
Por: César Novoa Chávez
CEO de Noza Investment Company
La ciberseguridad se ha consolidado como uno de los riesgos más relevantes para el sistema microfinanciero peruano. Los ataques digitales evolucionan con rapidez y generan impactos directos en la continuidad operativa, la reputación institucional y la confianza del cliente. En un entorno donde la transformación digital avanza sin pausa, proteger la información será uno de los principales desafíos del 2026.
- En los últimos años, los incidentes cibernéticos han aumentado de forma consistente. Entre los más comunes se encuentran el phishing avanzado, el robo de datos, el ransomware y la suplantación de identidad. Aunque muchas entidades pequeñas consideran que no son un objetivo atractivo, los ciberdelincuentes suelen concentrarse precisamente en organizaciones con defensas limitadas.
- La digitalización acelerada del sector ha ampliado la superficie de exposición. La adopción de créditos online, trámites remotos y aplicaciones móviles ha impulsado la inclusión financiera, pero también ha generado nuevas vulnerabilidades. Un caso reciente en una cooperativa regional demostró que un proveedor sin actualizaciones de seguridad puede convertirse en la puerta de entrada para un ataque que paraliza operaciones y afecta la marca.
- El uso de inteligencia artificial ha cambiado completamente el panorama de la ciberseguridad. Hoy es posible replicar voces, crear correos idénticos a los institucionales y automatizar ataques complejos en cuestión de segundos. La detección manual ya no es suficiente. Las instituciones deben adoptar herramientas capaces de identificar patrones anómalos en tiempo real y responder con velocidad.
Otro reto crítico es la gestión de datos sensibles. Las instituciones financieras almacenan información cada vez más valiosa: historiales crediticios, registros digitales, datos biométricos y documentación contractual. Sin embargo, no todas cuentan con un inventario actualizado de sus activos informativos, lo que dificulta definir prioridades de protección y aumenta la exposición a brechas de seguridad.
La continuidad operativa será un factor determinante en 2026. Varias entidades aún no han actualizado sus planes de contingencia ni realizado pruebas de recuperación. En algunos casos, las copias de seguridad no están encriptadas o no se ejecutan simulaciones reales ante incidentes. Un ataque puede detener servicios esenciales durante horas o días, afectando directamente la confianza del cliente.
- La seguridad debe dejar de verse como un costo y entenderse como un pilar estratégico. En un mercado donde los usuarios migran con rapidez hacia canales digitales, la confianza se convierte en un diferenciador clave. Una institución que adopta buenas prácticas de ciberseguridad proyecta solidez, responsabilidad y capacidad de gestión, elementos fundamentales para competir en un entorno financiero cada vez más digital.
- Frente a este escenario, las instituciones deben adoptar cinco prioridades para el 2026:invertir en ciberseguridad en función del riesgo real, capacitar a todo el personal, elevar estándares de evaluación para proveedores tecnológicos, incorporar inteligencia artificial defensiva y actualizar los planes de continuidad operativa con pruebas periódicas.
- La ciberseguridad ya no es una opción; es una condición indispensable para la sostenibilidad del sector. Las entidades que actúen con anticipación estarán mejor preparadas para proteger la información, asegurar la continuidad de sus servicios y fortalecer la confianza de sus clientes en un entorno digital que cambia constantemente.
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