
Artículo publicado en la edición 250 de la Revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M250.pdf
“En la actualidad, si un joven peruano recién logra acceder a un crédito a los 35 o 40 años, terminará de pagar su vivienda rondando los 60 o 65 años, justo al borde del retiro. (…) Esto significa que la ventana para acumular otros activos, construir un fondo de emergencia o financiar la educación de la siguiente generación se reduce al mínimo”
- Es algo que me pregunto ya desde hace mucho tiempo atrás. ¿Por qué la brecha entre el costo de la vivienda y el poder adquisitivo real ha transformado la independización en un privilegio inalcanzable, amenazando las pensiones de los padres y el futuro financiero de los jóvenes?
- En el papel, la juventud profesional peruana de hoy parece más próspera que la de hace unas décadas. Hay más acceso a educación superior, los sueldos nominales son numéricamente más altos que los de hace 30 años y la oferta bancaria es más sofisticada. Sin embargo, en la práctica nos enfrentamos a una cruda paradoja: ganamos más, pero compramos muchísimo menos.
- En el Perú actual, la independización no se ha pospuesto por una cuestión de actitud o comodidad; se ha vuelto un problema estrictamente matemático. La edad promedio en la que un peruano logra salir de la casa de sus padres ronda entre los 29 y los 30 años —una de las cifras más tardías de América Latina—. Mientras los salarios suben a cuenta gotas y pierden poder adquisitivo real frente a la inflación, el precio del metro cuadrado y las exigencias del mercado inmobiliario han subido por el ascensor.
Hace unas décadas, las generaciones anteriores (Baby Boomers y Generación X) podían adquirir un terreno o una vivienda propia con el esfuerzo de un sueldo promedio de entrada. Hoy, aunque la cifra en la boleta de pago sea mayor, la capacidad real de compra se ha desplomado. El ritmo al que se han encarecido las propiedades urbanas sobrepasa por varios múltiplos el crecimiento de las remuneraciones en el país.
- El resultado es una barrera de entrada implacable. Las entidades financieras exigen cada vez más requisitos, tasas de interés restrictivas y niveles de ingresos que la inmensa mayoría de los jóvenes no alcanza. Las cifras hablan por sí solas:
- 70% de los peruanos entre 23 y 37 años continúa viviendo en la casa de sus padres o familiares.
- Solo el 12% de los jóvenes logra adquirir una vivienda propia mediante compra directiva o crédito hipotecario.
- De mantenerse este desfase entre remuneraciones y precio del metro cuadro, ese pequeño 12% corre el riesgo de reducirse a un solo dígito en la próxima década, convirtiendo la propiedad en un lujo exclusivo.
Ante la imposibilidad de alquilar a precios de mercado o comprar un inmueble propio, la alternativa obligada para la mayoría ha sido la densidad familiar. Más del 60% de los jóvenes que intenta independizarse termina construyendo un piso en la casa de sus padres o suegros, mientras que un 61.5% ocupa viviendas heredadas o ampliadas dentro del predio familiar.
- A simple vista, esto parece una solución inteligente, pero en el fondo representa un “subsidio invisible” con un costo devastador para la economía del hogar. Para mantener a sus hijos adultos bajo su techo —o financiar las construcciones en la azotea—, los padres destinan ingresos que deberían estar redirigiendo hacia sus años de retiro.
- En un país con un sistema de pensiones estructuralmente frágil, privar a los padres de acumular patrimonio e inversiones durante sus últimos años de vida laboral es una bomba de tiempo. Los padres llegan a la vejez en situación de vulnerabilidad financiera por haber financiado la adultez de sus hijos. Irónicamente, se genera un círculo vicioso: en unos años, esos mismos hijos, que apenas pueden sostenerse a sí mismos, tendrán que asumir el costo económico total de mantener a sus padres jubilados sin fondos. Algo que es una locura y que se parece a algo sacado de una película distópica.
El retraso forzado de la emancipación comprime peligrosamente el cronograma financiero de las personas
- Años atrás, adquirir una propiedad entre los 23 y 28 años permitía pagar un crédito hipotecario a 20 años y llegar a los 50 libre de deudas, con una década entera para ahorrar agresivamente de cara a la jubilación. En la actualidad, si un joven peruano recién logra acceder a un crédito a los 35 o 40 años, terminará de pagar su vivienda rondando los 60 o 65 años, justo al borde del retiro. Ojo, viendo los avances de la IA podría estar ya rondando los 55 años, siendo optimistas.
- Esto significa que la ventana para acumular otros activos, construir un fondo de emergencia o financiar la educación de la siguiente generación se reduce al mínimo. El joven no solo entra tarde al mercado patrimonial, sino que pasa prácticamente toda su vida laboral pagando la casa que tardó media vida en conseguir.
Un futuro comprometido para dos generaciones
- El hecho de que independizarse a los 30 años – o más – se haya normalizado en el Perú no es un fenómeno sociológico casual; es el síntoma directo de un mercado donde la capacidad de compra se ha deteriorado gravemente frente al costo del suelo.
- “Si no se implementan políticas públicas de fondo —como incentivos reales para el alquiler asequible, subsidios enfáticos para la primera vivienda joven, mejor planificación urbana y un crecimiento que recupere el salario real—, el país enfrentará una crisis de dos frentes: una generación de adultos mayores sin ahorros por haber sostenido a sus hijos, y una generación de jóvenes que llegará a la vejez pagando su primera hipoteca. Sin tocar aún el drama de las pensiones”