
Artículo publicado en la edición 249 de la Revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M249.pdf
- El Banco Central reporta que el peruano adulto promedio realiza 2,1 pagos digitales diarios, un hito que marca el ritmo de una industria que ya prepara su siguiente salto: una plataforma inspirada en la India, dinero digital piloteado en las regiones más pobres y las primeras reglas para cuando la inteligencia artificial empiece a pagar por nosotros.
- Por primera vez en la serie histórica que lleva el Banco Central de Reserva del Perú (BCRP), el ciudadano adulto promedio superó la barrera de los dos pagos digitales por día. El llamado Indicador de Pagos Digitales (IPD) —una suerte de termómetro que suma todas las transferencias, pagos con tarjeta, cobros con QR y operaciones con dinero electrónico que se hacen en el país— llegó a 767 operaciones per cápita en los doce meses cerrados en junio de 2026. Eso equivale a 2,1 pagos digitales diarios por cada adulto peruano, frente a apenas 0,08 pagos diarios que se registraban en 2015.
- El salto no es casualidad ni el simple resultado de la pandemia que aceleró la digitalización hace unos años. Es la fotografía de una transformación profunda: la forma en que compramos, cobramos, prestamos y hasta la forma en que, en un futuro cercano, delegaremos decisiones de pago a asistentes de inteligencia artificial, está cambiando de raíz. Este informe recorre, con los datos más recientes del ente emisor, cómo se llegó hasta aquí, quiénes están ganando la carrera, qué nuevas reglas vienen y qué apuestas está haciendo el BCRP para los próximos años.
El peruano adulto promedio realizó 2,1 pagos digitales diarios entre julio de 2025 y junio de 2026, la primera vez que se supera el umbral de dos pagos por día desde que existe el indicador.
El motor detrás del boom: los pagos con número de celular
- Si hay un protagonista detrás de esta cifra récord, tiene nombre y apellido: los “pagos con alias”, es decir, esas transferencias que se hacen usando el número de celular o un código QR en lugar del número de cuenta bancaria. En el Perú, ese instrumento tiene, sobre todo, dos caras conocidas: Yape, del BCP, y Plin, la billetera que comparten BBVA, Interbank, Scotiabank y la Caja Municipal de Cusco, entre otras entidades.
- Los pagos con alias sumaron 575 operaciones per cápita en el último año, es decir, 1,6 pagos diarios por cada adulto. Hace apenas siete años, en 2019, este tipo de pago representaba solo el 2% del total de pagos digitales del país. Hoy concentra el 75%. En otras palabras: tres de cada cuatro pagos digitales que se hacen en el Perú se originan con un número de celular.
- Este fenómeno no solo explica el crecimiento agregado, sino que además está cambiando la naturaleza de las transacciones: cada vez son más numerosas, pero de menor monto. El valor promedio de un pago con alias fue de S/ 45,4 en el primer semestre de 2026, ligeramente menor a los S/ 47,5 del mismo periodo de 2025. Es la evidencia de que estos instrumentos ya compiten directamente con el efectivo en el gasto cotidiano: la propina, el mototaxi, el menú del día, la bodega de la esquina.
- Dentro de este universo, el detalle por marca confirma el liderazgo de Yape. En promedio mensual, entre enero y junio de 2026, Yape procesó 913 millones de operaciones de transferencias intrabancarias al mes (frente a 642 millones un año antes), mientras que Plin llegó a 9 millones. En los pagos inmediatos interbancarios —cuando el dinero cruza de una billetera a otra entidad distinta—, Plin lidera con 121 millones de operaciones mensuales frente a 67 millones de Yape, aunque ambas crecen a tasas de dos dígitos.
- El otro dato que confirma esta tendencia es el crecimiento de las operaciones procesadas por la Cámara de Compensación Electrónica (CCE) —la infraestructura que permite que el dinero viaje entre bancos distintos—, que subieron 93,9% en número. Esto refleja que cada vez hay más transferencias entre billeteras de bancos diferentes, gracias a la interoperabilidad, un concepto que se explica más adelante en este informe.
Cómo funciona – Interoperabilidad: la pieza que conectó a Yape con Plin
Buena parte del crecimiento descrito en este informe se explica por un concepto técnico que terminó siendo el gran habilitador de la revolución de pagos peruana: la interoperabilidad, o la capacidad de que un usuario de Yape le transfiera a uno de Plin (y viceversa) sin fricciones, como si usaran la misma aplicación. Antes de esta conexión, cada billetera era un compartimento estanco. El BCRP diseñó una estrategia por fases que hoy mueve, en promedio, 271 millones de transacciones interoperables al mes, 57,4% más que hace un año.
- La Fase 1 (Yape-Plin, desde setiembre de 2023) sigue siendo la más usada, con 176 millones de operaciones mensuales (71,2% del total).
- La Fase 2, que integra la CCE y los pagos con QR de comercios, es la de mayor dinamismo relativo: 85 millones de operaciones al mes, con un salto de 81,6% en un año.
- La Fase 3, la más pequeña (apenas 1,5% del total) pero de mayor potencial simbólico, conecta a las billeteras de dinero electrónico —como BiPay— con el resto del sistema, llevando los pagos inmediatos a personas sin cuenta bancaria: registró 10 millones de operaciones mensuales, cuatro veces más que un año atrás.
La batalla del bajo valor: transferencias, tarjetas y dinero electrónico
El grueso del crecimiento de los pagos digitales del país no ocurre en las operaciones millonarias, sino en el llamado segmento de “bajo valor”: los pagos cotidianos, frecuentes y de montos pequeños que hacen personas y empresas. Ahí compiten cinco instrumentos: las transferencias intrabancarias, los pagos inmediatos interbancarios, las transferencias de crédito, las tarjetas de pago y el dinero electrónico. Cada uno avanza a un ritmo distinto.
Transferencias interbancarias
Las transferencias dentro de una misma entidad financiera —es decir, cuando quien envía y quien recibe el dinero tienen cuenta en el mismo banco— siguen siendo el instrumento más usado: representan el 68,9% del total de pagos de bajo valor. En el primer semestre de 2026 crecieron 36,6% en número, un ritmo menor al 68,8% del mismo periodo de 2025. Esa desaceleración, lejos de ser una mala noticia, es interpretada por el propio BCRP como una señal de que el ecosistema empieza a madurar: ya no crece explosivamente porque haya cada vez más gente estrenándose en los pagos digitales, sino que se consolida entre quienes ya los usan.
El valor promedio de cada transferencia intrabancaria bajó de S/ 317 a S/ 269 en un año, lo que confirma que el uso se orienta cada vez más a montos pequeños y frecuentes, típicos del gasto diario.

Pagos inmediatos
Los llamados “pagos inmediatos” —transferencias entre bancos distintos en las que el destinatario recibe el dinero al instante y con disponibilidad las 24 horas del día, los 7 días de la semana— crecieron 48,9% en número y 33,6% en valor. Representan ya el 16,9% de los pagos de bajo valor, una participación que crece mes a mes. El detalle interesante está en cómo se procesan: la participación de la Cámara de Compensación Electrónica pasó de 21% a 26% en un año, mientras que Visa Direct —el otro canal para este tipo de pagos— retrocedió de 79% a 74%. Es una señal de que la infraestructura local (CCE) le está ganando terreno al canal internacional de las redes de tarjetas.
Tarjetas crecen
Las tarjetas de débito y crédito no se estancan —de hecho, crecieron 21,9% en número y 18,2% en valor—, pero están perdiendo peso relativo frente al avance más veloz de las billeteras digitales: pasaron de representar 13,9% del total de pagos de bajo valor a 12,3% en un año.
Dentro de este segmento, la debitocard es la protagonista: sus operaciones subieron 25,2% en número, más rápido que las de crédito (13,8%). El comercio electrónico también deja huella: las compras no presenciales con tarjeta de débito crecieron 64,4% en un año, muy por encima del promedio del rubro.
Dinero electrónico
- El instrumento que menos pesa en el sistema —apenas 1,1% del número total de pagos de bajo valor— es, paradójicamente, el que más rápido crece: las operaciones con dinero electrónico (cuentas digitales de entidades no bancarias, reguladas como Empresas Emisoras de Dinero Electrónico o EEDE) se dispararon 228% en número y 116,4% en valor en un año.
- El despegue se explica por una decisión regulatoria de agosto de 2024: el BCRP permitió que estas empresas accedieran directamente a la Cámara de Compensación Electrónica, algo que antes solo podían hacer los bancos.
- En el otro extremo está el cheque, el instrumento en franca extinción: el número de operaciones cae 6% al año, aunque paradójicamente el valor promedio por cheque sube (de S/ 32.658 a S/ 36.383), lo que sugiere que sobrevive únicamente para operaciones puntuales de montos altos, donde otros instrumentos aún no llegan.
Las billeteras digitales ya representan 75,5% de todos los pagos de bajo valor del país. El dinero electrónico, aunque todavía marginal, creció 228% en número de operaciones en solo un año, tras la apertura regulatoria de 2024.
Los pagos grandes: el sistema que mueve la economía real
- Detrás de las billeteras digitales masivas existe otro nivel del sistema de pagos, mucho menos visible pero igual de crucial: el Sistema de Liquidación Bruta en Tiempo Real (LBTR).
- Por ahí circulan las operaciones de alto valor —transferencias entre bancos, operaciones cambiarias y monetarias del propio BCRP, y la liquidación final de otros sistemas como la CCE— con una característica que lo distingue de una transferencia bancaria común: liquida en tiempo real y de forma irrevocable, sin posibilidad de deshacerse.
- En el primer semestre de 2026, el valor operado por el LBTR creció apenas 0,7% frente a 2025, muy por debajo del ritmo de los pagos minoristas, porque cayeron las operaciones “propias” de los bancos (compraventa de moneda extranjera, préstamos interbancarios).
- En cambio, las operaciones de clientes —empresas y personas que mueven pagos de alto monto— subieron 5,5% en valor y ya representan el 78,6% del número total de operaciones del sistema. El ticket promedio da una idea de la magnitud: mientras un pago con Yape promedia S/ 45, una operación del LBTR en soles promedia S/ 322.958, y en dólares, USD 42.064.
Por su importancia para la estabilidad financiera, el LBTR cuenta con un Centro Externo de Respaldo, un Centro Alterno de Operaciones y un Centro de Contingencia Extrema en Piura para escenarios de alta severidad. En mayo de 2026, el BCRP emitió además un nuevo reglamento (Circular N° 0011-2026-BCRP) que exige centros de datos duales, esquemas reforzados de contingencia para los bancos sistémicamente importantes y mayor automatización de procesos.
El nuevo mapa de reglas: el BCRP ordena un mercado que ya no es solo de bancos
- El crecimiento acelerado del ecosistema de pagos trajo consigo un problema de fondo: la llegada de decenas de actores nuevos —fintech, billeteras, procesadores de pagos, proveedores tecnológicos— que no encajaban del todo en el marco regulatorio diseñado, hace años, pensando casi exclusivamente en bancos. Para resolverlo, el BCRP construyó en el último año una arquitectura normativa completamente distinta.
- La pieza central es el Reglamento General del Sistema Nacional de Pagos (Circular N° 0022-2025-BCRP), vigente desde el 1 de abril de 2026. Funciona como una “norma marco”: fija los principios, definiciones y obligaciones comunes a todo el sistema, y a partir de ella el BCRP puede emitir reglas específicas para servicios, infraestructuras o componentes tecnológicos concretos, sin perder coherencia con el conjunto.
- Bajo ese paraguas, el BCRP ya aprobó el Reglamento del Servicio de Pagos Inmediatos con Alias (Circular N° 0017-2026-BCRP), que entrará en vigencia el 13 de setiembre de 2026. Esta norma pone reglas claras a algo que, hasta ahora, funcionaba casi de manera informal: establece que el servicio debe ser interoperable, estar disponible las 24 horas del año, operar en soles, procesarse en tiempo real y tener un tope máximo de S/ 30.000 por operación —aunque cada entidad puede fijar límites menores por razones de seguridad.
- La norma también define y regula dos figuras nuevas y hasta ahora invisibles para el usuario común: el Proveedor de Directorio, que guarda el repositorio de “alias” (los números de celular vinculados a cuentas bancarias) y el Gestor de Directorio, encargado de que ese directorio se consulte e intercambie entre distintas entidades para ubicar al destinatario correcto de un pago, aunque tenga su cuenta en un banco distinto. Ambos requieren autorización previa del Banco Central.El BCRP no se detiene ahí: ya trabaja en dos frentes regulatorios adicionales. Uno busca ordenar el “servicio de aceptación de pagos” —es decir, la actividad de las empresas que procesan los cobros de los comercios (adquirencia)—, que hoy opera sin reglas homogéneas pese a involucrar a múltiples infraestructuras. El otro apunta a estandarizar el uso de los códigos QR, tratándolos como una tecnología transversal que debería funcionar igual sin importar en qué comercio o aplicación se use.
La expansión de billeteras, fintech y nuevos proveedores obligó al BCRP a construir un marco regulatorio para un sistema de pagos que ya no está integrado exclusivamente por bancos.
Cincuenta solicitudes en cuatro meses
El impacto práctico de esta reordenación ya es visible: entre abril y julio de 2026, el BCRP recibió 49 solicitudes de autorización o registro por parte de Entidades de Servicios de Pago —el nombre que la nueva norma da a los proveedores no bancarios—, de las cuales 14 corresponden a autorizaciones (exigidas a quienes participan en sistemas o acuerdos de pago más relevantes) y 35 a registros (una vía más expeditiva, para actores de menor escala o riesgo).
El BCRP recibió 49 solicitudes de nuevas entidades de servicios de pago entre abril y julio de 2026, apenas cuatro meses después de que entrara en vigencia el nuevo Reglamento General del Sistema Nacional de Pagos.
El pulso del sistema, medido en minutos
- Para asegurar que la promesa de “inmediatez” de los pagos con alias se cumpla en la práctica, el BCRP monitorea un set de Indicadores Clave de Desempeño (ICD) que las entidades deben reportar. El de disponibilidad —que mide si las funciones de búsqueda de contactos y transferencias están operativas— se mantuvo por encima de 99% durante el primer semestre de 2026, superando ampliamente el umbral mínimo de 95%.
El indicador de tiempo de recuperación ante incidentes graves (RTO) también superó el 90% exigido, con una única caída en febrero de 2026, cuando bajó a 89,7%, aunque se recuperó rápido en los meses siguientes.
Comisiones: el usuario final paga menos, pero el margen del comercio se aprieta
- El reporte también revela un dato relevante para el bolsillo del usuario y del pequeño comercio. Para el pagador, transferir hasta S/ 500 mediante una transferencia inmediata es gratuito, ya sea por billetera digital o por la CCE. Para montos mayores, cada instrumento tiene su propio costo: la CCE cobra una comisión fija de S/ 4,80 por operación inmediata (hasta S/ 30.000) y S/ 4,30 por una diferida (hasta S/ 420.000), mientras que el LBTR, reservado para montos desde S/ 5.000, cobra una comisión fija de S/ 20, sin importar cuán grande sea la transferencia.
- En el negocio de las tarjetas, el reporte detecta una tendencia menos visible pero significativa: la tasa de descuento —la comisión total que paga el comercio por aceptar tarjetas— cayó de 2,24% a 2,02% en los últimos doce meses, mientras que la tasa de intercambio —la porción fijada por las marcas de tarjeta (Visa, Mastercard) que reciben los bancos emisores— subió ligeramente, de 1,57% a 1,59%. Como el componente que no bajó es justamente el que fijan las marcas, el resultado es un estrechamiento del margen que se quedan los adquirentes —las empresas que procesan el cobro para el comercio—, una compresión que fue más intensa en el canal presencial y en el sector farmacias, donde la comisión cayó de 2,60% a 1,88%.
“Hace siete años, en 2019, los pagos con alias representaba solo el 2% del total de pagos digitales del país. Hoy concentra el 75%. Es decir: tres de cada cuatro pagos digitales que se hacen en el Perú se originan con un número de celular”
La apuesta más ambiciosa: una “superapp” de pagos inspirada en la India
En paralelo a todo lo anterior, el BCRP construye lo que podría convertirse en su proyecto más disruptivo de la década: una infraestructura de pagos llamada TAPP (Transferencias Automáticas de Pagos Peruanos), inspirada en el modelo indio UPI (Unified Payments Interface), la plataforma que en pocos años convirtió a la India en el mercado de pagos instantáneos más grande del mundo. El proyecto nació en junio de 2024, cuando el BCRP firmó un acuerdo con el Banco de Reserva de la India (RBI) y la Corporación Nacional de Pagos de la India (NPCI) —administradora de UPI— para adaptar ese modelo a la realidad peruana.

- Su componente más novedoso es lo que el BCRP llama “iniciación de pagos”: la posibilidad de que un usuario, desde una sola aplicación, vincule cuentas de distintos bancos, cajas o billeteras, y elija desde cuál pagar en cada momento —algo que hoy no existe, porque cada app solo maneja cuentas de su propia entidad. En la práctica, separa “guardar el dinero” (que seguirá en manos de bancos y financieras) de “pagar”, función que podrán ofrecer nuevas aplicaciones, más parecidas a un Yape universal que a un canal exclusivo de un solo banco.
- Veinte entidades, entre financieras y no financieras —desde el BCP (con Yape), Interbank, BBVA y el Banco de la Nación hasta Niubiz, Izipay y Bitel—, ya trabajan en tres grupos escalonados para incorporarse a la plataforma. El proyecto completó su primera fase de adaptación del modelo indio y se encuentra en la etapa final de la segunda, con un entorno de prueba (“sandbox”) en desarrollo. Las conexiones reales arrancan en el tercer trimestre de 2026, y el piloto controlado antes del lanzamiento al público está previsto para diciembre de 2026.
El experimento del dinero digital: llevar la billetera del Estado a las zonas más pobres
Desde octubre de 2024, el BCRP mantiene en marcha un piloto de dinero digital —una suerte de moneda emitida por el propio Banco Central, distinta al efectivo físico y a las billeteras privadas— cuyo objetivo no es reemplazar al sol en papel, sino generar evidencia para diseñar políticas públicas que amplíen el acceso a los pagos digitales en las regiones con menor bancarización del país.
- El vehículo elegido para el piloto es BiPay, la billetera digital de la operadora Bitel, que opera bajo un esquema cerrado —es decir, todavía no interoperable con el resto del sistema—, lo que hace más notable el avance registrado: entre octubre de 2024 y junio de 2026, la base de usuarios de BiPay pasó de 805.100 a más de 5,2 millones de personas, un crecimiento de 548% en poco menos de dos años.
- El dato más relevante, sin embargo, está en el foco geográfico del piloto: en las ocho regiones del país identificadas como de baja bancarización —aquellas donde, según la Encuesta Nacional de Hogares (ENAHO) de 2022, menos del 45% de la población adulta tenía una cuenta bancaria—, los usuarios de BiPay se multiplicaron de 202.500 a 1,3 millones, un salto de 553,6%. Hoy, esos 1,3 millones de usuarios equivalen a más de un tercio (33,8%) de toda la población adulta de esas ocho regiones.
- Más importante aún que el número de usuarios registrados es cuántos de ellos realmente usan la billetera: los llamados “usuarios activos” —quienes hacen al menos un pago o una transferencia al mes— pasaron de 31.300 a 355.700 a nivel nacional (+1.036%), y de 6.500 a 80.200 en las ocho regiones priorizadas (+1.138%). El promedio diario de transacciones nacional subió de 16.600 a 58.300 (+251%), mientras que en esas regiones el salto fue de 4.800 a 17.800 transacciones diarias (+269%), un ritmo incluso más rápido que el promedio del país.
- El saldo total registrado en la Cuenta Agregada de Dinero Digital del BCRP —el respaldo de todo el dinero digital emitido en el piloto— llegó a S/ 12,24 millones a junio de 2026, un incremento acumulado de 199,9% desde octubre de 2024.
- Con estos resultados sobre la mesa, la empresa participante solicitó en enero de 2026 extender el piloto, algo que el BCRP aprobó por hasta un año adicional. En paralelo, BiPay ya obtuvo de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP (SBS) la licencia de organización como Empresa Emisora de Dinero Electrónico, el paso previo indispensable para operar de forma permanente una vez que el piloto —que tiene un plazo máximo de dos años— llegue a su fin.
El piloto de dinero digital busca ampliar el acceso a los pagos electrónicos en regiones con menor bancarización y convertir el celular en una puerta de entrada al sistema financiero.
La foto completa: quién adoptó los pagos digitales y quién todavía se resiste
- Los resultados confirman el salto: la proporción de peruanos bancarizados que paga digitalmente subió de 20% a 57% en siete años, mientras que quienes compran exclusivamente con efectivo cayó de 70% a 43%.
- Pero el avance no se limita a cuántas personas se suman, sino también a cuánto usan estos medios quienes ya los adoptaron: el número promedio de categorías de gasto que una persona paga digitalmente —desde el pasaje hasta el alquiler— subió de 3,7 a 4,7 entre 2018 y 2025.
- En 2018, la mayoría de las personas pagaba digitalmente una sola categoría de gasto; en 2025, la mayoría ya paga siete.
- El detalle por categoría de gasto es revelador: los mayores avances se dieron en los rubros de bajo monto y alta frecuencia —servicios de vivienda (+38,7 puntos porcentuales), alimentos preparados para consumir (+32,5 puntos) y alimentos de pan llevar (+30,1 puntos)—, justamente donde la llegada de las billeteras digitales redujo los costos de aceptar pagos digitales para los negocios más pequeños.
En el otro extremo, bienes de compra esporádica y mayor monto, como electrodomésticos (+9,1 puntos) y muebles (+12,8 puntos), avanzan más lento: siguen ligados al efectivo, al financiamiento propio de la tienda o a las tarjetas de crédito.
Las brechas que persisten
El estudio también deja en evidencia que, si bien la brecha de género prácticamente desapareció —57,6% de los hombres bancarizados y 56,3% de las mujeres pagan digitalmente en 2025, frente a 21,8% y 19% en 2018—, otras brechas se mantienen o incluso se ampliaron en términos absolutos.
- La adopción llega a 70,5% entre quienes tienen educación universitaria, pero apenas a 26,6% entre quienes solo cursaron primaria.
- En el ámbito urbano, la adopción es de 60,2%, frente a 32,3% en el ámbito rural: una diferencia de 27,9 puntos porcentuales, más amplia que los 21,1 puntos que separaban a ambos grupos en 2018, pese a que la población rural multiplicó por diecisiete su nivel de adopción en ese periodo (de 1,9% a 32,3%).
- Por edad, la adopción es mayor entre los adultos de 25 a 40 años (65,7%) y cae fuertemente entre los mayores de 65 años (17,4%), el segmento que, previsiblemente, enfrenta más resistencia al cambio tecnológico.
El mapa regional que construye el BCRP agrupa a los departamentos en cuatro categorías: los que combinan alta adopción y alto uso intensivo (La Libertad, Callao, Moquegua, Lima, Áncash y Piura); los de alta adopción pero uso todavía poco intensivo (Ica, Arequipa, Tacna, Ucayali, Junín y Tumbes); y un grupo de trece regiones que están por debajo del promedio nacional en ambas dimensiones, donde el reto es doble: sumar más usuarios y, al mismo tiempo, lograr que usen más los pagos digitales una vez que se suman.
El capítulo más futurista del reporte del BCRP no describe algo que ya ocurre en el Perú, sino algo que el propio Banco Central empieza a estudiar antes de que llegue: los llamados “pagos agénticos”, en los que la decisión de iniciar una transacción ya no la toma directamente una persona, sino un agente de inteligencia artificial que actúa en su representación, siguiendo un objetivo que el usuario definió de antemano.
- El BCRP pone un ejemplo sencillo para entenderlo: encargarle a un asistente de IA que busque y compre el pasaje de avión más barato para una fecha determinada, dentro de ciertos límites de precio, horario o aerolínea, sin que la persona tenga que revisar cada opción ni confirmar cada paso. La clave de todo el modelo es lo que el reporte llama el “mandato”: el conjunto de reglas que el usuario le da al agente —montos máximos, comercios permitidos, plazos, o los casos en que se necesita una confirmación adicional— y que actúa como una especie de correa de seguridad para que la inteligencia artificial no se salga de control.
- El reporte explica que un pago tradicional tiene tres capas: la intención (qué quiere pagar la persona), la autorización (validar que el pago cumple las reglas) y la liquidación (el movimiento final del dinero). En un pago agéntico, la novedad está en la primera capa: el agente de inteligencia artificial es quien traduce el mandato general del usuario en la intención específica de cada transacción, mientras que las etapas de autorización y liquidación siguen funcionando con las mismas reglas verificables y deterministas de siempre —es decir, no delegan en la IA la parte más sensible del proceso, donde no puede haber margen de error o de “improvisación” del algoritmo.
- Para blindar este modelo, el sector privado ya trabaja en tres frentes: restringir el instrumento de pago que usa el agente mediante tokens o credenciales de uso limitado (por monto, comercio y vigencia); autenticar de forma verificable la identidad del propio agente de IA; y estandarizar cómo se comunican entre sí el agente, el comercio y los proveedores de pago.
El Banco Central identifica, a partir del análisis de organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco de Pagos Internacionales, tres desafíos regulatorios centrales para cuando este tipo de pagos empiece a masificarse: verificar la identidad y el mandato del agente —lo que supone pasar del tradicional “conozca a su cliente” a un futuro “conozca a su agente”—; definir de quién es la responsabilidad cuando algo sale mal, ya sea del usuario, del desarrollador del agente, del proveedor de pago o del comercio; y garantizar que, sin importar qué tan impredecible pueda ser el comportamiento de una inteligencia artificial, la liquidación final del dinero siga siendo firme e irreversible.
Perú mira a Asia: el proyecto que busca conectar los pagos entre países
El último frente que aborda el reporte del BCRP no mira hacia adentro, sino hacia afuera: cómo conectar el sistema de pagos peruano con el de otros países, algo que hoy sigue siendo lento, caro y poco transparente en comparación con lo rápido y barato que se ha vuelto pagar dentro de las fronteras nacionales.
- La apuesta internacional se llama Proyecto Nexus, desarrollado originalmente por el Centro de Innovación del Banco de Pagos Internacionales (BIS) con la participación de los bancos centrales de Indonesia, Malasia, Filipinas, Singapur y Tailandia. En 2025, el proyecto pasó a manos de una nueva entidad sin fines de lucro con sede en Singapur, Nexus Global Payments (NGP), que ahora integra también al banco central de la India, con el objetivo de escalar el modelo más allá del sudeste asiático.
- La idea de fondo es simple mostrada en un dibujo, aunque compleja de implementar: en lugar de que cada país tenga que construir una conexión distinta y bilateral con cada uno de sus socios comerciales —lo que dispara los costos y la complejidad—, cada sistema de pagos instantáneos doméstico se conecta una sola vez a una plataforma común, y desde ahí puede llegar a todos los demás países conectados a esa misma red.
- Para América Latina, el primer paso ya se dio: el Fondo Latinoamericano de Reservas (FLAR) firmó en febrero de 2026 un memorando de entendimiento con Nexus Global Payments, que abre una etapa exploratoria para evaluar si los sistemas de pago de la región —entre ellos el peruano— tienen las condiciones técnicas, operativas y regulatorias necesarias para conectarse eventualmente a esta red.
De concretarse, remesas, pagos entre personas y compras de comercio electrónico transfronterizo podrían volverse tan rápidas y baratas como hoy lo es transferir dinero entre un usuario de Yape y otro de Plin.
El balance: una carrera que recién empieza
El reporte del BCRP deja una conclusión que atraviesa cada uno de sus capítulos: el sistema de pagos peruano dejó de ser un tema exclusivo de bancos y se convirtió en un ecosistema donde compiten y colaboran billeteras digitales, procesadores fintech, emisores de dinero electrónico y, pronto, hasta agentes de inteligencia artificial.

- El salto a 2,1 pagos digitales diarios por adulto es, a la vez, un punto de llegada y uno de partida: confirma que el hábito de pagar con el celular ya es mayoritario entre los peruanos bancarizados, pero también expone que persisten brechas importantes —rurales, generacionales, educativas— que ninguna billetera resolverá por sí sola.
- Con TAPP, el piloto de dinero digital y la nueva arquitectura regulatoria avanzando en paralelo, el año 2026 quedará marcado, muy probablemente, como el momento en que el Banco Central de Reserva del Perú dejó de limitarse a vigilar el sistema de pagos y empezó a diseñar, de forma activa, cómo se va a pagar en el país durante la próxima década.