
Artículo publicado en la edición 247 de la revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M247.pdf
- Lima recupera el primer lugar del Índice de Competitividad Regional (INCORE) 2026, pero el hallazgo más revelador de la nueva edición no está en la capital: está en el sur del país, la macrorregión más competitiva del Perú desde hace una década y, a la vez, la que concentra los peores indicadores de seguridad ciudadana, gestión pública paralizada y descontento político con el modelo económico que la hizo próspera.
- Cada año, cuando el Instituto Peruano de Economía (IPE) presenta el Índice de Competitividad Regional (INCORE), la conversación pública tiende a organizarse alrededor de una sola pregunta: ¿quién ganó? Este año la respuesta —Lima Metropolitana y Callao, que desplazan a Moquegua tras tres años— dominará los titulares. Es una respuesta legítima, pero incompleta. Detrás del cambio de primer lugar hay una historia más incómoda y, para efectos de política pública, mucho más urgente: la de un sur peruano que lleva una década ganando el índice y perdiendo, al mismo tiempo, la batalla por la seguridad, la ejecución de obras y la legitimidad del modelo que sostiene su propio liderazgo.
Microfinanzas revisó a fondo la decimocuarta edición del INCORE —42 indicadores agrupados en seis pilares, aplicados a las 25 regiones del país— y encontró que ese contraste, más que el nuevo primer puesto de Lima, es el dato que debería ocupar la agenda de alcaldes, gobernadores regionales y candidatos presidenciales de cara a 2026.
1. El titular obvio: Lima vuelve a ser la número uno
- Empecemos por lo esperable. Lima Metropolitana y Callao (que el INCORE trata como una sola unidad, “Lima*”) recuperan el primer lugar del ranking general con un puntaje de 7.5 sobre 10, apenas por encima de los 7.5 de Moquegua —la diferencia se decide en decimales no redondeados— y desplazando a la región minera que había liderado el índice los últimos tres años. Es la primera vez desde 2022 que la capital vuelve a ocupar el primer puesto.
- El motivo, según el propio IPE, no es una mejora generalizada sino un avance puntual: Lima ascendió del cuarto al tercer lugar en el pilar Laboral gracias al aumento de la formalidad y a una mejora en la brecha de género en ingresos. Ese solo movimiento bastó para inclinar la balanza, porque la capital ya dominaba de forma consolidada los pilares de Infraestructura y Educación, donde ocupa el primer puesto por undécimo y séptimo año consecutivo, respectivamente.
- Pero el propio informe se encarga de matizar el triunfo. Lima llega al primer lugar arrastrando el problema más visible de la competitividad peruana: la seguridad. Casi un tercio de la población limeña de 15 años a más —28%, por encima del promedio nacional de 25.3%— fue víctima de algún hecho delictivo en el último año, y la proporción de comisarías en buen estado en la capital cayó de 60% en 2019 a menos de 30% en la actualidad. Ganar el índice general no equivale a resolver los problemas que ese mismo índice mide.
2. La paradoja del sur: el podio de la competitividad y el sótano de la gobernanza
- Aquí está, a juicio de esta redacción, el hallazgo que otros medios pasarán por alto al centrarse en el cambio de primer lugar: desde que el IPE comenzó a medir el INCORE, la macrorregión sur —Arequipa, Tacna, Moquegua, Cusco, Puno, Ica— ha ocupado sistemáticamente los primeros lugares del índice general, impulsada por su capital humano, la minería y una mejor provisión de servicios básicos que el resto del país. Arequipa lleva seis años consecutivos en el tercer puesto; Tacna e Ica conservan el cuarto y quinto lugar. Es, en el papel, la región modelo del Perú.
- Y, sin embargo, ese mismo bloque de regiones exhibe algunos de los peores indicadores de institucionalidad y seguridad del país. Arequipa, Puno y Cusco encabezan la victimización delictiva a nivel nacional —33.5%, 31.7% y 31.5% de la población urbana, respectivamente, todas por encima del promedio de 25.3%—. Puno, además, cierra en el último lugar el pilar Instituciones por segundo año consecutivo. Moquegua, la región que perdió el primer puesto general, lo perdió específicamente porque su pilar Institucional se deterioró más que el de cualquier otra región del país, a causa del aumento de la delincuencia.
- Roger Valencia, del Instituto Cusqueño de Economía, lo planteó sin rodeos durante la presentación del índice: a pesar de liderar la competitividad, el sur del Perú suele votar en contra del modelo económico que sostiene ese liderazgo, lo que sugiere una fractura social de fondo. Su ejemplo más contundente fue Cusco: la región ha recibido 32,000 millones de soles por canon en los últimos 20 años, pero mantiene 12,000 millones de soles atados a proyectos de inversión paralizados —lo que él mismo llamó “momias”— que no generan ningún beneficio para la población.
Arequipa: la fuerza laboral más educada del país, con la peor infraestructura escolar
- El caso de Arequipa, narrado por Manuel Bedregal del IPE Arequipa durante la presentación, ilustra la misma tensión a escala regional. Arequipa tiene la fuerza laboral más educada del Perú —34% de sus trabajadores cuenta con educación superior— y ocupa el primer puesto nacional en continuidad del servicio de agua potable, con 23 horas de servicio al día.
- Al mismo tiempo, el 80% de su infraestructura escolar necesita intervención y, según Bedregal, el 60% de los niños arequipeños no entiende lo que lee, a pesar de contar con maestros calificados.
- “La regionalización en Arequipa ha sido un fracaso en términos de producción de valor y de mejora de vida para la población desde 2013, año desde el cual la región no ha logrado culminar ningún proyecto de gran envergadura impulsado por el gobierno regional”, advierte Bedregal.
EL DATO QUE RESUME LA PARADOJA
- S/ 12,000 millones de ese monto están atrapados en proyectos de inversión pública paralizados (“momias”), según el Instituto Cusqueño de Economía.
- 33.5% de victimización delictiva en Arequipa, la cifra más alta del país junto con Puno (31.7%).
- S/ 32,000 millones recibidos por canon en Cusco en 20 años.
- Puno: último lugar nacional en el pilar Instituciones por segundo año consecutivo.
- Moquegua perdió el primer puesto del índice general por el deterioro de su pilar institucional, no por un retroceso económico.
3. El pilar que nadie quiere liderar: instituciones
- Si hay un pilar que explica por qué el sur triunfa y, a la vez, arde, es el de Instituciones —el que mide confianza en la gestión pública, seguridad ciudadana e infraestructura policial—. Es, según el propio cálculo del IPE, el pilar que menos contribuye a la competitividad promedio del país, con apenas 4.6 puntos de 10, muy por debajo de Salud (6.3) e Infraestructura (6.0).
- El deterioro es generalizado y no distingue entre regiones ricas y pobres. En 16 de las 25 regiones del país, menos del 20% de la población considera que la gestión de su gobierno regional es buena o muy buena; hace una década, esa situación se registraba en apenas dos regiones. A nivel nacional, una de cada cuatro personas de zonas urbanas fue víctima de un hecho delictivo en el último año, y solo un tercio de las comisarías del país se encuentra en buen estado. En regiones como Madre de Dios, ninguna comisaría cumple ese estándar.
- Tacna encabeza el pilar por primera vez en la historia del índice, principalmente porque fue la única región que no registró conflictos sociales activos en 2025 y porque redujo su tasa de victimización de 31.3% a 26.2%. Pero el patrón regional es revelador: de las diez regiones con peor desempeño institucional, seis pertenecen a la sierra sur y centro-sur —Puno, Ayacucho, Apurímac, Huancavelica, Junín y Cajamarca—, precisamente el corredor que, en paralelo, concentra buena parte del canon minero del país.
La descentralización, 24 años después, no está resolviendo lo que prometió
- El propio informe conecta este malestar institucional con el diagnóstico más incómodo de todo el INCORE 2026: la descentralización, iniciada en 2002, no está cumpliendo el objetivo para el que fue diseñada, que era acercar la toma de decisiones a la gente y, con ello, resolver con mayor eficacia los problemas de política pública en cada territorio. Las brechas entre la región mejor y peor posicionada en indicadores clave —logro educativo en matemáticas, acceso a agua con cloro, uso de internet— siguen siendo tan amplias como al inicio del proceso.
- El problema, insiste el IPE, no es la falta de dinero. Es la gestión. El propio caso de Cusco —32,000 millones de soles recibidos por canon frente a 12,000 millones inmovilizados en obras paralizadas— es la prueba más clara de que la disponibilidad de recursos no garantiza resultados. A ello se suma un problema de diseño: el gobierno nacional, los gobiernos regionales y las municipalidades ejecutan con frecuencia el mismo tipo de obra en el mismo territorio, sin coordinación, lo que destruye valor y deja proyectos inconclusos.
4. La crisis silenciosa que el dinero no resuelve: la anemia infantil
- Si la inseguridad es el síntoma más visible del malestar del sur, la anemia infantil es su versión menos visible pero más costosa a largo plazo. El promedio nacional de anemia en niños de 6 a 35 meses llegó a 34.9% en 2025 —bajo la nueva directriz de medición de la OMS de 2024—, por encima del nivel prepandemia de 31.4% registrado en 2019.
- Veinte de las 25 regiones del país tienen hoy niveles de anemia superiores a los de 2019, es decir, seis años después de la pandemia, la mayor parte del país sigue sin recuperar el terreno perdido. Puno, la región más golpeada, registra 56.1% de anemia infantil: más de uno de cada dos niños. Le siguen Loreto (45.6%) y Madre de Dios (44.5%). El dato más inquietante, sin embargo, es el de Arequipa: la región con la fuerza laboral más educada del país y presupuestos de salud crecientes ha visto, según lo señalado en la presentación del índice, un aumento de su anemia infantil a pesar del mayor gasto público en el sector.
- El dinero, otra vez, no es garantía de resultado si la gestión territorial falla. La explicación técnica del IPE conecta la anemia con el pilar de Infraestructura: el acceso a agua sin niveles adecuados de cloro residual provoca enfermedades diarreicas que anulan la efectividad de los suplementos de hierro. A nivel nacional, solo cuatro de cada diez peruanos cuentan con agua con niveles adecuados de cloro, y esa brecha es especialmente grave en regiones del norte como Lambayeque y Piura, donde la cobertura de agua seguro no supera el 10%.
Loreto: once años en el último lugar
- En el otro extremo del país, sin ningún matiz de paradoja, Loreto continúa como la región menos competitiva del Perú, un lugar que ocupa de forma ininterrumpida desde 2016. Su puntaje general apenas mejoró de 3.4 a 3.6 puntos este año. La región ocupa el último lugar en 14 de los 42 indicadores del INCORE y el último o penúltimo en otros diez. En Educación, apenas 6% de los estudiantes de cuarto de primaria logra un rendimiento satisfactorio en matemáticas y solo 12% de sus locales educativos tiene acceso a agua. En Salud, uno de cada cinco niños presenta desnutrición crónica.
Contraejemplo positivo: San Martín
- En medio de un panorama nacional adverso, San Martín es una de las pocas regiones que logró reducir su anemia infantil por debajo de los niveles de 2019. La estrategia, según el reporte, fue multisectorial: el gobierno regional articuló su intervención con las 52 municipalidades de la región, demostrando que la gestión coordinada —no solo el presupuesto— puede revertir el problema.
5. Lo que sí funciona: la relación entre inversión, competitividad y pobreza
- No todo el informe es un catálogo de fracasos de gestión. El INCORE 2026 confirma, con datos duros, una relación que el propio Instituto Peruano de Economía viene documentando desde hace años: la inversión privada sostenida es, hasta ahora, el mecanismo más efectivo para traducir crecimiento económico en reducción de pobreza.
- Entre 2005 y 2014 —la década de mayor auge de la inversión privada en el Perú, con tasas de crecimiento de doble dígito— la pobreza cayó de cerca de 55% a 25% de la población, a un ritmo de 3.5 puntos porcentuales por año. En la década siguiente, con un crecimiento de la inversión sensiblemente menor, la reducción de la pobreza se estancó e incluso retrocedió en algunos años. El gráfico 12 del informe, que cruza la variación del puntaje del INCORE con la variación de la pobreza monetaria en 2025, muestra el patrón con claridad: Tacna y Junín, la primera y cuarta región con mayor caída de la pobreza el año pasado, están también entre las de mayor avance en el índice de competitividad.
- Apurímac es, quizás, el caso más ilustrativo de este vínculo. La expansión del sector minero en la última década ha impulsado no solo su entorno económico, sino también indicadores de salud, vacunación infantil y logros educativos, lo que la sitúa entre las regiones con mayor mejora relativa de los últimos años, junto con Pasco.
El espejo: Tumbes, Huancavelica y Cusco
- El mismo gráfico expone el contraejemplo. Tumbes, Huancavelica y Cusco estuvieron entre las regiones con menor incremento en el puntaje del INCORE 2026 y, simultáneamente, entre las cinco con mayor aumento de la pobreza en 2025. Tumbes, de hecho, es la región que más retrocedió en el ranking general este año —del puesto 13 al 16—, arrastrada por la caída en la resolución de expedientes judiciales y por tener, por cuarto año consecutivo, el gobierno regional con menor aprobación ciudadana del país: solo 4.8% de su población considera que la gestión es buena o muy buena.
6. Una fotografía que casi no cambia: diez años del mismo podio
- Uno de los datos menos comentados del INCORE, y quizás uno de los más importantes para entender el fracaso relativo de la descentralización, es la extrema rigidez del ranking en el tiempo. Desde 2016, Lima y Moquegua se han turnado el primer y segundo lugar del índice general; Arequipa lleva seis años consecutivos en el tercer puesto; Tacna e Ica mantienen el cuarto y quinto lugar. En el otro extremo, Loreto ocupa el último puesto desde 2016 sin interrupción, y Ucayali lleva seis años en el penúltimo lugar.
- La brecha entre la región más y la menos competitiva sí se ha reducido, aunque de forma marginal: de 4.6 puntos en 2016 a 4.0 puntos en la actualidad.
- Ese avance se explica sobre todo por mejoras puntuales en regiones como Apurímac, impulsada por la minería, y Pasco, no por una transformación generalizada del mapa de competitividad del país.
- Esta persistencia tiene una lectura incómoda: si el diseño institucional de la descentralización realmente estuviera funcionando, cabría esperar una mayor movilidad en el ranking, con regiones rezagadas capitalizando la autonomía y los recursos transferidos para cerrar la brecha con las líderes. Que el mapa de 2016 sea, en sus líneas generales, el mismo mapa de 2026, sugiere que los determinantes estructurales —capital humano heredado, geografía, presencia de minería— siguen pesando más que las decisiones de política regional tomadas en los últimos diez años.
Cómo se mide el INCORE
- El Índice de Competitividad Regional (INCORE), elaborado por el Instituto Peruano de Economía desde hace 14 años, define la competitividad como la capacidad de las regiones para aprovechar sus recursos, aumentar su productividad y generar bienestar —incluida la reducción de la pobreza— en su población.
- El índice agrupa 42 indicadores en seis pilares: Entorno Económico, Laboral, Infraestructura, Salud, Educación e Instituciones.
- Cada indicador se normaliza en una escala de 0 a 10, donde 0 representa el menor puntaje histórico registrado para ese indicador y 10 el mayor, lo que permite comparar tanto entre regiones como en el tiempo. Los indicadores normalizados se agregan primero en un puntaje por pilar y luego se promedian para obtener el índice general. Para la edición 2026 no hubo cambios estructurales en la metodología, aunque se afinó el cálculo del desabastecimiento de medicamentos —ahora centrado en fármacos vitales y esenciales— y se mantuvo el criterio de priorizar los indicadores de educación básica sobre la superior, bajo la premisa de que el Estado debe garantizar primero una formación inicial de calidad mínima.
8. Lo que el próximo gobierno regional debería leer primero
- Si el INCORE 2026 tuviera que resumirse en una sola idea para quienes disputarán gobiernos regionales y municipales en los próximos procesos electorales, no sería “Lima volvió a ser la número uno”. Sería esta: en el Perú de 2026, ser la región más competitiva del país ya no es garantía de gobernabilidad, y tener más dinero disponible —vía canon, transferencias o presupuesto de salud— ya no es garantía de mejores resultados si la gestión territorial no se corrige.
- El propio informe ofrece, en sus datos, una hoja de ruta implícita para revertir esa brecha entre competitividad y gobernanza. En seguridad ciudadana, priorizar la recuperación de infraestructura policial —hoy solo un tercio de las comisarías del país está en buen estado— y fortalecer la capacidad de resolución de expedientes judiciales, uno de los indicadores donde más regiones retrocedieron este año. En salud, replicar el modelo de coordinación multisectorial que permitió a San Martín reducir su anemia infantil por debajo de los niveles prepandemia, en lugar de limitarse a incrementar presupuestos que, como muestra el caso de Arequipa, no garantizan por sí solos mejores resultados.
- Y, sobre todo, resolver el problema de ejecución que revela el caso de Cusco: no hay indicador del INCORE que mejore transfiriendo más dinero a un gobierno subnacional si una parte sustancial de esos recursos permanece, año tras año, en obras paralizadas. La descentralización peruana cumplió 24 años en 2026. El INCORE de este año sugiere que su próxima etapa no debería medirse en soles transferidos, sino en proyectos culminados.