
Artículo publicado en la edición 248 de la Revista Microfinanzas
https://statuscomunicaciones.pe/microfinanzas/M248.pdf
El valor de un director no está en su experiencia, sino en su capacidad para cuestionar, deliberar y decidir con independencia. En entornos complejos, su principal aporte es ayudar al directorio a pensar mejor y construir decisiones más lúcidas antes de que el deterioro se convierta en crisis.
- Un director que crea valor no se define únicamente por su experiencia, sus conocimientos técnicos o el prestigio de su trayectoria. Se distingue, sobre todo, por su capacidad para contribuir a que el directorio comprenda mejor los problemas, delibere con independencia y construya decisiones de mayor calidad.
La calidad de las decisiones define el valor
- Las organizaciones crean, protegen o destruyen valor a través de las decisiones que toman; sin embargo, la calidad de esas decisiones no depende únicamente de la estrategia, de la información disponible o de la experiencia individual de quienes participan. Depende, principalmente, de cómo se analiza la información, se contrastan las perspectivas y se construye la decisión.
- En ese proceso, el directorio desempeña un papel fundamental. No porque deba sustituir a la gerencia ni involucrarse en la administración cotidiana, sino porque le corresponde orientar las decisiones estratégicas, supervisar la gestión, evaluar los riesgos relevantes y exigir la información necesaria para deliberar con independencia y criterio.
Esta función adquiere particular importancia en organizaciones que operan en entornos complejos, altamente competitivos o sometidos a cambios tecnológicos, financieros, sociales y regulatorios. Las decisiones sobre crecimiento, inversión, financiamiento, transformación digital, estructura de costos o ingreso a nuevos mercados pueden producir efectos que solo se hacen plenamente visibles después de varios meses o años.
- Las organizaciones rara vez fracasan como consecuencia de una única gran decisión equivocada. Con mayor frecuencia, el deterioro comienza antes: en pequeñas decisiones que, acumuladas en el tiempo, debilitan su capacidad para anticipar riesgos, responder a los cambios del entorno y proteger el valor construido.
- Muchas crisis empresariales estuvieron precedidas por señales tempranas que no fueron interpretadas adecuadamente: resultados que comenzaron a deteriorarse, riesgos minimizados, explicaciones gerenciales aceptadas sin suficiente contraste, decisiones postergadas, exceso de confianza o una deliberación insuficiente.
El conocimiento es indispensable, pero no suficiente
- La formación de directores ha fortalecido significativamente las competencias en gobierno corporativo, estrategia, finanzas, auditoría, sostenibilidad, cumplimiento y gestión de riesgos. Todos estos conocimientos son indispensables para ejercer responsablemente la función. Sin embargo, conocer las mejores prácticas o comprender los estados financieros no garantiza, por sí solo, la calidad de las decisiones.
Las decisiones que definen el futuro de una organización rara vez se adoptan en condiciones ideales. Normalmente se toman con información incompleta, presión de tiempo, intereses contrapuestos, escenarios inciertos y consecuencias difíciles de estimar. En esas circunstancias, el desafío deja de ser exclusivamente técnico y se convierte, principalmente, en un ejercicio de juicio.
- El valor de un director no radica únicamente en lo que sabe, sino en cómo utiliza ese conocimiento para enriquecer la deliberación, cuestionar supuestos, identificar inconsistencias, interpretar información crítica y ayudar al directorio a construir mejores decisiones.
- Un director puede tener una amplia experiencia profesional y, sin embargo, aportar poco si se limita a escuchar las presentaciones de la gerencia, revisar los documentos y aprobar las propuestas planteadas. También puede formular numerosas preguntas sin contribuir realmente a una mejor decisión, si sus intervenciones no ayudan a comprender el problema, evaluar alternativas o identificar los riesgos relevantes.
Fortalecer el juicio colectivo
Los directorios existen porque las decisiones más importantes de una organización no deberían depender de una sola persona. Su verdadero valor reside en reunir conocimientos, experiencias y perspectivas diferentes, y transformarlos en un juicio colectivo superior al juicio individual de cualquiera de sus integrantes.
- Para ello, no basta con disponer de abundante información. El directorio debe distinguir la información relevante de la accesoria, comprender lo que los indicadores muestran y también lo que podrían estar ocultando, analizar los supuestos que sostienen una propuesta y evaluar qué ocurriría si esos supuestos no se cumplen.
- Una buena deliberación no consiste en generar confrontaciones innecesarias ni en desconfiar permanentemente de la gerencia. Consiste en crear un espacio en el que las propuestas sean examinadas con rigor, las discrepancias puedan expresarse con libertad y las decisiones se adopten después de evaluar sus beneficios, riesgos y consecuencias.
Esto requiere independencia de criterio. Un director independiente no es solamente quien cumple determinados requisitos formales. Es, principalmente, quien conserva la capacidad de pensar, preguntar y decidir sin quedar condicionado por la opinión del accionista, del gerente general, del presidente del directorio o de la mayoría.
Decidir antes de que la crisis sea evidente
- Uno de los principales aportes del directorio consiste en reconocer el deterioro antes de que se convierta en crisis. Cuando los problemas ya son evidentes, las alternativas suelen ser menores, los costos más elevados y el tiempo disponible más reducido.
- El crecimiento de las ventas, de la cartera de clientes o de las operaciones puede ser una buena noticia, pero también puede ocultar una reducción de márgenes, una relajación de los criterios de evaluación, una concentración excesiva o una capacidad operativa insuficiente.
- El problema también puede presentarse en sentido contrario. Un directorio que no analiza por qué la organización ha dejado de crecer, pierde clientes, reduce su participación de mercado o se distancia de sus competidores puede terminar aceptando pasivamente un deterioro que, con el tiempo, se vuelve estructural.
La responsabilidad del directorio no es promover el crecimiento a cualquier costo ni adoptar una posición excesivamente conservadora. Es comprender las causas y la calidad del crecimiento —o de su ausencia—, evaluar su sostenibilidad y verificar que la organización cuente con las capacidades, los recursos y los controles necesarios.

- Una empresa puede destruir valor por asumir riesgos excesivos, pero también por no asumir oportunamente los riesgos necesarios para innovar, invertir o adaptarse. La inacción, la complacencia y el temor a decidir pueden ser tan perjudiciales como una expansión desordenada
- Crear valor implica asumir riesgos. La responsabilidad del directorio es comprenderlos, determinar si son consistentes con la estrategia y las capacidades de la organización, y evaluar si existe una relación razonable entre el riesgo asumido y el valor que se espera generar.
- Al final, la principal contribución de un director no consiste simplemente en aprobar o rechazar propuestas. Consiste en ayudar a que el directorio comprenda mejor, piense mejor y decida mejor. Eso es lo que distingue a un director que crea y protege valor.