
Artículo publicado en la edición 247 de la revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M247.pdf
Un análisis región por región de la cartera del sistema financiero entre abril 2022 y abril 2026 revela expansión en casi todo el interior del país, pero también focos de mora persistente y la caída de los créditos a microempresas.
- Cuatro años después del fin de los programas de garantía estatal implementados en la pandemia, el sistema financiero peruano presenta un balance mixto: crecimiento robusto en la cartera total, dinamismo notable en regiones históricamente rezagadas de la selva y la sierra, pero también la marca indeleble de la concentración limeña y el fantasma de una mora que, aunque en descenso, aún mantiene a Loreto, Tumbes y Ucayali en zona de alerta. A ello se añade una señal de alarma estructural: los créditos destinados a microempresas se redujeron en 28.5% a nivel nacional en el período, una contracción que sacude los pilares del modelo de inclusión financiera peruano.
- Así lo evidencia el análisis de la cartera del sistema financiero peruano entre abril de 2022 y abril de 2026, elaborado por Leobell Amacifuen Macedo, especialista en microfinanzas, a partir de datos de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS). Los números cuentan una historia de recuperación gradual que en el último año dio paso a un salto significativo: entre abril 2025 y abril 2026, la cartera total creció S/ 49,696 millones, equivalente al 12.1% en solo doce meses, el mayor avance del período.
I. El mapa del crédito: lima y el resto del país
- De cada 100 soles que el sistema financiero peruano destina a créditos, 72.7 soles van a Lima. El dato es contundente y refleja una asimetría estructural que no ha logrado ser revertida pese al dinamismo observado en las regiones del interior. En términos absolutos, Lima concentró S/ 333,880 millones en abril de 2026, frente a los S/ 290,187 millones registrados cuatro años antes, un incremento de 15.1%.
- Las regiones que siguen a Lima en el escalafón crediticio —Arequipa (S/ 16,029 millones), La Libertad (S/ 13,888 millones), Piura (S/ 10,083 millones), Junín (S/ 9,068 millones) y Lambayeque (S/ 8,671 millones)— apenas suman en conjunto el 12.6% de la cartera nacional. Es decir, las cinco principales economías regionales fuera de Lima representan menos de la quinta parte de lo que concentra la capital.
- “La distribución geográfica de los créditos totales revela una marcada concentración en Lima Metropolitana, región que absorbió S/ 333,880 millones en abril de 2026, equivalente al 72.7% de la cartera total del sistema”, señala el especialista en su análisis.
- Lima concentra la mayor parte de la actividad económica formal, los centros corporativos y los hogares de mayores ingresos, factores que refuerzan de manera persistente su posición dominante en la demanda crediticia, añade.
- Arequipa, segunda economía regional del país, sustenta su posición en la actividad minera, comercial y de servicios, con una estructura financiera más diversificada respecto a otras regiones andinas. Sin embargo, aun siendo la segunda plaza crediticia fuera de Lima, su cartera representa apenas el 3.5% del total nacional, un tercero de la brecha que separa a la capital del resto del país.
“Las regiones amazónicas que históricamente estuvieron rezagadas en inclusión financiera muestran hoy las tasas de crecimiento más altas del sistema. Amazonas creció 57% y Loreto 52% en cuatro años”
II. Las estrellas del crecimiento: la selva lidera en ritmo
- Si el análisis por volumen absoluto pinta un cuadro dominado por Lima, el análisis de tasas de crecimiento relativo revela una historia diferente: las regiones que más crecieron en cuatro años son precisamente aquellas históricamente excluidas del sistema financiero formal. Amazonas registró el mayor avance del período con un incremento del 57.0%, seguido de Loreto (52.2%), Huancavelica (51.7%) y Madre de Dios (49.5%).
- Estas regiones de la selva y ceja de selva, que parten de bases crediticias bajas, muestran señales positivas de penetración del crédito formal, impulsadas tanto por la expansión de entidades microfinancieras como por programas públicos de inclusión financiera. En el caso de Amazonas, el salto de S/ 885 millones a S/ 1,389 millones en cuatro años resulta llamativo en una región que históricamente ha tenido acceso limitado al sistema financiero.
- San Martín creció 34.0% en el período, consolidando su actividad agropecuaria —especialmente cacao, café y palma aceitera— como motor de demanda crediticia productiva. Huánuco (35.6%) y Apurímac (38.2%) también exhiben expansiones que doblan y triplican el promedio nacional, en regiones con fuerte componente de economía de subsistencia que gradualmente se formaliza. En el extremo opuesto, Callao experimentó la mayor caída del período con una contracción del 33.6%, pasando de S/ 8,525 millones a S/ 5,664 millones. Tacna (-1.9%) y Moquegua (-9.1%) también cerraron el período con saldos menores a los de 2022, reflejando dinámicas propias vinculadas a la caída de la actividad minera y los conflictos sociales que impactaron estas regiones sureñas.
¿Qué dice el especialista?
- Para Leobell Amacifuen, el sistema financiero peruano experimentó una expansión sostenida de la cartera de créditos totales durante el período analizado, pasando de S/ 400,371 millones en abril de 2022 a S/ 459,060 millones en abril de 2026 (crecimiento acumulado de 14.7% en cuatro años). Esta trayectoria refleja la resiliencia del sistema bancario y financiero en su conjunto, que logró superar los efectos rezagados de la pandemia de COVID-19 y retomar una senda expansiva pese a la volatilidad macroeconómica, la incertidumbre política interna y el entorno internacional adverso.
- El salto más significativo se registró en el último año analizado: entre abril 2025 y abril 2026, la cartera total creció en S/ 49,696 millones, equivalente al 12.1% en doce meses, evidenciando una aceleración notable en el ritmo de expansión crediticia que contrasta con los años previos.
- Las regiones amazónicas —Amazonas (+57.0%), Loreto (+52.2%), Madre de Dios (+49.5%)— y andinas como Huancavelica (+51.7%) y San Martín (+34.0%) lideran el dinamismo regional, impulsadas por la expansión de entidades microfinancieras y la penetración del crédito en economías antes excluidas.
III. La mora: el ciclo completo de deterioro y recuperación
- La tasa de morosidad promedio del sistema financiero siguió un patrón que los analistas definen como ‘ciclo completo’: deterioro progresivo entre 2022 y 2024, seguido de una recuperación sostenida en 2025 y 2026. La morosidad promedio nacional pasó de 5.82% en abril de 2022 a 7.03% en abril de 2024 —su nivel más alto del período— para luego descender a 6.03% en abril de 2025 y alcanzar 4.91% en abril de 2026, según los datos de la SBS analizados por Amacifuen Macedo.
- El deterioro registrado entre 2022 y 2024 fue generalizado, pero con diferente intensidad entre regiones. Las regiones norteñas y amazónicas mostraron los incrementos más pronunciados: Lambayeque pasó de 7.84% a 9.44%, Ucayali de 6.20% a 8.74%, y Tumbes se mantuvo en niveles críticamente elevados por encima del 9%. Moquegua experimentó el salto más dramático, pasando de apenas 3.07% en 2022 a 6.87% en 2024,posiblemente vinculado a las disrupciones en la cadena de valor minera y los conflictos sociales que afectaron la región.
- La recuperación observada entre 2024 y 2026 es alentadora, pero el propio especialista advierte que requiere una lectura matizada. “Una parte de la mejora estadística en los indicadores de morosidad puede ser atribuida al proceso de castigo de créditos irrecuperables, que reduce el numerador del ratio sin que ello implique necesariamente una mejora en la calidad real del deudor. Asimismo, el mayor dinamismo de la cartera total en 2026 diluyó mecánicamente el ratio de morosidad”, señala Amacifuen.
- Loreto es el caso más preocupante del período. Con una tasa de 7.32% en abril de 2026, es la única región que mantiene su morosidad por encima del 7% al cierre del análisis, habiendo oscilado entre 7.80% en 2022 y 8.24% en 2024 sin registrar una tendencia clara de corrección. La informalidad económica predominante en la región, la escasa diversificación productiva, la dependencia de los ciclos del comercio fluvial y la limitada presencia de garantías reales ejecutables configuran un entorno adverso para la recuperación crediticia.
- San Martín también genera atención. Con una tasa de 6.41% en abril de 2026, la región muestra que incluso en zonas productivas con vocación exportadora —cacao, café, palma aceitera— la calidad de la cartera puede deteriorarse significativamente ante shocks de precios internacionales o fenómenos climáticos adversos como el Fenómeno El Niño que impactó la costa norte y selva alta en 2023-2024.
- En el extremo positivo, Lima exhibe la morosidad más baja del sistema con 2.65% en abril de 2026, reflejo de la mayor sofisticación crediticia del mercado limeño, la presencia dominante del crédito corporativo y a medianas empresas de menor riesgo relativo, y la mayor facilidad de las entidades para ejecutar garantías y mantener procesos de cobranza eficientes. Huancavelica (3.42%), Madre de Dios (3.38%) y Apurímac (3.53%) también registran tasas contenidas al cierre del período.
¿Qué dice el especialista?
- Según Leobell, la tasa de morosidad promedio nacional siguió un patrón cíclico: deterioro progresivo entre 2022 y 2024 (de 5.82% a 7.03%), seguido de recuperación en 2025 (6.03%) y 2026 (4.91%). Esta evolución refleja la interacción de múltiples fuerzas: el agotamiento de las facilidades crediticias post-pandemia, el impacto del ciclo de endurecimiento monetario y la mejora gradual de las condiciones macro.
- Loreto es el caso más preocupante: con 7.32% en abril 2026, es la única región por encima del 7%, sin registrar tendencia clara de corrección. La informalidad económica predominante, la escasa diversificación productiva y la dependencia del comercio fluvial configuran un entorno adverso. Moquegua registró el salto más dramático del período: de 3.07% en 2022 a 6.87% en 2024, posiblemente vinculado a disrupciones en la cadena de valor minera y conflictos sociales.
- La mejora estadística debe leerse con cautela: parte se explica por castigos de cartera y por la dilución mecánica que produce el crecimiento del 12.1% de la cartera total en 2025-2026.
IV. Cae el crédito a microempresas
- Mientras la cartera total del sistema creció 14.7% entre abril de 2022 y abril de 2026, el segmento de créditos a microempresas siguió el camino inverso: una caída acumulada del 28.5%, pasando de S/ 13,398 millones a S/ 9,576 millones en el mismo período.
- La trayectoria fue paradójica: el segmento microempresarial primero creció entre 2022 y 2024 —alcanzando un pico de S/ 14,334 millones en abril de 2024— para luego experimentar un desplome del 29.7% en solo doce meses, cerrando en S/ 10,084 millones en abril de 2025. En el último año se registró una caída adicional de 5.0%, consolidando la contracción.
- La participación relativa de los créditos microempresariales en la cartera total también se deterioró de forma sostenida: mientras que en abril de 2022 representaba el 3.35% de los créditos totales, para abril de 2026 dicha participación había caído a apenas el 2.09%, mínimo histórico del período analizado.
- Lima, que concentraba la mayor cartera del segmento con S/ 3,476 millones en abril de 2022, registró la mayor caída absoluta, retrocediendo a S/ 2,291 millones en abril de 2026 (-34.1%). Junín y Cuscoregistraron caídas superiores al 30%, mientras que Puno —cuarta región en cartera microempresarial en 2022— vio reducirse sus colocaciones en un 36.9%, una de las mayores contracciones proporcionales del sistema. Solo Loreto mostró crecimiento neto en el período (+15.9%).
- “Detrás de esta contracción subyacen factores estructurales y coyunturales: el deterioro de la economía informal, la caída de los ingresos reales de los hogares, el encarecimiento del crédito durante el ciclo alcista de tasas 2022-2023 y el endurecimiento de los criterios de clasificación de deudores por parte de las entidades microfinancieras. Algunas entidades han reclasificado créditos a microempresas hacia otros segmentos, lo que podría explicar parte de la caída estadística”, explica el especialista.
- Este fenómeno requiere un análisis diferenciado entre caída efectiva del financiamiento a microempresarios y cambios en la clasificación regulatoria de los deudores. El análisis completo de lo que pasó con los créditos a la microempresa se desarrolla en la siguiente nota de esta edición de junio.
V. Balance: avances reales, brechas persistentes
- El panorama que emerge del análisis de cuatro años de crédito regional en el Perú es el de un sistema financiero que creció, pero que no logró reducir de manera significativa las brechas estructurales que lo definen desde hace décadas.
- “Lima sigue siendo el corazón y casi el cuerpo entero del sistema, con 72.7 céntimos de cada sol prestado en el país. Las regiones del interior crecen, pero parten de bases tan bajas que el dinamismo porcentual no alcanza para cerrar la brecha absoluta”, advierte Leobell. Al mismo tiempo, hay señales genuinamente positivas. El crecimiento acelerado de la cartera en el último año —12.1% entre abril 2025 y abril 2026— sugiere un ciclo expansivo que podría consolidarse si el entorno macroeconómico acompaña.
- Las regiones amazónicas que históricamente estuvieron al margen del sistema formal —Amazonas, Loreto, Madre de Dios— muestran tasas de crecimiento que, aunque aún insuficientes para equiparar el desarrollo crediticio de Lima o Arequipa, indican que la frontera de la inclusión financiera está avanzando. “La recuperación de la mora, si bien parcialmente explicada por castigos de cartera y el efecto dilución del crecimiento de la cartera total, también refleja una mejora real de las condiciones de pago de los deudores en un contexto de gradual estabilización macroeconómica”, opina.
- El descenso de la tasa de referencia del BCRP a lo largo de 2024 y 2025 alivió la presión financiera sobre hogares y empresas, contribuyendo a la reducción del ratio de morosidad en la mayoría de regiones del país.
- Según el especialista, el reto de los próximos años para el regulador, las entidades financieras y el gobierno será triple: sostener el crecimiento crediticio con inclusión genuina —no solo estadística—, vigilar de cerca los focos de mora persistente en regiones como Loreto, Tumbes y Ucayali, y revertir la tendencia de contracción del crédito microempresarial antes de que se convierta en una exclusión permanente de los sectores más dinámicos de la economía informal peruana.
- Los datos de la SBS muestran el mapa. La pregunta que queda pendiente es si los actores del sistema financiero —y quienes lo regulan— tienen la voluntad y las herramientas para cambiar la geografía del crédito peruano en los años que vienen, concluye.
“El sistema creció, pero la brecha Lima-regiones sigue siendo la característica más persistente y estructural del crédito peruano. No basta con crecer; hay que crecer donde más falta hace”