
Por: César Novoa Chávez
CEO de Noza Investment Company
- Los castigos de cartera son uno de los procesos más relevantes en la gestión del riesgo crediticio dentro de las instituciones financieras. A pesar de su impacto directo en los estados financieros, aún existe confusión sobre qué significan, cómo se aplican y por qué son esenciales para reflejar la verdadera calidad del portafolio.
- En términos simples, un castigo de cartera ocurre cuando una entidad financiera reconoce que un crédito es irrecuperable y decide retirarlo de sus cuentas por cobrar. Esto no significa “perdonar la deuda”, sino reclasificarla contablemente fuera del activo, porque ya no cumple con el requisito de recuperabilidad razonable.
- Los castigos no eliminan la obligación del cliente. La deuda sigue existiendo y la institución puede continuar con procesos de cobranza, ya sea a través de gestiones internas, externas o incluso mediante cobranza judicial. Sin embargo, la entidad reconoce que el crédito no debe permanecer registrado como un activo con valor económico.
- Los castigos se realizan después de un proceso de deterioro continuo. Cuando un crédito pasa por periodos prolongados de atraso —por ejemplo, más de 120, 180 o 360 días según el tipo de entidad y los criterios regulatorios— su probabilidad de recuperación disminuye de manera significativa. En este punto, la entidad aplica provisiones altas y finalmente ejecuta el castigo.
- En los estados financieros, un castigo tiene un impacto claro: reduce la cartera bruta y, en algunos casos, puede afectar resultados si las provisiones existentes no son suficientes. Por ello, mantener un sistema robusto de provisiones es clave para evitar golpes inesperados en la utilidad.
- Los castigos también sirven como un indicador de salud del portafolio. Una entidad con castigos muy altos puede estar enfrentando problemas en su originación, evaluación crediticia o gestión de cobranza. Por el contrario, castigos controlados y estables suelen reflejar políticas prudentes de riesgo y un seguimiento adecuado del cliente.
- Es importante no confundir “castigo” con “provisión”. La provisión es un monto reservado para cubrir pérdidas esperadas; el castigo es el momento en que se reconoce que la pérdida ya ocurrió. En la práctica, ambos procesos están vinculados, pero representan etapas distintas del deterioro crediticio.
- Para las Cajas Municipales, Cooperativas y entidades de microfinanzas, los castigos son parte natural de la operación. La clave está en medirlos, explicarlos y gestionarlos de forma técnica. Un castigo bien aplicado permite depurar la cartera y mostrar cifras más realistas ante el regulador, los auditores y los inversionistas.
- Los directivos deben comprender que los castigos no son una señal de debilidad, sino un mecanismo de transparencia financiera. No castigar a tiempo puede inflar artificialmente la cartera y ocultar riesgos que luego impactarán con más fuerza en los resultados futuros. Por eso, aplicar castigos correctamente es una práctica responsable y necesaria.
- En un mercado cada vez más exigente, la calidad de cartera será un factor determinante para atraer fondeo, mejorar calificaciones internas y fortalecer la confianza del mercado. La gestión prudente de castigos será clave para sostener la credibilidad institucional durante el 2026 y los años siguientes.
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