
Artículo publicado en la edición 249 de la Revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M249.pdf
El Perú tiene talento y creatividad. El futuro no se espera, se construye, y un Perú competitivo es aquel que convierte la innovación en oportunidades para todos.
- El Perú necesita volver a hablar de futuro. Hablar de futuro implica competitividad, innovación y adaptación. No basta con tener recursos naturales o fundamentos económicos sólidos; requerimos producir más y mejor, elevar la productividad y crear condiciones para que las empresas generen empleo de calidad.
- La competitividad no se construye solo desde el Gobierno, sino desde empresas, instituciones, universidades, trabajadores y emprendedores. Es un esfuerzo colectivo que exige reglas claras, inversión, educación de calidad y, sobre todo, una visión de largo plazo.
- Aunque el Perú tiene grandes ventajas, enfrentamos brechas estructurales: informalidad, baja productividad, infraestructura limitada, desigualdad en conectividad regional y la inseguridad ciudadana que golpea duramente a los pequeños empresarios y desincentiva la inversión.
- Hoy, competir significa innovar. La innovación ya no es exclusiva de las grandes corporaciones; está en las bodegas que adoptan pagos digitales, en los productores agrícolas que usan nuevas herramientas, en los emprendedores que venden por plataformas y en las empresas que aplican inteligencia artificial para optimizar su operación.
- La transformación digital está revolucionando la producción, la venta, el ahorro y el financiamiento. Representa una enorme oportunidad para las micro y pequeñas empresas, pero quienes no se adapten corren el riesgo de quedarse atrás, pues la tecnología es hoy el nuevo piso mínimo para competir.
En este proceso, las instituciones financieras tienen un rol clave. Las cajas municipales y las microfinancieras no solo deben otorgar crédito, sino facilitar la incorporación de los emprendedores a la nueva economía, permitiendo que un pequeño negocio compre tecnología, mejore procesos y amplíe sus mercados.
- La innovación financiera también transforma al sector: los canales digitales, la banca móvil y el análisis de datos acercan servicios a más personas y regiones. Sin embargo, la tecnología debe estar al servicio de las personas, siendo accesible, rápida, segura y sencilla para el usuario final. No hay competitividad sin educación. Un país competitivo necesita ciudadanos preparados para nuevos desafíos; por eso debemos fortalecer la educación técnica, promover el conocimiento digital y alinear la formación con las necesidades del mercado laboral. El talento se construye con educación.
- Debemos mirar hacia las regiones. La competitividad no puede concentrarse en Lima; cada región tiene capacidades y oportunidades que pueden ser motores de desarrollo. La descentralización económica y financiera debe fortalecerse, y el Estado debe facilitar la inversión, reducir barreras y generar condiciones para competir en igualdad.
- Competitividad e inclusión deben avanzar juntas. El crecimiento que necesitamos no es solo “más”, sino “mejor”: más productivo, con empleos de calidad, tecnología y oportunidades en cada rincón del país. El Perú tiene talento y creatividad. El futuro no se espera, se construye, y un Perú competitivo es aquel que convierte la innovación en oportunidades para todos.