
Artículo publicado en la edición 246 de la revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M246.pdf
- Aprendí que organizarme también era ordenar mis finanzas; priorizar también era dejar de aceptar todo; y enfocarme también significaba cuidar mi energía para poder sostener un negocio de forma saludable
- No fundé RG Facilitadora de la Productividad Personal desde la estabilidad. Lo hice desde el caos. Nunca imaginé que terminaría hablando de finanzas a través de la productividad personal. Y mucho menos desde mi propia historia.
- Cuando nació mi emprendimiento, yo no atravesaba el mejor momento de mi vida. Había cansancio, miedo, ansiedad y una sensación constante de querer resolverlo todo al mismo tiempo.
- Como muchos emprendedores en el Perú, comencé haciendo de todo: responder mensajes, organizar reuniones, vender, crear contenido, apagar urgencias y tratar de sostener emocionalmente un negocio… mientras también intentaba sostenerme a mí misma.
- Fue entonces que entendí algo incómodo: el agotamiento también toma malas decisiones financieras. Porque cuando una persona vive apagando incendios, posterga pagos, mezcla cuentas personales con las del negocio, acepta trabajos desde la desesperación, no prioriza, no pone límites y termina trabajando muchísimo más de lo que realmente avanza.
En ese momento no necesitaba solo ganar dinero. Necesitaba claridad
- Recuerdo que muchas veces sentí culpa por descansar. Pensaba que emprender era estar disponible todo el tiempo. Que mientras más ocupada estaba, más productiva era. Pero no. Estaba sobreviviendo. Y sobrevivir no siempre significa crecer.
- La fractura que tuve en el pie derecho, el proceso de recuperación y todo lo que emocionalmente implicó detenerme, me obligaron a observar mi vida desde otro lugar. Ahí nació algo que no esperaba: empecé a relacionar la productividad personal con la manera en que las personas gestionan sus negocios y sus finanzas.
- Porque detrás de cada emprendimiento hay una persona. Una persona que muchas veces tiene miedo de revisar sus números, evita tomar decisiones, procrastina, se sobrecarga o simplemente no sabe cómo organizarse.
Y entendí que la productividad no era hacer más. Era aprender a decidir mejor
- Con el tiempo, mi metodología OPE —Organización, Priorización y Enfoque— también empezó a impactar en cómo veía el dinero, el trabajo y el crecimiento. Aprendí que organizarme también era ordenar mis finanzas; priorizar también era dejar de aceptar todo; y enfocarme también significaba cuidar mi energía para poder sostener un negocio de forma saludable.
- Hoy sigo aprendiendo. No escribo esto como una financista. Lo escribo como emprendedora. Como alguien que entendió que las finanzas no solo viven en un Excel o en un flujo de caja. También viven en nuestros hábitos, emociones, decisiones y nivel de claridad.
- Quizás por eso creo profundamente que la productividad personal puede convertirse en una gran aliada financiera. Porque cuando una persona logra ordenar su vida, también empieza a ordenar su negocio.