
Artículo publicado en la edición 249 de la Revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M249.pdf
“No existe una herramienta que domine todo el proceso de inversión. La verdadera ventaja está en saber cuál utilizar, para qué tarea y en qué momento”
- Cada vez que dicto una clase sobre inversiones con inteligencia artificial aparece la misma pregunta: “Profesor, si tuviera que elegir una sola, ¿cuál es la mejor IA para invertir?”. Después de revisar ChatGPT, Claude, Gemini, Copilot y Grok, muchos esperan encontrar una ganadora clara.
- Pero probablemente sea la pregunta equivocada. Es como entrar a una mesa de inversiones y preguntar quién es más importante: el analista fundamental, el especialista en riesgos, el economista o el gestor del portafolio. Cada uno cumple una función distinta. Con la IA ocurre lo mismo: no existe una única “mejor herramienta”, sino varias que funcionan mejor cuando se usan como un equipo.
- Todo comienza con la búsqueda de señales. Antes de analizar una empresa necesitamos saber dónde mirar: qué acción gana atención, qué narrativa crece o si existe algún catalizador aún no incorporado en el precio. Grok puede ayudar a seguir conversaciones en X y detectar cambios de sentimiento, mientras Gemini y ChatGPT permiten explorar noticias, tendencias sectoriales y eventos macroeconómicos.
- Pero una señal todavía no es una inversión. Que una compañía se vuelva popular solo indica que merece ser estudiada. Allí comienza el research: ChatGPT y Gemini pueden construir rápidamente un mapa inicial del negocio, sus competidores, resultados, riesgos y contexto macroeconómico.
Cuando es necesario revisar estados financieros, prospectos, contratos o reportes regulatorios extensos, Claude puede aportar mayor profundidad, cruzando documentos, detectando inconsistencias e identificando preguntas relevantes para una due diligence.
- Después llega la valorización. ChatGPT y Claude pueden apoyar en modelos financieros, múltiplos, proyecciones de flujos y escenarios. Copilot, por su parte, resulta útil dentro de Microsoft 365 para tareas de organización, formato y fórmulas básicas.
- Sin embargo, la IA no puede decidir cuál es el supuesto correcto. Puede calcular qué ocurre si las ventas crecen 15% o proyectar un margen mayor, pero corresponde al analista determinar si esos escenarios son sostenibles y si existe realmente un margen de seguridad. La tecnología acelera el cálculo; el juicio sigue siendo humano.
- Luego viene la tesis de inversión. Ya no se trata de acumular información, sino de conectar calidad del negocio, posición competitiva, valorización, riesgos y catalizadores. ChatGPT puede actuar como orquestador; Claude, como una segunda capa de análisis; y Copilot, como apoyo para presentar las conclusiones.
- Y el trabajo no termina con la compra. Los agentes de IA pueden monitorear resultados, noticias, cambios en clasificaciones de riesgo, movimientos atípicos y publicaciones regulatorias. Lo importante no es recibir más alertas, sino preguntarse si la nueva información modifica la tesis original.
Existe, además, una condición indispensable: ninguna IA reemplaza una fuente financiera confiable. Bloomberg, LSEG, FactSet o S&P Capital IQ ofrecen información especializada, aunque con un costo significativo.
- Para quienes trabajan con presupuestos menores, Macrotrends o Yahoo Finance pueden servir como punto de partida. En el mercado peruano, las cifras relevantes deben contrastarse con estados financieros, hechos de importancia y memorias publicados por la SMV, la BVL y las propias compañías.
- Por eso, cuando mis alumnos vuelven a preguntarme qué herramienta elegir, la respuesta es simple: no busquen una IA ganadora. Construyan un buen equipo.
- Grok puede ser el radar; ChatGPT, el orquestador; Claude, el analista profundo; y Copilot, el brazo operativo. Pero el inversionista debe seguir siendo quien valida los datos, cuestiona los supuestos y toma la decisión final. La tecnología puede acelerar el proceso; el criterio seguirá determinando el resultado.