las finanzas públicas y los resultados en materia de desarrollo.
- Para las empresas, estos impactos son significativos: los activos quedan expuestos, los costos de los insumos y de los seguros aumentan, y las olas de calor obstaculizan el bienestar y la productividad de los trabajadores. Todo ello repercute en la rentabilidad y en las perspectivas de crecimiento. Estos desafíos interconectados resultan aún más difíciles de gestionar para los grupos vulnerables, lo que amplía las desigualdades y aumenta el riesgo de inestabilidad, tanto dentro de las naciones como entre ellas. Y todo esto ocurre mientras se acerca un intenso fenómeno de El Niño.
- Para cuantificar estos costos, cabe señalar que la degradación de la tierra, la desertificación y la sequía suponen para la economía mundial una pérdida estimada de 878 000 millones de dólares anuales, y se prevé que las pérdidas derivadas de las sequías aumenten hasta un 7,5 % cada año. En lo que va de siglo, los desastres relacionados con el clima han causado daños por valor de 3,6 billones de dólares, mientras que la producción agrícola anual, por un valor de 577 000 millones de dólares, se encuentra en riesgo debido a la pérdida de polinizadores. Hasta la mitad de las tierras de pastoreo del mundo están degradadas, lo que pone en peligro una sexta parte del suministro mundial de alimentos y un enorme reservorio de carbono.
- Ante la creciente tendencia global a la fragmentación geopolítica, los choques climáticos, la pérdida de biodiversidad y la degradación de la tierra, se requiere más cooperación global, no menos. Los países, las empresas y las comunidades podrán gestionar estas amenazas de manera mucho más eficaz si actúan de forma conjunta en lugar de aislada. Por ello, la cooperación impulsada por las Naciones Unidas se mantiene firme y sigue logrando avances tangibles.
El año de la «triple COP» de 2026
Las Convenciones de Río sobre el cambio climático, la biodiversidad y la desertificación se establecieron hace más de tres décadas y siguen siendo los marcos globales fundamentales para la cooperación en torno a los sistemas naturales que sustentan la prosperidad mundial. Cada dos años, los procesos coinciden de tal manera que cada Convención celebra su Conferencia de las Partes (COP) en el mismo año; es lo que se denomina un año de «triple COP».
- El año de la «triple COP» de 2026 comenzó en agosto con la 17.ª Conferencia de las Partes (COP17) de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) en Mongolia; continuó en octubre con la COP17 del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB) en Armenia; y concluirá en noviembre con la COP31 de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC) en Turquía.
- Esta coincidencia bienal representa una oportunidad para aprovechar las sinergias entre estos tres mandatos interconectados.
- Este año, las presidencias entrantes de las Convenciones de Río han incluido explícitamente las sinergias entre sus temas prioritarios, tanto dentro de sus respectivos procesos multilaterales como en su interacción con actores ajenos a las Partes, tales como gobiernos locales, empresas, inversores, centros de pensamiento, entidades filantrópicas y la sociedad civil. Y es que, si bien los gobiernos son las Partes formales de las Convenciones de Río —encargadas de negociar compromisos y establecer marcos de actuación—, la ejecución y puesta en práctica de los resultados de las COP tienen lugar en todos los sectores de la sociedad, incluidas las empresas, los inversores y los agentes innovadores.
- Las tres COP de este año cuentan con foros empresariales oficiales —el foro «Business4Land» de la COP17 de la CNULD (24 de agosto), el Foro Empresarial de la COP17 del CDB (25 de octubre) y la Cumbre de Negocios e Inversión de la COP31 de la CMNUCC (12-13 de noviembre)—, además de objetivos de participación empresarial integrados en sus prioridades temáticas.
- Este año, en particular, existe tanto la oportunidad como la necesidad de ampliar y profundizar la coordinación entre el sector público y el privado en ámbitos clave, tales como las señales políticas, las vías de inversión y los incentivos de mercado.
La oportunidad de la economía verde
- Las empresas actúan como coarquitectas de estas transiciones: escalan tecnologías, movilizan capital, adaptan cadenas de suministro, generan empleo y desarrollan capacidades, además de proporcionar productos y servicios esenciales. En concreto, la economía verde mundial ha superado los 5 billones de dólares anuales y va camino de rebasar los 7 billones de dólares para 2030; además, los ingresos procedentes de actividades verdes crecen al doble de velocidad que los ingresos convencionales.
Las empresas que generan la mayor parte de sus ingresos en mercados verdes obtienen primas en su valoración y aprovechan soluciones que abordan la naturaleza y el clima de forma integrada. Algunos ejemplos son:
1-La agroforestería optimiza la productividad de la tierra, reduce la conversión de terrenos, captura carbono y diversifica las fuentes de ingresos para agricultores y empresas agroindustriales.
2-El reciclaje de baterías puede reducir la presión sobre la extracción de minerales, recuperando materiales valiosos y apoyando la transición energética.
3-Los sistemas de gestión del agua en la industria pueden disminuir el consumo y el tratamiento de agua dulce mediante el reciclaje y la reutilización.
4-Las soluciones basadas en la naturaleza, que emplean a 60 millones de personas en todo el mundo, podrían generar 32 millones de puestos de trabajo adicionales para 2030.
5-Los mercados de carbono, en el marco del Artículo 6 del Acuerdo de París, están empezando a canalizar financiación privada hacia resultados de mitigación verificados.
6-La gestión y restauración sostenibles de los pastizales fortalecen las cadenas de valor de alimentos, fibras y ganadería, al tiempo que mejoran la seguridad hídrica, la conservación de la biodiversidad, la resiliencia climática y la productividad a largo plazo.
7-Incorporar la resiliencia frente a la sequía en los sistemas alimentarios —desde variedades de semillas resilientes hasta una gestión más inteligente del agua— ayuda a salvaguardar las cosechas, los ingresos de los agricultores, los medios de vida de las comunidades y las cadenas de suministro alimentario frente a sequías cada vez más frecuentes y graves.
Sin embargo, las inversiones perjudiciales para la naturaleza siguen superando a las inversiones positivas para la naturaleza en una proporción de 30 a 1. En 2023, el sector privado destinó 4,9 billones de dólares a actividades que afectan negativamente a la naturaleza, frente a solo 23 000 millones de dólares destinados a soluciones basadas en la naturaleza.
- Este año, marcado por la celebración de tres conferencias COP, ofrece oportunidades cruciales para cambiar el rumbo. Integración transversal en los gabinetes gubernamentales y la alta dirección empresarial.
La dirección a seguir es cada vez más clara.
- Los países están incorporando consideraciones ambientales en sus estrategias industriales y marcos regulatorios. Mecanismos innovadores, como el Fondo de Cali (Cali Fund) y el Mecanismo de Inversión para la Resiliencia ante la Sequía (Drought Resilience Investment Facility), están dando paso a una nueva era de financiación destinada al clima, la biodiversidad y la resiliencia frente a la sequía. Los enfoques que abarcan toda la economía están integrando las cuestiones relativas al clima, la biodiversidad y la tierra en todas las facetas de la formulación de políticas.
- El reciente reconocimiento, por parte de los líderes del G7, de que la sequía y la degradación de la tierra actúan como multiplicadores de riesgos para la paz y la seguridad, refleja una creciente comprensión de que el deterioro ambiental condiciona la estabilidad económica, los mercados y el entorno operativo de las empresas.
- En consecuencia, los gobiernos eficaces ya no abordan las acciones relacionadas con el clima, la tierra y la biodiversidad de forma aislada; por el contrario, las integran en diversas carteras ministeriales, como las de energía, salud, infraestructura, empleo y finanzas. Son conscientes de que la ciudadanía percibe los costes de la inacción en su vida cotidiana. Asimismo, escuchan a los líderes empresariales hablar de las enormes oportunidades que brindan las transiciones económicas globales en curso hacia la energía limpia, la circularidad y la valoración del capital natural.
No obstante, es necesario que los gobiernos reciban, de manera más constante y directa, información por parte de un sector empresarial comprometido sobre los grandes beneficios que están al alcance, así como sobre los elevados costes que pueden —y deben— evitarse. Aún existen muchas oportunidades desaprovechadas o inviables debido a políticas incoherentes, señales de inversión poco claras y una persistente falta de concienciación.
- Del mismo modo, dado que las cuestiones climáticas, de biodiversidad y de uso de la tierra influyen cada vez más en el desempeño corporativo, las empresas más exitosas no consideran estos temas como una responsabilidad exclusiva de los directores de sostenibilidad, sino como un eje central del negocio en todas sus áreas, con indicadores de desempeño vinculados a la remuneración y a la rendición de cuentas. Esta tendencia se está consolidando en empresas líderes, y resulta evidente que más compañías deberían adoptar esta práctica.
- El año 2026, marcado por la celebración de tres conferencias de las partes (COP), brindará a las empresas la oportunidad de aprender, participar, alinear esfuerzos y sumarse al movimiento global que busca pasar de la ambición a la acción. En Ulán Bator (Mongolia), las empresas pueden participar a través de Business4Land, una plataforma del sector privado que ayuda a las compañías a integrar la restauración de tierras, la inversión en suelos saludables y la resiliencia frente a la sequía en sus operaciones y cadenas de valor, contribuyendo así a la restauración de 1500 millones de hectáreas de tierras degradadas para 2030.
- En Ereván (Armenia), el objetivo es involucrar a todos los actores —incluidas las empresas— para acelerar la implementación del Marco Mundial de la Biodiversidad, con miras a alcanzar las metas globales fijadas para 2030 y los objetivos globales previstos para 2050, bajo la visión de un mundo que vive en armonía con la naturaleza. Por su parte, en Antalya (Turquía), la agenda sobre adaptación, financiación y agricultura que impulsarán las Partes ofrece una nueva oportunidad para transformar la ambición en acciones concretas.
En una época marcada por la división y la inestabilidad, la acción en favor del clima, la naturaleza y la tierra puede convertirse en una agenda común para la resiliencia, la competitividad y la prosperidad; siempre y cuando los gobiernos y las empresas aprovechen el año 2026 no solo para negociar compromisos, sino también para cocrear los mercados, marcos normativos, instituciones y alianzas necesarios para hacerlos realidad.